En una esquina del tercer piso de la vivienda que colapsó la madrugada del martes 3 de febrero en el barrio Roma, en la localidad de Kennedy, aún se distingue entre los escombros la figura semidestruida de la virgen de Santa Marta que coronaba la fachada. La imagen permanece inclinada, sostenida por fragmentos de concreto y madera, como uno de los pocos rastros visibles de la casa que durante años albergó a cinco familias.
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Entre los restos de la estructura de tres pisos permanece Lucy, una gata de tres años que no alcanzó a salir a tiempo y que, según sus dueños, continúa escondida entre tejas y muros caídos. Desde que ocurrió el derrumbe, Ximena Rivera, su propietaria, se niega a abandonar el frente del predio. Permanece allí, a la espera de poder recuperarla, pese al riesgo latente que aún rodea la edificación colapsada.
La búsqueda ha sido compleja. El acceso a la vivienda está restringido por el peligro de nuevos desprendimientos, lo que ha impedido cualquier intento de rescate. Entre sollozos, llamados infructuosos y aullidos lejanos, Ximena ha pasado largas horas con la mirada fija en lo que hasta hace poco fue su casa, esperando alguna señal.
Los hechos
Todo comenzó con una fuga de gas. “La mamá del dueño de la casa nos golpeó la puerta el lunes muy temprano porque había un olor a gas tremendo en toda la cuadra. Si no nos despierta, fácilmente nos hubiéramos podido intoxicar”, relata Adriana Cifuentes, integrante de una de las familias que vivían en el inmueble.
Ante la emergencia, los residentes solicitaron la atención de Vanti. Según el testimonio, el personal técnico atendió la fuga y dio un parte de tranquilidad, aunque ya se advertía un hueco en el suelo, justo en el punto donde horas después la estructura empezó a ceder. “Llamamos también al Acueducto. Les insistimos en que teníamos miedo de que la casa tuviera daños por filtraciones que habíamos denunciado meses antes. Revisaron si había grietas y, como en ese momento no eran tan evidentes, nos dijeron que no pasaba nada y se fueron”, añade Cifuentes.
Con el paso de las horas, la situación se agravó. Los habitantes notaron un desnivel inusual en la vivienda. Al intentar sacar una motocicleta del garaje, se dieron cuenta de que la puerta ya no cerraba por el movimiento de la estructura. Fue entonces cuando decidieron evacuar por su cuenta. “Si nos hubiéramos quedado esperando a que alguna autoridad nos diera un parte de riesgo, la casa simplemente se nos hubiera venido encima”, afirma.
La evacuación fue precipitada. Cuando el colapso ya parecía inminente, apenas hubo tiempo para sacar a algunos animales y alejarse. “La casa primero se hundió de un lado y poco a poco empezó a derrumbarse”, recuerda Ximena Rivera. Tras 15 años de construir su vida en ese lugar, aun no comprende cómo todo cambió en minutos. Dentro quedaron su taller de costura, su ropa, sus herramientas de trabajo y Lucy, su gata, que se asustó y no logró salir. “Sabemos que está ahí, entre los escombros. Solo esperamos que se pueda hacer algo pronto”, dice.
Las alertas previas
Según el testimonio de Rivera, las señales de deterioro en el terreno no eran nuevas. La primera alerta formal ante la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá se realizó el 25 de julio de 2025, cuando los residentes detectaron un hundimiento progresivo en la vía, justo a la altura de una alcantarilla ubicada frente a la vivienda.
De acuerdo con su relato, en varias ocasiones personal del Acueducto acudió al lugar, pero las intervenciones se limitaron a inspecciones sencillas y rellenos temporales del terreno. “Venían, miraban, rellenaban y decían que no se veía nada”, señala. En ningún momento, asegura, se emitió una advertencia sobre un posible riesgo estructural ni se recomendó evacuar el inmueble.
El hundimiento persistía y reaparecía con el paso del tiempo. Ante la ausencia de una solución definitiva, algunos vecinos optaron por rellenar el desnivel por su cuenta. “Siempre se hundía en el mismo punto”, afirma Rivera.
Tras el colapso de la vivienda, añade, la respuesta institucional se ha concentrado en los estudios técnicos posteriores, pero hasta ahora no se les ha informado si el daño pudo haberse evitado ni cuál habría sido el papel de la infraestructura del acueducto en la formación del socavón. “Nos dicen que hay que esperar a que hagan un diagnóstico, pero no nos han dicho nada sobre la casa ni sobre qué va a pasar con nosotros”, sostiene.
Un vecino del sector asegura que las filtraciones se concentraban precisamente en la esquina de la vivienda que colapsó y que el problema no era reciente. Según relata, desde hace cerca de ocho años se venían presentando hundimientos y arreglos parciales en ese punto, sin que se ejecutara una intervención de fondo. Explica que la casa se inclinó hacia el lado donde estaba el hueco y que el mayor riesgo ahora es el “coletazo” estructural sobre el predio contiguo, debido a las columnas que comparten ambos inmuebles. También señala que, cuando llueve, las aguas se concentran en ese sector, al punto de que la vía se enlaguna y el flujo de aguas lluvias termina descargando allí. A su juicio, los daños no respondían a una falla propia de la vivienda, que incluso había sido reforzada años atrás, sino a un problema prolongado de filtraciones subterráneas que solo fue atendido cuando el colapso ya era inevitable.
Las respuestas
En un comunicado emitido el 4 de febrero, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) informó que, desde el momento en que recibió el reporte del incidente, ha estado presente en la zona con su equipo operativo y social, y que trabaja de manera coordinada con los organismos de emergencia del Distrito en el Puesto de Mando Unificado (PMU).
La entidad señaló que adelanta una investigación técnica para determinar la posible causa del daño estructural de la vivienda. Como parte de las primeras inspecciones, el personal revisó las redes públicas de acueducto y alcantarillado del sector, donde se identificaron una tubería de acueducto, una red sanitaria local y una red de alcantarillado pluvial.
Durante la verificación, la EAAB localizó una tubería sanitaria que, de manera preliminar, podría estar recibiendo las aguas residuales domiciliarias del sector. No obstante, aclaró que, debido a la ausencia de cajas de inspección visibles y a los altos niveles de agua en la red, no ha sido posible evaluarla completamente.
Según la empresa, la red pluvial troncal se encuentra en buen estado; “la red de acueducto presenta un único daño que aún está en evaluación, mientras que la red sanitaria sigue pendiente de una inspección integral”. Hasta tanto no concluyan estos análisis, la EAAB indicó que no es posible establecer la causa del incidente.
Entre tanto, las autoridades de la localidad ordenaron la evacuación preventiva de 14 predios —toda la manzana—, cinco de ellos, los más cercanos a la casa de Ximena, con restricción estricta de uso. En total, 28 familias, conformadas por 84 personas, fueron caracterizadas como población afectada. La Secretaría de Integración Social, el IDIGER y la Alcaldía Local de Kennedy activaron ayudas humanitarias y acompañamiento para el acceso a subsidios de arrendamiento.
Mientras el puesto de mando unificado permanece activo y se esperan los resultados definitivos de la investigación técnica, Ximena Rivera, Adriana Cifuentes y su hermana Katerine, continúan en la acera, frente a los escombros, sin respuestas claras sobre el futuro de su vivienda y con la mirada puesta en el interior de la estructura colapsada, entre los vestigios de los muebles de una habitación destruida revuelta de ropa, zapatos y fragmentos de techo, pared, donde aún esperan recuperar a Lucy.
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