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Los habitantes del barrio La Florida, en el municipio de Soacha, por estos días se han resignado a vivir entre los lodazales que quedan después de cada aguacero. Ni los muros de contención que han construido a la entrada de sus viviendas, ni mucho menos las medidas de precaución que han tomado —como subir el nivel de las camas con ladrillos— han impedido que la temporada invernal acabe con sus pocas pertenencias.
Los aguaceros han sido tan inclementes que en las casas de La Florida los vecinos taponan los desagües e inodoros con sábanas para que las aguas negras no se sigan rebosando. “Los niños pequeños no dejan de llorar por la humedad. Los adultos mayores se quejan de dolor en los huesos. Todo está mojado y lo peor es que las lluvias no cesan. Pronto comenzarán a presentarse los brotes en la piel por las infecciones. Ya hay varias personas con enfermedades respiratorias”, decía ayer Mónica Isaza, personera delegada para el Medio Ambiente del municipio.
En la noche del martes el agua llegó hasta los 90 centímetros por encima del nivel del piso. La reparación de una vía del barrio ha hecho mucho más difícil la situación, ya que los escombros cubren las alcantarillas impidiendo la evacuación del agua. Según doña Clelia Jiménez, residente del barrio desde hace 35 años, este invierno es el peor que ha tenido que vivir.
El miércoles en la tarde el gobernador de Cundinamarca, Andrés González, llegó hasta el lugar. Aseguró que ante la gravedad de la situación se implementará un plan de choque que incluye ayudas humanitarias y alimentarias, además de algunos subsidios de vivienda y de arriendo para trasladar a las mujeres y los niños. “En Cundinamarca las zonas más afectadas por el invierno son Soacha, con 300 familias, y Mosquera con 200”, dijo. Por lo pronto lo único que pueden hacer los habitantes de La Florida es, como dice la canción, “ver llover”.