El telón vuelve a caer sobre Bogotá. Las compañías de teatro y artes escénicas más importantes del mundo se han dado cita en la capital con 100 obras: 44 bogotanas, 30 colombianas y 27 de 18 países. Un encuentro de esta magnitud no se daba en el país, una Semana Santa, desde el desenlace del Festival Iberoamericano de Teatro que, por décadas, puso a la ciudad y a Colombia en el mapa escénico global. Pero el FIAV no es una reminiscencia del pasado sino el comienzo de otra era, la de una “nueva gobernanza” en las artes escénicas. Una gobernanza detrás de la cual hay ocho mujeres.
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Desde múltiples orillas institucionales, el equipo de mujeres que hizo posible la segunda edición del festival comparte una misma experiencia: la de haber vivido el auge, la caída y ahora el intento de reconstrucción de un festival que marcó a toda una generación. Ahora, el gallo que se convirtió en el logo del FIAV, representa, cuentan las curadoras, el comienzo que marca su canto en las mañanas.
María Claudia Parias, directora de Idartes, hace parte de los comités creados para dar vida a un nuevo festival que partiera de lo que quedó después de las 17 ediciones del Festival Iberoamericano de Teatro, creado en 1988 por Fanny Mickey y cuya última edición se realizó en 2022 luego de 34 años de historia.
A pesar de que Bogotá realmente nunca se bajó se las tablas, pues en octubre 2024 se realizó la primera edición del FIAV, asegurar la continuidad, calidad y pertinencia de la nueva propuesta, es el principal reto que han asumido las ocho integrantes de los comités. De ahí que, como explica Parias, el nuevo festival no tenga un único origen: “No es como que alguien se lo haya inventado. Se lo inventó el tiempo, la ciudad, el público, los gestores culturales”.
“Nosotras conocemos el hueco y el vacío que dejaba el Iberoamericano. En la ciudad, en su economía, en la proyección artística, en la conversación cultural. Entonces, cuando se dice ‘vamos a hacerlo’, más allá de la plata, está la pasión, el corazón y el conocimiento de cada una como gestora cultural para poder lograrlo”, resume Maira Salamanca, directora de Artes del Ministerio de las Culturas.
El FIAV no intenta replicar el modelo del pasado. Se sostiene sobre una estructura compartida entre Nación, Distrito y sector privado con la Cámara de Comercio, con una operación que pasa por entidades como Cocrea y decisiones que se toman en comités curatoriales y técnicos. “Es una nueva gobernanza múltiple”, dice Parias.
Desde la Secretaría de Cultura, Ana María Boada, subsecretaria de gobernanza, señala que otra de las tareas es gestionar los COP 11.000 millones que cuesta esta nueva edición: “desde mi área nos encargamos de ordenar el gasto, de que todo funcione jurídicamente, de que la contratación, la producción y las comunicaciones estén alineadas. Es un engranaje muy grande”.
Otra de las apuestas centrales del FIAV es la descentralización. “Queríamos que el festival tuviera presencia en la Red Nacional de Teatros Públicos y en otros espacios del país”, explica Xiomara Suescún, del Centro Nacional de las Artes. Eso se traduce en una programación que amplía la participación nacional: 30 agrupaciones de distintas regiones, con presencia del Caribe, el Eje Cafetero, Boyacá, Santander y el suroccidente del país.
También implica abrir el concepto de escena: desde obras tradicionales hasta rituales escénicos, como el caso de propuestas del pueblo wayúu a Rusia, y joyas como Hewa Rwanda: carta a los ausentes, obra teatral que propone un viaje íntimo hacia la memoria del genocidio en Ruanda de 1994. Propuestas que, según Sylvia Ospina, subdirectora de equipamientos culturales de Idartes, no podrían ser vistas sino viajando a Tokio o París, pero que el FIAV trae en cuatro escenarios.
“Estamos aportando teatros como el Jorge Eliécer Gaitán, el Ensueño, el Planetario o el Teatro El Parque”, explica.
Artes Vivas
Uno de los cambios más visibles, y discutidos, es el nombre. El FIAV no es un festival de teatro, sino de “artes vivas”. “Ya no estamos hablando solo del teatro puro. Estamos hablando de danza, circo, performance, nuevas tecnologías. Es reconocer un sector mucho más amplio”, explica Salamanca.
La decisión no fue menor. Implicó discusiones conceptuales y la construcción de un documento que definiera el enfoque curatorial. En ese debate aparece una referencia clave: el creador colombiano Rolf Abderhalden, citado por Parias, quien plantea que las artes vivas no solo mezclan lenguajes, sino que promueven formas de creación colectiva y nuevas maneras de entender la escena.
“Si queremos que las artes escénicas circulen y tomen otra vida, no deberíamos sesgar el festival a una sola línea artística”, añade Boada.
Más allá de la programación, están de acuerdo las organizadoras del festival, hay un objetivo que atraviesa todo: recuperar el vínculo con el público. “El Iberoamericano era el carnaval de Bogotá”, dice Ospina. “Y el FIAV vuelve a serlo”. “La idea es que no sea de nadie, sino del público El hecho que vuelva a existir el festival genera también un impulso para los creadores de la ciudad y del país de seguir creando y de seguir circulando.”, dice Salamanca.
“Ahora que ya demostramos que tenemos resultados, cifras importantes, no solo el impacto económico, sino el impacto social: la gente se tiene que apropiar del festival porque es lo que lo hace válido más que las cifras de todos los lados. Con eso podemos dar el siguiente paso para ir fortaleciendo la institucionalidad del festival”, añadió Sandra Meluk.
Un festival que, como antes, haga que la gente reserve la Semana Santa, compre entradas sin saber exactamente qué va a ver y confíe en la experiencia. “Lo más importante es garantizar que el público quiera el festival para 2028”, cerró la directora del FIAV.
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