Publicidad

Las pinturas del motel

El sábado pasado la Dijín encontró los cuadros que habían sido robados de la iglesia San Ignacio de Loyola. Tres más, avaluados en más de $100 millones, siguen desaparecidos.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Carolina Gutiérrez Torres
23 de septiembre de 2008 - 09:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Los ladrones irrumpieron en la iglesia San Ignacio de Loyola a finales de julio. Hicieron un trabajo perfecto: siete obras robadas y ni una sola pista. Para llevarse dos de ellas “San Dimas” y “San Camilo de Lellis” tuvieron que extraer primero los vidrios que las protegían y, luego, hacer un corte minucioso y exacto con un bisturí. Los guantes y el cuchillo fueron lo único que encontraron los investigadores de la Dijín cuando llegaron al lugar, pero no había huellas dactilares para rastrear a los culpables. Fue un trabajo perfecto.

Esta iglesia, con 398 años de historia, se encuentra en restauración hace cuatro años. Ese mismo tiempo llevan sus altares cubiertos con lonas oscuras, para proteger las valiosas obras que reposan allí y que fueron imposibles de desprender. Pinturas y esculturas de legendarios artistas de la colonia como Gregorio Vásquez Arce y Ceballos, y Baltasar de Figueroa.

Cuatro de las siete obras robadas aparecerían 55 días después en un motel del centro de Bogotá, ocultas debajo de una cama. El padre Alberto Múnera, representante de la iglesia, no conoce detalles del operativo. Sólo sabe que aparecieron allí, “porque quién sabe con quién se relacionan las personas que las raptaron”, dice.

Debajo de la cama del motel estaban los óleos “San Dimas” y “San Camilo de Lellis”, así como dos pequeños óleos sobre madera con las imágenes de Santa Bárbara y Santa Catalina. Asimismo, había unos $800 millones, representados en cuatro óleos que, según el padre Múnera, no se podrían valorizar si se tienen en cuenta los años que llevan suspendidos en las paredes de la iglesia.

No se sabe con exactitud cuál fue el día del robo. Los arquitectos que trabajan en la restauración descubrieron la pérdida el lunes 28 de julio. Llegaron a la iglesia, levantaron cada una de las lonas para revisar el estado de los altares, como religiosamente lo hacían cada día. En el lugar de los dos óleos sobre lienzo encontraron unos guantes y un bisturí. Tampoco estaban los pequeños óleos que pendían en lo alto de una pared, “no entiendo por qué escogieron esos, tuvieron que subirse en una escalera alta para alcanzarlos. En el mismo lugar, un poco más abajo, había otros cuadros con las mismas características”, dice el padre Múnera.


Debajo de la cama del motel no hallarían la más valiosa, la imagen de la Sagrada Familia, también de  Arce y Ceballos. Obra que está avaluada en $100 millones. En el operativo tampoco encontrarían un óleo con la imagen de la Virgen de la Estrada ($5 millones) ni un marco de madera tallado con hojilla de oro ($3 millones).

  La historia de otro robo

“Esta no es la primera vez que nos roban. Siempre han estado detrás de nuestras obras porque son inmensamente valiosas”, cuenta el padre Múnera recordando otros hurtos que se han perpetrado en el mismo templo. Corrían los años 80. Belisario Betancur estaba en la Presidencia. No hay recuerdos exactos de la fecha, de la hora ni del momento preciso, sólo quedó registrado en la historia de la iglesia San Ignacio de Loyola que unos ladrones ingresaron al templo y se llevaron dos cuadros del padre Páramo, pintor y muralista nacido en Bogotá en 1841.

Los dos cuadros aparecieron meses después en manos de un anticuario de La Candelaria. Los descubrieron allí unos familiares de Páramo. Sin preguntar por el origen de aquellas pinturas, los herederos del padre los compraron y los entregaron nuevamente a la iglesia, donde todavía hoy reposan.

En 2010, para celebrar su cuarto centenario, el templo de San Ignacio de Loyola estará nuevamente abierto. “San Dimas” y “San Camilo de Lellis” estarán pendiendo en lo alto de una pared. Ya habrá pasado a la historia el robo de julio de 2008, cuando los dos óleos fueron cortados meticulosamente con un bisturí y, días después, aparecieron intactos debajo de la cama de un motel del centro de la ciudad.

Por Carolina Gutiérrez Torres

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.