Bogotá

Están en proceso de desintegración 317 vehículos

28 Jun 2019 - 12:06 a. m.

Las preguntas que deja la salida de la vieja flota de Transmilenio

Para algunos, el proceso de chatarrización no está teniendo en cuenta el aprovechamiento de material reciclable e, incluso, la repotenciación de algunos vehículos. Asimismo, está bajo lupa la donación de un lote de buses que se pretende llevar a San Salvador. Para el sistema, la chatarrización debe ser completa y la donación es responsabilidad de un operador.

Felipe García Altamar - fgarcia@elespectador.com - @FelipeAltamar

La renovación de la flota más antigua de Transmilenio (TM) empezó con la llegada de los primeros 336 buses nuevos, de los 1.441 que adquirió el sistema. Esta es la cara visible de un proceso que empezó en diciembre de 2017 y que desde entonces es vigilado de cerca por académicos, ambientalistas, concejales y entes de control, ya que la adquisición era una urgencia desde hace seis años. En medio de múltiples reparos, la actual administración sacó adelante el proceso; sin embargo, ahora los reproches se concentran en cómo están saliendo los viejos buses.

El plan del Distrito es que la nueva flota reemplace a 1.162 articulados viejos, que pese a haberse estipulado que tendrían una vida útil de 800.000 kilómetros, con ciertos ajustes para repotenciarlos, terminaron recorriendo más de un millón de kilómetros. Esto derivó en las comunes escenas de buses-chimenea y algunos varados en las diferentes troncales.

El patio del Portal Tunal fue el primero en hacer la renovación y para darle cabida a los primeros buses nuevos (202 articulados y 134 biarticulados), hace dos semanas salieron 317 vehículos (propiedad del operador Metrobús, que finaliza contrato este 30 de junio) rumbo a dos plantas desintegradoras, en la zona franca de Fontibón y en Tocancipá. Allí se realiza la primera chatarrización masiva de buses, desde que TM inició operación, en el 2000.

Como parte de la transición, vale aclarar que a todos los desvincularon del sistema, tras cancelar su matrícula y permiso de operación. Este proceso será el mismo que se adelantará en de los portales Calle 80, Autopista Norte, Américas, NQS y Suba, patios de donde saldrán paulatinamente casi 1.200 buses viejos, que terminarán de ser chatarrizados en junio de 2020.

Según la gerente de Transmilenio, María Consuelo Araújo, “con esta desintegración garantizamos nuestro compromiso para que no sigan rodando en ninguna otra ciudad o que se puedan reutilizar algunas de las partes en procesos constructivos”. No obstante, esta afirmación ha generado preguntas entre diferentes sectores, que cuestionan tanto el proceso de “reciclaje” como el hecho de que algunos vehículos puedan ser donados a otros sistemas de transporte similares.

¿Los buses no se pueden repotenciar? ¿Sus partes no se pueden reciclar?

La primera imagen de la chatarrización la emitió el alcalde Enrique Peñalosa. Mediante videos de una retroexcavadora destruyendo los primeros buses viejos de TM, anunció el inicio del proceso. Para algunos, la forma en que está llevando a cabo es un “despilfarro” de material reciclable, pues para la desintegración no se está haciendo un desensamblaje previo. Eso opina Luis Benjamín Cediel, arquitecto e ingeniero de la Universidad de los Andes, asociado a Ica Andes, quien asegura que de los buses se pueden extraer partes e incluso motores para repotenciarlos.

“De esta pérdida hace negocio el desguazador, pero se está triturando y compactando. Esto genera pérdida de componentes terciarios, como llantas, cableado, metales, vidrio, plásticos y otros materiales reutilizables; es una labor que incluso podría dar empleo. Además, algunos chasises pueden ser reciclados con motores eléctricos más pequeños. Algunos de estos buses repotenciados podrían ser entregados a otras ciudades, en vez de hacerlos chatarra”, afirma. Incluso, dice Cediel, parte de esos vehículos se podrían adaptar como viviendas de emergencia o ventas en la vía, como en otros países.

Algo distinto piensa el gremio de autopartes, que considera que la chatarrización significa la destrucción total. El presidente de Asopartes, Tulio Zuluaga, sostiene que si no se hace así “se corre el riesgo de que alguna parte termine en el mercado negro. Esperamos que TM cumpla y que esos buses terminen en manos de las siderúrgicas. Al final del proceso esperamos que el Distrito haga una auditoría para verificar que el proceso se haya realizado bien”.

TM coinciden con la posición del gremio de autopartes. Para el sistema, el objetivo es que todos sean desintegrados. Según informó el sistema, los costos corren por cuenta de las plantas desintegradoras, que asumen el valor de la chatarrización, según el peso de cada vehículo. El único final para estos buses, luego de ser destruidos y reprocesados, es la construcción. “La idea es convertirlos en varillas, alambres y en general insumos para la construcción. Para lograr este proceso, contamos con la ayuda de la Secretaría de Movilidad y los operadores”, indica TM.

Por ahora, mientras el proceso de chatarrización avanza y se aproxima la desintegración de otros 1.000 buses viejos, quedan las preguntas. Lo cierto es que por las calles ya están rodando los nuevos buses, de una renovación que la ciudad llevaba años esperando. Las dudas alrededor del destino los buses viejos será algo que se depurarán con el tiempo.

¿Se pueden enviar buses usados como donación a San Salvador?

La crítica más dura sobre la salida de los viejos buses es el proceso que adelanta el operador SI99, del Portal Usme, para ceder  86 articulados, modelo 2010. Como aún tienen vida útil y no  pueden rodar en Bogotá,  el operador decidió donarlos a Sitramss, sistema BRT de San Salvador, capital de El Salvador. Esto se supo cuando residentes de Usme vieron que en el portal  había dos buses, que estaban pintando de azul, color del sistema de la ciudad centroamericana.

Aunque esto generó suspicacias, en especial al saber que el dueño de los buses  (SI99) también opera el sistema salvadoreño, otra cosa dice el gerente del concesionario, Víctor Martínez. Él explica que esta es una operación transparente, que beneficiará a Sitramss, sistema que se inauguró en 2013 y no ha podido despegar. “Ante la duda de qué hacer con esos buses, la junta de SI99 decidió donarlos. No es nada irregular, pero hay motivaciones políticas buscando culpables. Pero a los buses les quedan 11 años de vida útil y la reflexión es: los mandamos a chatarrizar o dejamos que alguien los aproveche”, concluye Martínez.

Sin embargo, la donación no es tan fácil como pintar y exportar. De esos buses (diésel Euro 4) se enviarán dos, para que  el gobierno de El Salvador diga si pueden operar en la ciudad.

La explicación también deja dudas, teniendo en cuenta que el sistema BRT de San Salvador está en la cuerda floja, pues la Corte Suprema de ese país declaró inconstitucional la creación del Sitramss, motivo por el cual el Ministerio de Obras públicas ordenó desmontar la infraestructura. Sin embargo, el gobierno frenó la orden mientras hace auditorías a los contratos de los operadores.  Entre tanto, empresarios de transporte, diputados y periodistas salvadoreños cuestionan el anuncio inicial de los “nuevos” buses del Sitramss, pues de entrada consideran que es algo ilegal, ya que saben que se trata de buses que rodaron la mitad de su kilometraje en otro país.

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