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“Cuánta gente daría todo por vivir en un lugar como éste”, dice Jenes Arturo Sánchez, el taxista, al llegar a la Planta de Tratamiento de Agua Potable Tibitoc (Tocancipá). Desde la portería, la planta que purifica el agua del río Bogotá que baja por la vía de Briceño a Zipaquirá y abastece de este servicio a casi la mitad de los bogotanos, luce como un parque ecológico rodeado de lagunas y bosques; envuelto por un aire frío y puro, tan puro que al Embajador de Francia le cuesta creer que este lugar quede a tan sólo 45 minutos de la capital.
"Qué sitio tan bonito y tan cerca de Bogotá”, dice Jean Michel Marlud, el embajador de Francia, quien lleva siete meses en la ciudad. Su visita a Tibitoc hace parte de un recorrido que está realizando por las empresas francesas que invierten en Colombia. Desde hace diez años la Planta de Tratamiento Tibitoc es administrada por Proactiva, una empresa franco-española especializada en servicios públicos.
El recorrido para el embajador comienza en lo alto de un cerro, ubicado en el centro de la planta. Desde la altura, y señalando hacia la enorme laguna ubicada en el primer nivel, un funcionario de Proactiva le explica que esa laguna es el arsenal de sedimentación donde llega el agua del río Bogotá. El embajador escucha atento, con las manos atrás, siguiendo el dedo índice del guía. “Después pasa por dos estaciones de bombeo y llega aquí, al cerro, donde se realiza el proceso químico para purificar el agua, y después es distribuida por toda la ciudad”, explica el funcionario de la planta.
Desde 1998, Proactiva está encargada de la administración de Tibitoc. El contrato firmado en ese momento con el Distrito de Bogotá establecía que durante veinte años la empresa franco-española estaría operando la planta de tratamiento. Pero el año pasado Édgar Antonio Ruiz, gerente en ese momento de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), inició un proceso para terminar anticipadamente el contrato, aludiendo a uns causal denominado “situaciones del servicio”, la cual establece que el contrato puede finalizar por: mala calidad del trabajo, prestación inadecuada o incumplimiento. Según los abogados de Proactiva, “no tienen ninguna prueba para demostrar eso”.
Aunque el embajador conoce la situación, dice que Francia no intervendrá en la demanda. Pero deja escapar una sentencia: “Si el contrato se termina, ocasionaría un problema de confianza para los inversionistas franceses. ¿Quién va a querer invertir en un país donde los contratos cambian sin justificación?”.
El recorrido continúa por las plantas de purificación, en las que el agua es mezclada con químicos para separarla de las partículas sólidas. “Embajador, sigamos por acá –dice el guía, señalando un camino que cruza los pozos–. Mire el agua. Cada vez que avancemos va a estar más clara, más limpia”.
El embajador sigue el camino, con las manos atrás todavía. Mira concentrado el agua y mientras observa cómo se aclara el líquido, va dejando escapar una sonrisa tímida. Al final del camino pregunta: “¿Ya casi la podemos beber?”. El funcionario de Proactiva le responde que no, que todavía falta el último paso, donde el agua pasa por el último filtro y ahora sí, lista para ingerir, es transportada a las casas de más de cuatro millones de bogotanos.
El recorrido termina en los filtros de un metro y medio que retienen las últimas impurezas. El Embajador no dice nada más sobre la demanda ni sobre la posibilidad de que la empresa francesa pierda ese contrato. Advierte que es la primera vez que recorre una planta de tratamiento con una tecnología tan avanzada, pues en los últimos diez años, explica el funcionario de Proactiva, se han modernizado y automatizado los equipos eléctricos y mecánicos de la planta, que antes funcionaba en su mayoría de forma manual.
El próximo 3 de abril es la audiencia de conciliación entre el Acueducto de Bogotá y Proactiva. La empresa franco-española no piensa ceder, dice que no hay argumentos para finalizar el contrato, que todo ha sido un problema de dinero, que al Acueducto argumenta que le sale más barato administrar la planta y ese es el motivo real. Según José Vicente Sánchez, director de Tibitoc, “la demanda es por términos económicos, pero ellos argumentan otras causas con las que nosotros no estamos de acuerdo. Jamás nos ha hecho reclamos por la cantidad y calidad del agua”.
Por su parte, el Acueducto de Bogotá todavía no se pronuncia. Dicen que sus motivos los expondrán en la audiencia de conciliación. Sobre este problema ya se han pronunciado el sindicato de EAAB y concejales de la Comisión de Gobierno, advirtiendo que el agua administrada por Proactiva vale ocho veces más de lo que cuesta el agua producida por las otras dos plantas operadas por el Distrito.