9 Oct 2021 - 2:00 a. m.

Los avances de la matrícula cero en Cundinamarca

Durante la pandemia, la medida fue fundamental para la universidad pública del departamento, para garantizar la permanencia de sus estudiantes. Ahora el reto está en mantener la gratuidad a todos los alumnos sin afectar la calidad ni las finanzas de la UDEC.
Mónica Rivera Rueda

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá
Universidad de Cundinamarca
Universidad de Cundinamarca

Conseguir el dinero para el próximo semestre de un pregrado es un gran reto para muchos estudiantes, pero en cuarentena fue imposible para quienes tuvieron que poner en una balanza sobrevivir o estudiar, pues dependían de trabajos informales o requerían la ciudad económicamente activa para subsistir. “La pandemia fue fuertísima. Cuando dije que iba a estudiar Música, mis papás lo tomaron como un acto de rebeldía, que quería llamar la atención y por eso nunca me ayudaron. Yo me he pagado la carrera tocando en restaurantes, bares y eventos. Desde muy joven me iba a un parque o me subía a Transmilenio a tocar”, relató Cristian Laverde, estudiante de sexto semestre de Música, de la Universidad de Cundinamarca.

Por casos similares, en varias partes del país, se revivió el debate de la matrícula cero. En el caso particular del departamento, la atención estaba puesta en las condiciones que se le darían a la Universidad de Cundinamarca, que tiene sedes en siete municipios y cuenta con alrededor de 13.000 estudiantes.

Como primera medida, se garantizó la gratuidad del segundo semestre de 2020, para los estudiantes de pregrado y para nuevos alumnos en la universidad. Esto se logró gracias a que la Gobernación asumió el 54 % de los costos; el Ministerio de Educación, el 35 %, y la institución el 11 %. “Para mí fue tenaz, porque si no hubieran aplicado este beneficio, me hubiera tocado aplazar un semestre para tener, por lo menos, una estrategia para subsistir”, dijo Johanna Moreno, estudiante de Educación Física.

El primer semestre de este año se le dio continuidad al programa de matrícula cero, ante las condiciones sanitarias. “El gobierno departamental está comprometido con la estrategia de la matrícula cero, para la Universidad de Cundinamarca. Ya hemos apoyado con $12.000 millones esta iniciativa desde el año pasado y estamos trabajando para que se convierta en una política pública”, aseguró en su momento el secretario de Educación de Cundinamarca, César López.

Al respecto, Fernando Moque, estudiante y líder estudiantil de la Universidad de Cundinamarca, considera que también ha sido un logro de los estudiantes, que buscaron apoyo en la asamblea como al gobernador García, quien se comprometió a ayudarlos en lo que fuera posible durante su gobierno.

Las otras condiciones

A causa de la pandemia, tuvieron que suspender servicios como el de hogar universitario y los programas de alimentación. “Cuando recibíamos clase presencial, nos daban una valera semanal, con la que uno iba a un restaurante y solo pagaba $1.100 por la comida”, cuenta Laverde. Pero a la par surgieron otros programas como el de entrega de sim card con internet y el préstamo de equipos a estudiantes con mayores vulnerabilidades. “Para hacer la solicitud tocaba tener un promedio superior a 3,5 y no haber perdido materias”, explicó Moque.

El fin no era otro que garantizar la permanencia. No obstante, esto ha implicado, de forma adicional, ir puliendo en el camino programas como el modelo de las clases virtuales, especialmente en aquellas carreras en las que la práctica es esencial. “Todo lo virtual se dificulta por la práctica, pero eso también depende de las herramientas de cada docente”, argumenta Moque.

Para Laverde, en su carrera lo complicado ha sido tocar frente a una cámara. “Se vuelve difícil, porque no hay ese vínculo de la presencialidad y hay cosas que se vuelven incontrolables, como la calidad del sonido de las plataformas: ahí se escucha la décima parte de lo que uno en verdad toca”.

En ambos casos, como en la carrera de Enfermería (en Girardot), ya retomaron las clases presenciales. En música, Laverde, cuyo instrumento principal es la flauta traversa, señala que son más los controles a estudiantes que, como él, tocan vientos. Moque, por su parte, tuvo la misma experiencia, pero con las clases deportivas populares, que dicta los fines de semana, junto a otros dos compañeros, en Cazucá.

Algo similar experimentó Moreno, quien además de estudiar es instructora de natación, una de las prácticas que más demoró en reactivarse. “Cuando se definieron los protocolos, el regreso fue progresivo, porque las personas les temían a los fluidos”. Aunque el regreso a la universidad ha sido progresivo, a Laverde le hacen falta las presentaciones en vivo y a Moreno, que los bloques de las clases sean más largos, pues en este momento se demora más en el trayecto a la universidad que lo que duran las clases.

La universidad espera concretar más recursos, para que la matrícula cero no solo sea la respuesta a la situación de la pandemia, sino que también sirva para impulsar proyectos pendientes relacionados con la calidad y un mayor alcance en el departamento, para hacer de la Universidad de Cundinamarca un referente nacional.

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