Bogotá

Artistas se unen para que se haga justicia

17 Feb 2018 - 2:55 a. m.

Los cabos sueltos en la muerte de Samurái

A un mes de la identificación del cuerpo de Héctor Éverzon Hernández Beltrán, fuentes cercanas a la investigación no descartan la hipótesis de que detrás del homicidio estaría un grupo de alta peligrosidad.

-Redacción Bogotá

Los testigos que dicen haber visto por última vez con vida a Héctor Éverzon Hernández Beltrán, el rapero conocido como Samurái, antes de su desaparición, señalan que iba corriendo despavorido por las calles de San Joaquín (Ciudad Bolívar), el pasado 14 de diciembre. Dos semanas después, su cuerpo fue encontrado en una zona boscosa, en inmediaciones del relleno Doña Juana, y hace un mes, Medicina Legal certificó que su muerte había sido violenta. Sin embargo, los hechos que rodearon este caso siguen siendo un enigma.

La muerte de Samurái conmocionó a la comunidad hip hop del país. Las extrañas circunstancias que rodearon su deceso y el desconocimiento sobre enemigos o problemas personales del artista llevaron a que se tejieran varias hipótesis. Tras la identificación del cadáver, sus seguidores y allegados han tratado de reconstruir los últimos pasos del rapero, para dar con quién o quiénes estuvieron involucrados en su muerte y pedir que ser haga justicia.

Por su parte, a pesar de que las autoridades han realizado múltiples entrevistas con las personas que lo vieron por última vez y que han recopilado material probatorio que permitiría inferir que se trató de un homicidio, en Ciudad Bolívar pocos se atreven a hablar del tema. Los familiares y amigos prefieren guardar silencio: aseguran que cualquier testimonio podría entorpecer la investigación. Y los testigos claves en la indagación advierten que detrás de la muerte de Samurái “hay gente muy peligrosa”. Pero lo dicen en voz baja.

Lo cierto, según declaraciones que se han rendido ante las autoridades, es que el día se su desaparición el rapero de 33 años se encontró con unos amigos en San Joaquín. “De un momento a otro quedó solo, tuvo un problema con un tipo y un rato después lo vieron corriendo pidiendo auxilio. Decía que lo iban a matar”, dijo una fuente cercana a la investigación, quien aseguró que hay testigos que saben lo que ocurrió pero que no se han acercado a testificar o a ampliar las entrevistas debido a que han recibido amenazas de muerte. Dentro del expediente obra un testimonio que indica que ese día se hizo una llamada a la línea 123 para alertar sobre los llamados de auxilio, pero al parecer no hubo una respuesta. “Ahí puede estar la clave de todo”, dice la fuente.

Pero la situación es tan compleja que uno de los testigos aseguró que prefiere no hacer el recorrido de los últimos pasos que dio Samurái, entre San Joaquín y Mochuelo (donde fue encontrado el cuerpo), por temor a que lo reconozcan quienes estarían detrás del caso. Para hacerlo, dijo que le deben garantizar reserva absoluta y protección tanto a él como a su familia.

En la investigación –por la cual han pasado tres fiscales– también está el testimonio de una persona que habría reconocido a Samurái en sus últimos momentos de vida. Dijo que lo vio cuando trataba de subir por al tejado de una construcción y que lo escuchó en el momento en que pedía auxilio “porque lo estaban buscando para matarlo”. El testigo indicó que lo identificó por los volantes que repartieron días después los allegados del rapero. Esa fotografía fue la última que le tomaron: aparece con una gorra negra y una camiseta blanca con letras azules.

Los cabos sueltos en las pesquisas empiezan con la fecha de los hechos. Mientras las autoridades manejan la hipótesis de que ocurrieron el 13 de diciembre, los testigos que hablaron con este diario insisten en que se remontan al 14. Tampoco está claro por qué no aparecen la camiseta ni el cinturón que llevaba Samurái, así como los documentos como la cédula y la licencia de conducción, las cuales siempre portaba en sus bolsillos. Y los testimonios de quienes conocieron de cerca al artista insisten en que él no era una persona de problemas, como lo ratificó su familia mientras Samurái estuvo desaparecido. Por eso, se preguntan cuál pudo ser el detonante de la presunta discusión que desencadenó en la muerte del artista.

Mientras se cuenta con testimonios y pruebas documentales, como el dictamen de Medicina Legal que indica que “la causa de la muerte corresponde a politraumatrismo por elemento contundente, siendo la muerte violenta por establecer”, en Ciudad Bolívar reina un silencio que al parecer ha impedido que la investigación arroje resultados contundentes. No obstante, sus seres queridos, artistas y amigos piden a las autoridades que no dejen de investigar y que lleguen a las últimas consecuencias.

Aunque Samurái era uno de los referentes del rap bogotano, para nadie es un secreto que su muerte logró algo que siempre quiso en vida y nunca vio: unir un movimiento cuyos miembros suelen tener muchas diferencias. Esto motivó a producir un llamado de atención conjunto desde la música, exigiendo una pronta resolución del caso.

Ayer se lanzó el primer video de músicos de Bogotá, Colombia y el mundo que piden que se haga justicia. La producción, bautizada Justicia por Samurái, cuenta con la participación de 70 artistas, entre los que se encuentran nombres como los miembros de Aterciopelados; Jean Michel Dercourt, bajista de Manu Chao; o Javier Fonseca, vocalista de la agrupación de reggae Alerta Kamarada. La idea de los productores, todos artistas cercanos a Samurái, es que sea la primera entrega de una serie de videos con una gran carga emotiva, que buscan generar impacto y presionar a las autoridades para que el caso no se estanque.

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