30 Aug 2021 - 2:00 a. m.

Los retos que han aparecido con el regreso a los salones en Bogotá

A las preocupaciones por el desarrollo social y de la personalidad de los niños se suman otras como que algunos no saben coger un lápiz o son muy dependientes de los padres. El reto está en generar la confianza en el colegio y reconocer que el encierro también genera otros riesgos.
Mónica Rivera Rueda

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá
Regreso a clases de colegios públicos en Bogotá
Regreso a clases de colegios públicos en Bogotá

¿Por qué regresar a clases presenciales? Es la pregunta que los padres ponen en una balanza a la hora de definir el retorno de sus hijos a los colegios. No es fácil, pues por un lado sigue el temor de contagio, pese a que avanza el proceso de vacunación, y por el otro están las necesidades insatisfechas por el encierro, en especial en aquellos que no tienen fácil acceso a internet y en los más pequeños, debido de la importancia de esta etapa de la educación en sus vidas.

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A casi dos meses de iniciado el proceso, la Secretaría de Educación resalta que solo un colegio público no está abierto, mientras que al resto ha vuelto el 60 % de los estudiantes. Desde las aulas también ya se recogen experiencias, así como se han evidenciado algunos factores por los que el regreso a la presencialidad es primordial para no generar otros riesgos en los niños.

“Si hemos evidenciado algo positivo es que a nivel oral desarrollaron muchas competencias. Son muy abiertos y participan, porque en la virtualidad utilizamos muchos audios y videos, y soltaron la corporalidad, pero desarrollar la motricidad fina, que incluye habilidades como coger un lápiz, rasgar o cortar con tijeras, es bastante compleja, no lo hacen como deberían, no tienen paciencia y garabatean”, dice Tadiana Escorcia, profesora del colegio José Asunción Silva, en el barrio Quiroga.

Por eso, junto a su compañera, han motivado a los cursos de los más pequeños a correr y realizar actividades físicas, así como desde una maloca, que construyeron hace años con la comunidad para fortalecer los saberes, han llevado cartones grandes para motivar a los niños a pintar libremente, rayar el suelo y desarrollar la parte motriz. “No sé si es porque estaban mucho tiempo en el computador y eso no les permitía desarrollar esa motricidad fina”, indica Escorcia.

Por su parte, Jensy Calderón, profesora de Educación Física del colegio Antonio Nariño, resalta la importancia que tuvo crear confianza durante la pandemia entre los padres y los profesores, tanto para hacer asesorar y acompañar la adecuación de la casa para propiciar la educación y el juego, como para que ellos les hablaran de los problemas en el hogar.

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“Apenas inició la pandemia hicimos un proceso de acompañamiento, por videollamada, para ver con qué jugaban y los espacios para estudiar, para evaluar en qué lugares de la casa podían realizar cada actividad, porque los niños más pequeños requieren moverse y aunque identificamos a unos hiperactivos también tuvimos casos de estudiantes que se engordaron”, asegura Calderón.

Realizar actividades físicas fue uno de los retos más grandes en pandemia, no solo por la imposibilidad de salir, sino por la demanda que implica que los estudiantes presten atención y desarrollen las actividades propuestas. “Lo que hicimos fue acomodar las clases didácticas con cosas de la casa, como el sofá o baldes. De hecho, para las clases de gimnasia, algunos papás bajaban los colchones de la cama”.

Junto a esto, hay otras experiencias que han compartido las dos profesoras, como, por ejemplo, la alta dependencia de los niños a los padres. “En el colegio hemos trabajado con las familias para fomentar los hábitos de alimentos y a que los niños abran un yogur o un paquete. Es una tarea sencilla, pero que les hace falta, porque siempre había alguien que lo hiciera. También se ven rezagos en niños que no tienen control de esfínteres”, indica Tadiana.

Según Jensy, esto también se relaciona con un ideario de los padres a que todo lo que hagan los niños tiene que ser perfecto y a que a su regreso a los salones se dieron cuenta de que los niños se comportan diferente a cuando está un padre al lado. “Los padres creen que uno de profe evalúa la perfección y se estresaban a que el trabajo quedara bonito y no que el niño lo hiciera. Cuando llegamos al colegio, vimos que los niños no escribían ni coloreaban como se veía en las tareas. También me parece gracioso que uno sabe que en la cotidianidad en las casas escuchan reguetón y rancheras, pero cuando uno les preguntaba a los niños qué música escuchaban, los padres los motivaban a decir que música clásica, como para descrestar al profesor”.

Lo que viene será clave, pues, como alertó el Banco Mundial, ya no se puede recuperar el tiempo, por lo que se requiere una flexibilidad para adaptar y satisfacer las necesidades actuales de cada niño, para recuperar las pérdidas de aprendizaje. “Cada niño es diferente, y su experiencia durante la pandemia puede haber sido distinta; incluso dentro de la misma aula, un niño puede haber estado en un hogar con libros, acceso a internet, un espacio para trabajar y unos padres que le estimulaban, mientras que su compañero puede haber estado completamente desconectado del proceso de aprendizaje. Esto hace que la recuperación sea complejo y requiera estrategias de aprendizajes fundamentales”, señaló Jaime Saavedra, director de Educación del Banco Mundial.

Ante este panorama, queda un trabajo grande en los grados de educación, dado que desde el principio se ha hablado de la necesidad de que los estudiantes vuelvan a los salones para continuar con su desarrollo físico, social y emocional, a lo que se suman las experiencias que han identificado los maestros en la reapertura, como las deficiencias motrices de los más pequeños, que sin duda se deben atender con prioridad, con la garantía de que todos los niños hagan parte del proceso de clases en alternancia.

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