17 Jun 2021 - 2:43 a. m.

Los tres factores claves del tercer pico en Bogotá

Aunque el Distrito dice que el recrudecimiento se debe al paro y a variantes del virus, expertos señalan que la apertura total también ha influido. Ante las condiciones, los escenarios planteados dependen de cómo aumente la movilidad en los próximos días.
Mónica Rivera Rueda

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá
Por el momento, en la ciudad se registran 78.476 casos activos de Covid-19.
Por el momento, en la ciudad se registran 78.476 casos activos de Covid-19.

Las últimas semanas han sido las más difíciles en cuanto a la pandemia en Bogotá. La ciudad no solo ha permanecido siete semanas en alerta roja por una ocupación de las unidades de cuidados intensivos (UCI) superior al 90 %, sino que ya cuenta con una saturación en las salas de urgencia, donde han reportado hasta 300 % de demanda, así como desabastecimiento de puntos de oxígeno, suministros y medicamentos. El sistema está a tope.

Al respecto, desde diferentes orillas se han dado varias explicaciones. Por un lado, el Comité del Paro ha insistido que durante las manifestaciones convocadas se han respetado los protocolos y que el aumento de casos obedecería más a las aglomeraciones en Transmilenio y en el comercio. Por el otro, quienes se oponen a las protestas insisten en que la causa directa son las marchas, ya que coinciden al relacionarlas con algunas de las cifras.

Desde el Distrito se asocia este tercer pico con la mezcla de tres factores. Primero, a la llegada de nuevas variantes de las que se han confirmado las cepas británica y la brasileña; a la par, en la ciudad se presenta un pico estacional de otras enfermedades respiratorias, y, por último, se consideran las protestas.

“Es indudable no encontrar un nexo entre una movilización social tan grande como la que hemos tenido con el nivel de contagio. Sin las movilizaciones el pico hubiera durado tres semanas, pero llevamos siete y se han cargado cuatro semanas más”, dijo Alejandro Gómez, secretario de Salud.

Por estas circunstancias se considera que, por lo menos, por las siguientes dos o tres semanas, si se mantienen las condiciones, se mantendría la ocupación por encima de 2.200 camas UCI, así como el aumento de muertes diarias, que llegarían a las 200 si crece la movilidad en las calles.

“Seguimos tratando de ubicar pacientes en camas UCI. El martes fueron más de 230, que dependen de la rotación, porque el nivel de estrés es alto. Se han llevado 70 pacientes de Bogotá a otras ciudades, especialmente a Barranquilla, porque la ocupación en Cali es altísima y en lugares como Boyacá y Meta no tienen ni una cama”, indicó Gómez.

Para Luis Jorge Hernández, epidemiólogo de la Universidad de los Andes, no se deben desestimar otros tipos de aglomeraciones como las reuniones familiares o con amigos. “La Secretaría de Salud no está haciendo seguimiento a las medidas de bioseguridad, ni está funcionando el PRASS o la estrategia DAR en Bogotá, porque el tamizaje lo están haciendo en parques, y eso no sirve. Hay que buscar a la población centinela, como taxistas o repartidores de Rappi, que tienen alta movilidad, así como hacer rastreo de contactos y aislamientos sostenibles, para personas positivas”.

Por su parte, Jaime Ramírez, director de posgrados del Instituto de Salud Pública de la Pontificia Universidad Javeriana, cree que no hay que caer en echarle la culpa a un solo factor. “Lo menos que se debe hacer es ver una pandemia de una manera unifactorial, sino de tratar al máximo de ver la totalidad de las interacciones y prepararse. Hemos creído que la única solución es mejorar la capacidad hospitalaria, pero se pueden mejorar otros programas, como los de ventilación y aislamiento en empresas, por ejemplo en restaurantes. Es la reacción a una capacidad de respuesta limitada”.

Además, considera importante que haya un trabajo claro y directo de la Alcaldía para generar hábitos en la ciudad con las medidas de bioseguridad. “La alcaldesa ha tenido un discurso que resulta contrario, en el que un día dice una cosa y al otro dejan de ser importantes sus argumentos para anunciar nuevas determinaciones, con los que la sociedad pierde confianza y la capacidad de tomar sus propias precauciones en el orden individual”, resaltó.

Dentro de las proyecciones del Distrito se manejan dos escenarios en los que no solo se esperan más contagios, sino que las muertes aumenten en los próximos días, como consecuencia de la presión que se ha mantenido la ciudad en por lo menos siete semanas. Una varía de la otra dependiendo del incremento de la movilidad que se dé en la capital como parte de la apertura total. Pese a ello, en el paro y por las afectaciones a las estaciones de Transmilenio se ha evidenciado en el último mes una reducción significativa de su uso a casi la mitad.

Asimismo, los días de las concentraciones más grandes se dio una reducción tanto de las muestras PCR que se tomaron en la ciudad como la cantidad de vacunas aplicadas en un día, por lo que Gómez espera que, ante el llamado de cesar las marchas, se puedan fortalecer las jornadas de vacunación. Pero para Hernández como para Ramírez es importante no quedarse solo con eso y sí reforzar las estrategias de rastreo, así como las labores para cortar las cadenas de transmisión.

“Son medidas mucho más costosas y difíciles, pero necesarias. Los confinamientos no funcionan por muchos factores, como la salud mental. La apertura está bien, pero con otras medidas adicionales y graduales, así como es importante que el Gobierno Nacional continúe las negociaciones con los organizadores del paro, porque el pico se podría seguir extendiendo hasta finales de junio o principios de julio”, dijo Hernández.

Ante las condiciones, el Distrito busca fortalecer la respuesta especialmente a quienes presentan síntomas neurológicos y respiratorio después del contagio, que han vuelto a hospitalización ante la gravedad de sus casos, lo que también ha generado una presión sobre el sistema. Por lo pronto, se han remitido pacientes a otras ciudades a la espera de que las condiciones se den tanto para agilizar la vacunación como para liberal la presión al sistema de salud, que en definitiva ya no da abasto en la capital.

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