11 Sep 2021 - 3:58 p. m.

Los voluntarios de la Casa de la Sabiduría

En el difícil escenario de atención a los enfermos terminales, los habitantes de calle, las personas con dilemas de adicción o simplemente a muchos sectores sociales con necesidad de apoyo en Bogotá, esta organización se ha ganado el respeto de autoridades y comunidades.

En los barrios Divino Niño y San Joaquín de Ciudad Bolívar recuerdan las fiestas espirituales organizadas por la Casa de la Sabiduría. Demasiadas mujeres cabeza de familia, muchos niños afectados por violencia intrafamiliar, pero con arte, yoga, alimento para el alma y oidaterapia, quedaron momentos para ser recordados. Es parte de lo que desarrolla desde hace 16 años esta fundación con larga trayectoria de asistencia psicoespiritual en los apremios de la calle. Una red de voluntarios activos donde deambula el hambre y la miseria, pero donde también hay hombres y mujeres que a pesar de su confusión pueden potenciar su fe a través de una terapia de intervención extendida a toda confesión religiosa.

Hoy, la Casa de la Sabiduría presta asistencia a los 21 centros de apoyo a enfermos terminales, pacientes de VIH y niños con cáncer. También está presente en centros geriátricos de diversos estratos sociales. Su cotidianidad es de intenso activismo a favor de la “Madre Tierra” y de buenas prácticas ambientales, con alianzas eficaces en el tejido de las afinidades del Ecoyoga Festival, Yoga Inbound, la revolución de la cuchara y el marco constructor de la Oidaterapia. Trabaja en el difícil escenario de la prevención y atención de las adicciones o en los sitios de reclusión temporal. Su presencia en Bogotá tiene amplio recorrido desde la certeza de que no hace caridad, sino atención psicoespiritual. Una misión consciente.

La Casa de La Sabiduría tiene consejo fundador, inspiradores, pero su desarrollo está asociado al trabajo de la psicóloga de la Universidad Santo Tomás, Martha Restrepo Romero, que un día de 2001 en Ibagué, prestando labores de selección de personal para una acreditada empresa de Antioquia, recibió la invitación de una amiga para probar sus condiciones profesionales en otro rumbo. En el de la ayuda humanitaria en Costa Rica. Y con su colega Aura Leonor Morales, marcharon a San José de Costa Rica y el primer reto fue sumarse a la red de atención de violencia intrafamiliar adscrita a la Presidencia de la República. Fue posible porque se constituyó la fundación en marzo de 2002.

En la línea de la logoterapia, pero buscando fórmulas de llevarla a la práctica, con la oidaterapia como método acogido y proyecto piloto que finalmente dio lugar a la creación de La Casa de la Sabiduría. Con el respaldo de la comunidad Vrinda, vertiente del movimiento para la conciencia de Krishna y apertura a toda tradición mística o credo. En los tres años siguientes, con perfil de fundación sin ánimo de lucro, la Casa de la Sabiduría se amplió a Chile, Ecuador y Perú. En Colombia se constituyó en noviembre de 2005, cuando Martha Restrepo regresó al país dispuesta a atender diferentes escenarios de ayuda en una ciudad como Bogotá con múltiples opciones para ejercerla en sus territorios.

Desde la propuesta de información especializada y donación de oidaterapia, la primera en abrir sus puertas fue la facultad de Ingeniería Ambiental y Sanitaria de la Universidad de La Salle. Con un proyecto común de agro ecología para la enseñanza del uso de la tierra que, entre 2006 y 2012, aportó experiencias importantes sobre uso de semillas limpias, huertas, viveros, lombricultivos, compostaje o manejo de aguas, entre otras innovaciones para el debido cuidado de la naturaleza. Experiencia de forma paralela al abordaje de la calle, en una ruta profesional que permitió a la Casa de la Sabiduría entrar a la agenda de colaboradores y operadores de la Secretaría de Integración Social de Bogotá.

Desde entonces, La Casa de la Sabiduría representa un sinónimo de acción humanitaria y terapia espiritual. En los hospitales, en los encuentros interreligiosos, en los colegios, en los núcleos poblacionales donde haya necesidad de una ruta o un consejo. Según sus promotores, su propósito es crear un vínculo abrasador que pueda alinearse con objetivos universales como el Pacto Mundial Consciente presentado por primera vez en 2013, o desarrollar el buen vivir para el buen morir como una filosofía de vida. Los principios de la psicología perenne, desde la categoría de la “humildad ontológica del ser”, como adecuadamente lo calificó el pensador Viktor Frankl.

Entre budistas, taoístas, cristianos, krishnas o católicos, la Casa de la Sabiduría constituye también una plataforma que multiplica asistencia por convicción de responsabilidad. Colectiva e individual, con atención prioritaria para los que divagan en sendas perdidas. Con servicios de duchas, dotación de ropa, peluquería o atención geriátrica porque la calle está llena de acechanzas, pero también hay mucho por proteger y hace falta tiempo para hacerlo. Eso explica la réplica de la Casa de la Sabiduría en Pereira, Cali, Manizales o Armenia, pues en el ámbito de los tejedores de vida, su propósito claro es intervenir en la sociedad con una propuesta específica: la oidoterapia como potenciación de la fe.

“Hay que ser parte de las soluciones y, en el ámbito de las necesidades de los pacientes terminales, o en el de los habitantes de calle, que son muchos en la actualidad, entre otras personas urgidas de ayuda, lo que hay es trabajo pendiente”, concluye la representante legal y líder de la Casa de la Sabiduría, Martha Restrepo Romero o Atma Nivedana, como prefiere ser llamada desde su fe. Y por eso exalta el recorrido de la institución, no como el despliegue de quienes orientan sus derroteros, sino desde el esfuerzo de sus voluntarios brindando servicios de asistencia profesional y creando refugios y enseñanzas para exaltar valores espirituales y ecológicos.

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