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Después de fracasar en varios negocios, de perder altas cifras de dinero por equivocaciones que nunca antes había cometido y de ver cómo sus clientes desistían de sus servicios, Nicolás, de 33 años, comenzó a sospechar que algo extraño estaba afectando su próspera carrera como corredor de bolsa. Aconsejado por su novia, quien veía que poco a poco se derrumbaba su prometedor futuro profesional, se animó a consultar a un brujo. Lo contactó a través de internet, leyó los servicios que prestaba y posteriormente acudió a una cita en el centro de Bogotá. Sospechaba que era víctima de la envidia de alguno de sus compañeros.
José María Herrou Aragón, catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y autor de varios libros de parapsicología, explica en sus publicaciones que de todas las influencias mentales negativas que una persona puede ejercer sobre otra, la envidia es la más común y la más peligrosa. “Tarde o temprano las personas que son muy envidiadas sucumben ante estas maléficas influencias y su vida y destino se ven amenazados y perjudicados”. Así estaba sucediendo con Nicolás, a quien el brujo le advirtió que le habían hecho magia negra para que fracasara en los negocios.
Se trata de una práctica que ha dejado de ser inusual, pues según Aragón, algunas personas que trabajan en el mundo financiero han encontrado en los hechizos y conjuros una manera segura de perjudicar a quien envidian, sin ser descubiertos. De hecho, este sentimiento de malestar y rabia hacia el otro es común entre los profesionales que obtienen comisiones por las ventas o los negocios que hacen, como es el caso de quienes trabajan en las firmas comisionistas de bolsa, los bancos o en el departamento comercial de grandes empresas.
En Bogotá, la mayoría de ellos se encuentra a lo largo de la calle 72, en donde, a la hora del almuerzo o cerca de las 5:30 de la tarde, cuando se cierran las oficinas, se puede percibir el deseo profundo que sienten decenas de transeúntes por conseguir lo que tiene el otro. Hombres y mujeres vestidos con finas corbatas, elegantes tacones, modernas carteras, despampanantes peinados y suntuosos relojes, recorren rápidamente este sector de un lado al otro. Se desplazan para almorzar, tomarse un trago con un cliente o acudir cumplidamente a encuentros de negocios. Pareciera que no se miraran entre sí.
Nicolás confiesa que sólo comenzó a percibir las energías negativas el día siguiente a su primera consulta con el brujo. Cuando se enteró de que alguien de la oficina no soportó que hubiera conseguido buenos clientes y ganado grandes comisiones, que le permitieron comprarse un carro, vestidos Hugo Boss, un reloj Cartier y cambiar de apartamento.
Con amuletos y hechizos para la buena suerte, además de haber cambiado de lugar de trabajo, Nicolás logró librarse de ese mal que lo perseguía. Y aunque reconoce que seguirá inmiscuido en el despiadado mundo de los negocios, asegura que aprendió a combatir uno de los siete pecados de la humanidad.