El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

‘Máquina’ Hernández, el boxeador que noqueó a su más duro rival: la calle

Crecer en un entorno hostil no impidió que Alexánder Hernández se convirtiera en boxeador profesional y entrenador de jóvenes en el Idipron, entidad con la recorre a diario las calles de Bogotá, atendiendo a jóvenes en condiciones vulnerables.

Juan Camilo Parra

26 de abril de 2026 - 09:33 a. m.
Máquina Hernández cuenta su historia desde la UPI La 32 en Bogotá.
Foto: Laura Salomón Prieto
PUBLICIDAD

Cuando era niño, el sueño del ‘Mono’ siempre fue ser fletero. Entre sus cabellos rubios y baja estatura, su mente de adolescente solo añoraba un futuro en el que llegara a ser un reconocido delincuente, el más duro, el de mejor “percha”. Lo admite mientras envuelve sus gruesas manos con una venda negra, pasando la tela por entre los dedos, uno a uno, como si estuviera tejiendo recuerdos de lo que pensaba en esa época: “No voy a conocer la cédula, pensaba. Creía que moriría antes de ser mayor de edad”, dice, frunciendo el ceño, como si todavía le sorprendiera haber llegado a los 32 años.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Le puede interesar: Derecho al trabajo vs. al espacio público: decreto aviva tensión con vendedores informales

Hoy trabaja en la Unidad de Protección Integral (UPI) La 32 del Idipron, uno de los centros de atención tipo “externado”, en el que jóvenes hasta los 28 años, en condiciones vulnerables, pueden terminar el bachillerato y practicar deporte. Allí, a los ojos de los muchachos que van entrando, el ‘Mono’ no es solo un promotor de la entidad: es el único boxeador profesional que puede enseñarles los movimientos con técnica y esparcir la disciplina.

Aunque apenas está por enfrentar su tercera pelea como profesional, tras ganar dos y quedar campeón amateur en la categoría “mosca” (52 kg), para los jóvenes que entrenan con él, ya tiene la “gloria” de haber noqueado a su principal rival: las calles.

Y comprende perfectamente lo qué es ser un joven rodeado de delincuencia, droga y violencia, en una ciudad agreste como Bogotá.

Máquina Hernández cuenta su historia desde la UPI La 32 en Bogotá.
Foto: Laura Salomón Prieto

Los jóvenes lo ven extender la venda negra por su muñeca izquierda, tapando así el tatuaje de su primo fallecido en un accidente de motocicleta. Esa imagen la observa detenidamente cada vez que tiene una pelea. “Con él aprendí a pelear”. Para los muchachos, cuando el ‘Mono’ se pone los guantes rojos con blanco Ring Master, ya no es ‘Mono’. Ahora es ‘Máquina’.

Sin guantes

En el intento de explicar cómo es que un niño desea ser delincuente, ‘Máquina’ Hernández, quien ya empieza a calentar los músculos, dice que, de su infancia en Soacha y Kennedy, recuerda como “desde los 13 años robaba para sostenerse y a los 15 hacía parte de una banda. “Nos concentrábamos en celulares, droguerías y pelear por 500 o 1.000 pesos en la calle”.

Frecuentaba zonas como el Bronx o La L, donde conseguía pepas y otras sustancias, en medio de dinámicas de delito y drogas, que todavía hacen parte de la cotidianidad.

No ad for you

Y no es el único con una historia así. Uno de los muchachos de la clase, Andrés Felipe Fuentes Cristiano, de 27 años, añade al relato que, en su caso, estuvo en situación de calle desde los 10 años, en el sector de la “L”. De acuerdo con el reciente censo de habitabilidad de calle, se estima que dos de cada 10 habitantes de calle son jóvenes. Pero los expuestos a violencias y entornos victimizantes pueden ser más de 15.000.

Máquina Hernández cuenta su historia desde la UPI La 32 en Bogotá.
Foto: Laura Salomón Prieto

Salir de este contexto no es fácil, reconocen todos los muchachos en el ring.

Muchos tocan fondo, como lo hizo ‘Máquina’. Antes de los 18, entre el hurto, las peleas callejeras y el consumo, Hernández por poco es asesinado. “Me creía Superman. Peleaba en la calle a los puños. En una ocasión estaba tomado y un muchacho me dijo que me fuera. Yo le dije que no, que ese era el barrio de mi familia. Le dije que peleáramos y, sin pensarlo, me dio tres puñaladas: en la cabeza, la espalda y la garganta”.

No ad for you

“Yo ya tengo varios familiares muertos y vi a uno de ellos, a mi primo, cuando perdí la conciencia, de tanta sangre que boté. En ese momento vi que me bajaba de una buseta y me lo encontré. Estaba contento, porque hace rato no lo veía. Él me enseñó a ser fuerte. Le dije: ‘nos vamos, primo’. Y él me respondió: ‘Aún no le toca’. Cuando desperté volví a nacer”.

Un nuevo round

Los guantes golpean el aire haciendo “shadowboxing” o “sombra”. Es un ejercicio básico en el que el boxeador lanza combinaciones sin oponente, trabajando técnica, velocidad, coordinación y desplazamientos. Los gritos del ‘Máquina’ a cada puño causa risas entre los estudiantes, que empiezan a imitarlo. —¡Derecha! ¡Ps! ¡Izquierda! ¡Ps! ¡Esquivo! — grita el ‘Máquina’ haciendo mover a los jóvenes que vinieron a entrenar. Con cada movimiento, pareciera que les permitiera atacar o defenderse de sus demonios.

No ad for you
Máquina Hernández cuenta su historia desde la UPI La 32 en Bogotá.
Foto: Laura Salomón Prieto

Continuando el relato de cómo llegó a vivir del boxeo y de la atención a jóvenes vulnerables con el Distrito, menciona que no solo sobrevivió a tremendo ataque, sino que obtuvo su cédula. “Usted me preguntó, ¿Por qué ‘Máquina’? Pues luego de recuperarme entré al Ejército y allí tocaba entrenar, hacer ejercicios muy fuertes y caminar mucho. Mis compañeros me repetían: ‘Máquina, máquina, máquina’, y eso me inspiraba a dar lo mejor de mí. Cuando estaba cansado, seguía, así el cuerpo no diera, pero la mente sí”.

Pero la intención sin oportunidades reales se quedaba vacía. El ‘Mono’ seguía peleando clandestinamente, aunque ya no para fines delictivos. También callejeaba y en un Rap Al Parque anunciaron la oportunidad de estudiar con el Idipron. “Nunca pensaría que en un lugar de esos iba a encontrar una puerta”. Allí, como los jóvenes que hoy entrenan con él, comenzó su formación en música y proyectos comunitarios, hasta que el boxeo apareció como herramienta de transformación. Lo que empezó como peleas informales en barrios del norte de Bogotá pasó a ser parte de un proceso pedagógico, que todavía impacta a decenas de jóvenes en contextos vulnerables.

No ad for you

Calle y ring

Tiempo después el ‘Mono’ volvió a las calles, pero como promotor de juventud, siendo parte de la entidad que lo ayudó a salir adelante. En dos o tres años logró vincular a unos 30 jóvenes a actividades de boxeo, muchos de los cuales participaron en competencias y obtuvieron alrededor de 25 medallas. Historias como la del Mono, impulsan a diario el quehacer de personas como Fredy Marcel Murillo, entrenador en la UPI La 32, quien explica que el papel del deporte y, en especial, del boxeo, ha evolucionado dentro de los procesos con jóvenes.

Idipron aborda a más de 2.000 jóvenes cada año.
Foto: Juan Camilo Parra

Esto ha hecho que con el tiempo se invierta en las UPI y en los gimnasios para practicar este deporte.

No ad for you

“Se ha entendido su alcance y se ha reconocido como una herramienta clave para transformar vidas. El boxeo tiene un impacto profundo en el ser; una mística que permite canalizar emociones y controlar la ansiedad. Cuando un joven atraviesa momentos de crisis, encuentra en este espacio una forma de desahogarse”.

“Si no fuera así”, añade el ‘profe’, “buscaría golpear a otra persona o una pared y terminaría lastimándose. En cambio, aquí el joven llega y dice: ‘Profe, me siento mal, quiero desahogarme, présteme los guantes’. Se los prestamos, se desahoga, libera esa adrenalina y luego piensa mejor las cosas. De no existieran estos espacios, muchos dirían: ‘Deme puerta, quiero irme, quiero consumir’. Por eso Idiprón ha visto en el boxeo y en otros deportes una forma de canalizar esas emociones”.

No ad for you

El boxeador resalta que el crecimiento del boxeo en estos espacios ha sido resultado de un trabajo constante en los barrios. Aunque comenzaron con recursos limitados, un ring viejo y pocos implementos, ya cuentan con mayor infraestructura y apoyo institucional.

Máquina Hernández cuenta su historia desde la UPI La 32 en Bogotá.
Foto: Laura Salomón Prieto

“El mayor logro no es formar campeones, sino personas que logran alejarse de la violencia y construir una vida diferente con esto”, añade Hernández.

No ad for you

Actualmente, cerca de 100 jóvenes, entre hombres y mujeres, se benefician de este espacio, incluyendo participantes de distintas unidades de Bogotá e incluso de fuera de la ciudad. “Gracias a los profesores y a unos excelentes compañeros he podido transformar mi vida, dejar las dinámicas de calle, de pandilla y de drogadicción. Fue una transformación totalmente drástica, porque yo ya era habitante de calle. Antes era una persona explosiva, no me aguantaba nada y quería agredir a todo el mundo. Uno piensa que el boxeo genera más violencia, pero en realidad nos enseña a controlar las emociones”, señala Andrés Felipe.

Al mirar el contexto actual, Hernández señala que las dinámicas juveniles han cambiado. Observa a sus estudiantes y pareciera que pudiera leer sus vidas cuando se acerca a hablar con ellos y darles instrucciones de como dar un jab, un golpe recto con la mano delantera, rápido y duro. Aunque persisten problemáticas similares, ahora son menos visibles, pero marcadas por el consumo de sustancias. “En lugar de la ‘L’ o el ‘Sanber’ el tusi es la nueva droga, más costosa, pero igualmente perjudicial, especialmente para la salud mental de los jóvenes”.

No ad for you
Idipron aborda a más de 2.000 jóvenes cada año.
Foto: Juan Camilo Parra

En lo personal, Hernández también evolucionó dentro del deporte. Pasó por múltiples roles (mánager, entrenador, árbitro y campeón aficionado) antes de decidir dar el salto al profesionalismo. Destaca que el boxeo le permitió cambiar su estilo de vida gracias a la disciplina que exige. A diario combina su trabajo como formador en Idiprón con entrenamientos exigentes, especialmente cuando se acerca una pelea.

Sobre el circuito del boxeo, dice que está “marcado por retos que van más allá del entrenamiento”. Aunque destaca que en Bogotá el escenario es organizado y transparente, también advierte que en otros persisten prácticas irregulares: “En Bogotá hay terreno para pelear. Se arman en centros comerciales, en sitios de convenciones, pero también se ven peleas arregladas o decisiones injustas”.

No ad for you

Como profesor de boxeo, asegura que su labor va más allá del deporte. “Es generar empatía con jóvenes que enfrentan condiciones similares a las que viví, entendiendo que el cambio es progresivo”. Con más de una década en el boxeo, ‘Máquina’ Hernández ha recorrido el camino aficionado en la Liga de Bogotá y actualmente suma dos peleas como profesional, ambas ganadas. La siguiente será en octubre y tendrá que bajar alrededor de 10 kilos para participar, lo que conlleva invertir en entrenadores y formadores físicos.

Máquina Hernández con el 'profe'.
Foto: Laura Salomón Prieto

Su pensamiento está en ganar, pues con las peleas y su trabajo en el Idipron se so sostiene a él y a su padre. “Mi parte favorita del boxeo es saber que siempre puedo ser mejor. Siempre hay una mejor versión de uno mismo, dentro y fuera del ring. La idea es no perder. Pero de pronto en algún momento llegará el día en que toque. Hoy no”, dice volteándose a ver a sus alumnos:

No ad for you

—¡Derecha! ¡Ps! ¡Izquierda! ¡Esquivo! —.

Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.

Por Juan Camilo Parra

Periodista egresado de la Universidad Externado de colombia con experiencia en cubrimiento de orden público en Bogotá.jparra@elespectador.com
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.