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Tener más años de estudio no se traduce de forma equitativa en los ingresos de las mujeres en Bogotá. Así lo evidenció la investigación ‘Brechas salariales en Bogotá: desigualdades estructurales en el mercado laboral por sexo y situación socioeconómica’, realizada por la Secretaría de Desarrollo Económico. El documento señala que las mujeres que viven en hogares con ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas tienen, en promedio, un nivel educativo más alto que los hombres de su mismo entorno socioeconómico, pero continúan recibiendo remuneraciones menores.
De acuerdo con el informe, la diferencia salarial entre hombres y mujeres en este sector poblacional alcanza, en promedio, el 10,5%. Lo complejo del panorama es que estas asimetrías no se justifican por factores que se podrían consideras de “comeptencia laboral” como la preparación académica, la edad o las condiciones de la contratación, sino que apunta a la persistencia de sesgos y barreras estructurales en el mercado laboral de la capital que limitan la remuneración por características similares.
Pobreza e informalidad: los otros determinantes
El estudio también cruzó las variables de género con las condiciones socioeconómicas de la ciudad, dejando en evidencia cómo la vulnerabilidad financiera agrava la exclusión laboral. En la población en condición de pobreza, la tasa de ocupación de las mujeres se ubicó en apenas un 42,1%, frente a un 68,5% registrado por los hombres; una distancia de 26,4 puntos porcentuales que muestra las dificultades adicionales que enfrentan las mujeres de menores ingresos para entrar o mantenerse en el aparato productivo.
Asimismo, la calidad del empleo en la ciudad sigue estando ligada al nivel socioeconómico general. Mientras que la tasa de ocupación global de las personas en situación de pobreza fue del 43,4% en 2024, en los hogares de ingresos altos subió al 72,8%.
La informalidad es el reflejo más crudo de esta división: el 87,1% de los trabajadores en condición de pobreza labora en la informalidad, una realidad que solo afecta al 14,6% de las personas que pertenecen a los hogares con mayores recursos de la ciudad.
Estas distorsiones en el mercado laboral terminan profundizando la brecha de ingresos en los hogares bogotanos. Según el análisis, mientras una persona en condición de pobreza dispone en promedio de $401.349 mensuales para subsistir, un ciudadano en un hogar de ingresos altos cuenta con $9.086.939 al mes; una diferencia que supera las 22 veces y que cuestiona la efectividad de la educación como único motor de movilidad social en el contexto actual de la ciudad.
Los datos de la investigación exponen que la educación, entendida como el principal motor social y de acceso a beneficios económicos, hoy resulta insuficiente para responder a la preparación y aspiraciones económicas de las mujeres de la capital del país. Mientras persistan barreras que limitan el acceso al empleo formal y se mantengan diferencias salariales del 10,5 % basadas en el género bajo las mismas competencias, los esfuerzos académicos de la población femenina seguirán chocando contra un techo estructural.
Esta realidad, que confirma el peso de una informalidad que roza el 87 % en los sectores vulnerables, perpetúa un escenario que, por mayoría, sigue respondiendo a lógicas machistas en las que el género de los colaboradores de una empresa o una entidad sigue siendo una determinante por encima de la preparación o la experiencia.
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