Karen tiene… bueno, tenía 33 años. Iba a cumplirlos este 22 de junio. Nos criamos juntas. Ella nació en Santa Marta, pero desde pequeñas nos llevaron a Venezuela. Aunque vivíamos en ciudades distintas, los fines de semana eran sagrados y Karen ya lo sabía. Se asomaba al balcón antes del mediodía y, en cuanto veía aparecer el carro de mi papá, gritaba: “¡Me voy con mi tía!”.
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Esos días eran muy cómicos. Aprovechábamos para que nos compraran de todo: helado, gaseosa, malta, dulces... Llamábamos mucho la atención, porque las dos éramos rizadas, solo que mi pelo era negro y el de ella castaño clarito, muy mono. Era blanca y tenía una bella sonrisa... Dios, amaba su sonrisa. Tenía esas expresiones costeñas y unas carcajadas escandalosas que a algunos no les gustaban, pero a mí me daban vida. Era divina.
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Karen era… me cuesta hablar de ella en pasado. Era una persona que sentía apasionadamente cada cosa; alegre, muy entregada. Sabía amar profundamente y era muy especial con la gente. Lograba volverla cercana. Además, muy detallista. Recuerdo que cuando nos encontrábamos, llegaba con un regalo sin que fuera tu cumpleaños ni una fecha especial. Solo porque sí. Y le encantaba cocinar, sobre todo el arroz con leche. Te invitaba a comer o te guardaba. Era tan entregada... Me hace una falta inmensa.
Desde el colegio fue una niña aplicada y juiciosa. Si no sacaba la mejor nota, lloraba y le reclamaba a la profesora. Al principio decía que quería ser veterinaria, porque amaba a los animales, pero al final ganó su otra pasión: la medicina. Se graduó como la mejor enfermera de su clase y dio el discurso de grado.
Luciano
En 2019, por las circunstancias que ya todos sabemos de nuestro país, nos obligaron a salir de Venezuela. Ella regresó primero a su ciudad natal, en Magdalena. Allí empezó a trabajar en varias cosas, no dentro del área de la medicina, porque no era tan fácil al comienzo. Entonces, trabajó en la Alcaldía, luego en el campo... en lo que le saliera. En 2020, decidió venir a Bogotá para buscar más oportunidades. Le tocó empezar de cero, pero era tan emprendedora que montó sus servicios independientes de inyectología y sueroterapia. Siempre buscaba la forma de estar en su área.
Aunque perdimos el contacto unos años porque me casé, cuando nos volvíamos a ver era como si el tiempo no hubiera pasado. Y así fue en 2021. Nos reencontramos en la capital. Cuando me contó que estaba embarazada, me sorprendió bastante, porque inicialmente no sabía que estaba en una relación con alguien, pero igualmente fue bonito cuando me mandó una foto de la prueba.
Recuerdo la fiesta de revelación de género: ella con su camiseta blanca, pintada de azul, emocionadísima. El día que llegó el bebé a este mundo fue inesperado; se nos adelantó. Karen, de hecho, estaba en una sesión de fotos porque le gustaba atesorar esos recuerdos de la maternidad, cuando rompió fuente. Y así llegó a este mundo Luciano, el 12 de febrero de 2025.
Como nació prematuro, le decíamos “cangurito”, porque tocaba cargarlo así, pegado al pecho, y se acostumbró tanto que solo dormía encima de uno. Karen ejerció una maternidad excepcional desde el minuto uno. No dejó de trabajar, pero tampoco se despegó de su hijo.
Teníamos tantos planes... queríamos que el niño estudiara idiomas, que viajara. Siempre nos tomábamos fotos haciendo caras payasas para que cuando Luciano fuera grande, dijera: “¡Ay mamá, qué vergüenza ustedes!”. Pero decíamos que seguro nos lo diría en un idioma rarísimo.
Teníamos la ilusión de verlo caminar, porque era un bebé muy tranquilo, pero muy activo, muy inteligente. Cuando empezó con la comida complementaria, recuerdo que era un espectáculo. Amaba el yogur, lo olía y jugaba con sus manitos. Y cuando empezó a gatear, aparecía más abajo de la cama y uno se asustaba: “Mi amor, ¿cómo llegaste ahí de rápido?”, y sonreía igual que Karen.
Un llamado de justicia
Nosotras veíamos muchos documentales sobre feminicidios o, en general, de estas cosas horribles que pasan. Y siempre terminábamos en noches de reflexión. Hablábamos de todo. Como ella tenía una sensibilidad que te hacía analizar todo, me decía que había que permitirse sentir, que si un día estabas triste, tenías que habitar ese sentimiento, interiorizarlo y aprender de él.
La última vez que hablé con ella fue el 11 de diciembre, porque yo cumplo años el 14. Yo acababa de empezar un trabajo y estaba agotada. Le mandé un video diciéndole: “Mírame esta cara de destruida, no puedo creer que voy a cumplir años y estoy así”. Ella, siempre tan cariñosa, me dijo: “Tranquila bebé, ¿qué quieres hacer para tu cumple?”. Quedamos en ir a un brunch el domingo. Los tres: ella, Luciano y yo.
Me enteré de su muerte y la del bebé ese mismo 12 de diciembre. Estaba limpiando la casa cuando mi mamá me llamó, pero no alcancé a atender. Entonces me dejó una nota de voz. Yo pensé que tenía que ver con la sorpresa por mi cumpleaños, que llevaba recordándome, cuando la escucho: “Hija, por favor, atiende. Algo le pasó a Karen y al bebé”.
Le dije que no se preocupara y ya averiguaba. Fue cuando hablé por mensajes con el mejor amigo de Karen y él me lo confirmó: “Lamentablemente, les pasó algo. Tuvieron un accidente”. Yo no entendía. ¿Cómo que un accidente? Mi prima no sabía manejar. No tenía licencia. Y, aparte, a esas horas con el niño. Ver en las noticias que ella iba al volante... simplemente me descolocó. No entendía nada.
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Como sociedad perdimos a una profesional de esas que entregan el alma, a una mujer con valores y una lealtad enorme, que soñaba con tener su propia empresa de servicios médicos domiciliarios. Solo quiero que la recuerden como lo que fue: una mujer que daba amor sin medida, una mamá excepcional y una profesional maravillosa. Siento que Karen tenía tanto todavía por dar. Y Luciano... Ay, Lucy, iba a ser un caballero hermoso. Me duele tanto que ahora sean solo un recuerdo.
En general, pero especialmente como mujeres, quiero decirles que necesitamos un círculo de apoyo. Un lugar dónde estar sin disfraces, dónde poder decir si algo nos duele o nos asusta. Mi prima me dejó eso: ser consciente de los sentimientos que tenemos y no callarlos, encontrar personas de confianza que puedan estar en los momentos buenos, pero también en los momentos malos. Los extrañaré siempre.
*La familiar pidió omitir su nombre, por seguridad.
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Los detalles del caso de Karen López
Hugo Fernando Silva Soto fue capturado e imputado por los delitos de homicidio y feminicidio, las dos conductas agravadas, además de ocultamiento, alteración o destrucción de elemento material probatorio. Aunque se declaró inocente, un juez de garantías lo envió a la cárcel mientras transcurre el proceso penal y podría enfrentar penas de más de 40 años de prisión por cada delito.
Según el material probatorio, Karen fue atacada mortalmente en el cuello con un arma cortopunzante. Y el bebé tenía lesiones compatibles con agitación violenta del cuerpo, una modalidad descrita en la investigación como zarandeo. Todo habría ocurrido antes del accidente.
De acuerdo con el ente acusador, para ocultar los crímenes, Silva habría chocado el automóvil contra un árbol en la Av. Mutis con Av. Rojas en la madrugada del 12 de diciembre de 2025. Allí acomodó el cuerpo de Karen en la silla del conductor para aparentar que iba al volante y él se pasó al asiento del copiloto, esperando que llegara emergencias.
Durante enero y diciembre de 2025, se registraron 109 casos de asesinatos de mujeres en Bogotá, pero apenas 1 de cada 5 fue tipificado como feminicidio. De estos, el 80 % de los casos se registraron en San Cristóbal, Barrios Unidos, Bosa, Ciudad Bolívar y Kennedy.
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