El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Morir con acento británico

Un terreno, que en 1825 fue entregado por los dirigentes de la Nueva Granada a la Legión Británica que peleó en las guerras de la Independencia, es patrimonio cultural.

María Camila Peña

07 de marzo de 2009 - 05:00 p. m.
PUBLICIDAD

“Dicen que aquí hay fantasmas, pero como no hablo inglés, pues a mí no me asustan”, comentaba con seriedad don Édgar, quien desde hace 14 años es el encargado de vigilar el Cementerio Británico de Bogotá.

Este terreno, al oriente del Cementerio Central, es desde 1825 el lugar de descanso de numerosas familias inglesas y/o protestantes, como los Koppel, que por cuestión de negocios, intereses o simple azar vivieron y murieron en la capital.

Tras las guerras de la Independencia, la ciudad le entregó a la Legión Británica estos terrenos como agradecimiento por su apoyo en las batallas. Según el libro Guía de los cementerios, de la Corporación Candelaria, en 1817 zarparon en pequeños navíos, desde Londres, cerca de cinco mil soldados voluntarios para apoyar la liberación de la entonces colonia española.

La reja de hierro, construida a principios del siglo XIX a la entrada del cementerio con las antiguas bayonetas y fusiles de la Legión, aún sigue en pie, como una de las evidencias de aquella época, cuando los soldados andaban a caballo y su lema era “Libertad o muerte”.

Dicen que los cuerpos de algunos de los guerreros enviados por la corona fueron enterrados en el lugar y que con el tiempo sus tumbas quedaron bajo tierra. Otros aseguran que el mausoleo más antiguo es el del miembro de la embajada británica August Henry Mounsey, al fondo del cementerio, cuya tumba parece estar sobre la tierra.

Los que han podido presenciar los entierros que se realizan en el primer cementerio protestante de la ciudad dicen que son ceremonias frías, en las que nadie llora. “Entrar acá es como pisar tierra británica. Nadie ingresa sin autorización, tal vez por eso pocos saben que este lugar existe”, dice don Édgar. Este domingo, por primera vez, desde hace más de 10 años, el cementerio estará abierto al público para quienes quieran conocerlo.

En la zona más antigua un ángel, paralelo a la tumba de Carlos Michelsen, el primero con este apellido en llegar al país, cuida a las almas desde su pedestal, como anunciando el fin de su camino en la tierra y la presencia de una cultura para la que la muerte es un simple hasta pronto.

Para más información visite: www.idpc.gov.co

Por María Camila Peña

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.