Yenifer García cumplió un sueño al contratar a un tatuador a domicilio para que le plasmara en la espalda y parte de los glúteos la imagen de un dragón y una joven. Por el formato, se requerían tres sesiones y en las primeras soportó el dolor de las agujas marcando su piel. Pero al llegar a la parte baja de la espalda, el dolor aumentó. Para soportar la última sesión, una amiga la contactó con un conocido, a quien le pagó $600.000 para que le aplicaran medicamentos. Y fue una fatal decisión: al parecer, esto la llevó a la muerte.
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La tragedia fue el 15 de agosto. En la mañana llegaron el tatuador y quien aplicaría el medicamento hasta la casa de Yenifer, en Terrazas de San Jorge, en Rafael Uribe Uribe. Se registró el ingreso de una camilla, un equipo de oxígeno y otros elementos. Aunque pensaron que sería anestesia local, la sorpresa fue saber que sería intravenosa. “Le dijeron que estuviera tranquila, que iba a estar despierta”, recuerda una de las hijas de Yenifer, quien vio varias jeringas e inyecciones.
Al inicio su madre estaba consciente, hablaba, movía un pie y avisaba cuando sentía dolor. Después comenzó a hablar diferente y progresivamente entró en un sueño profundo y dejó de moverse. Su hija llamó de inmediato al 123 e iniciaron una videollamada, en la que orientaron al tatuador y al asistente para intentar reanimar a la mujer mientras llegaba una ambulancia. La familia calcula que la maniobra se prolongó 30 minutos y cuando los paramédicos llegaron, asumieron la atención, pero Yenifer no volvió a responder.
Los sedantes que encontraron
Días después de la muerte de Yenifer, la familia encontró detrás de la cama elementos que habrían caído cuando movieron el mueble durante la reanimación, como una caja de Ketamin-50, un frasco de Dormicum (contiene midazolam), una jeringa marcada con esa sustancia y polvo estéril para solución inyectable. Saber si fueron esas sustancias las que le inyectaron a la víctima será tarea de Medicina Legal.
Lo que se sabe, según Jonathan Cantor, esposo de Yenifer, es que los paramédicos les preguntaron al tatuador y al asistente qué habían usado, y mencionaron inicialmente ketamina y luego escuchó de otros cinco medicamentos administrados o mezclados. Sobre la cantidad, no hay un dato preciso, otro dato que quedará para los forenses.
Sobre quien suministró los medicamentos, la Secretaría de Salud constató que no era ni médico, ni anestesiólogo, sino un auxiliar de enfermería, registrado desde el 14 de julio de 2016 en las bases de datos nacionales de Talento Humano en Salud. Pese a que las autoridades lo tienen identificado, vale aclarar que no se ha determinado con precisión qué causó la muerte de Yenifer, ni que él sea el responsable.
Los sedantes encontrados tras la muerte de Yenifer
Días después de la muerte de Yenifer, la familia encontró detrás de la cama varios elementos que, según explica, habrían caído cuando movieron el mueble durante la reanimación.
En las fotografías aparecen una caja de Ketamin-50, un frasco de Dormicum —cuyo principio activo es el midazolam—, una jeringa marcada con esa sustancia, un polvo estéril para solución inyectable y un tapón de heparina.
Su presencia no demuestra que todos hayan sido administrados ni permite establecer las dosis. Medicina Legal deberá determinar qué sustancias estaban en el organismo de Yenifer.
Jonathan Cantor, esposo de Yenifer, relató que durante la atención de la emergencia una de las profesionales preguntó a Sánchez Goez qué medicamentos había suministrado. Según su versión, el hombre mencionó ketamina y se refirió a una cantidad inicial y otra adicional. La profesional habría preguntado entonces: “¿Ya le puso siete?”.
Cantor también asegura que durante ese intercambio se mencionaron cinco medicamentos administrados o mezclados. La familia no pudo precisar si la cifra siete correspondía a mililitros, dosis u otra unidad, un dato que deberá ser aclarado por los análisis forenses.
Luis Alexander Moscoso Osorio, subsecretario de Servicios de Salud, advirtió que los medicamentos utilizados para sedar pueden provocar pérdida de consciencia, alteraciones cardiovasculares, convulsiones y depresión del sistema nervioso.
“Estos medicamentos deben ser utilizados únicamente en entornos clínicos que tengan las condiciones de seguridad correspondientes”, señaló.
La Secretaría de Salud verificó en el Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud que Sánchez Goez figura desde el 14 de julio de 2016 como técnico laboral auxiliar de enfermería, no como médico ni anestesiólogo. La consulta no determina su responsabilidad: Medicina Legal y la Fiscalía deberán establecer si administró las sustancias y si tuvieron relación con la muerte de Yenifer.
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¿Quién realiza una sedación?
La Secretaría de Salud explicó que las sedaciones tienen diferentes niveles y de eso depende el profesional que la puede aplicar. Las de grado I y II son leves, en las que el paciente conserva, en mayor medida, su capacidad de respuesta, y las pueden aplicar médicos generales o especialistas con formación específica en estos medicamentos. Las de grado III y IV, en cambio, implican mayor disminución del nivel de consciencia, parcial o total. Según Moscoso, en esos casos la ley exige que el procedimiento esté a cargo de un anestesiólogo.
Ante esto, Luis Alexánder Moscoso, subsecretario de Servicios de Salud, señala que los medicamentos que se usaron en el caso de Yenifer pueden provocar alteraciones cardiovasculares, convulsiones y depresión del sistema nervioso, por lo que debía realizarse en un espacio con equipos de monitoreo, oxigenación, elementos de reanimación y protocolos para actuar ante una complicación. Además, los auxiliares de enfermería no están autorizados para administrarlos.
Tatuajes a domicilio: otra alerta
Para la Secretaría, el caso también deja una alerta sobre una práctica que ha ganado terreno: tatuajes a domicilio y con medicamentos para disminuir el dolor. Los establecimientos de tatuajes no son prestadores de servicios médicos. Deben estar inscritos ante la autoridad sanitaria y cumplir requisitos de bioseguridad, limpieza, desinfección, esterilización, manejo de residuos y atención de posibles complicaciones. En Bogotá, además, están sujetos a inspección y vigilancia. Esa trazabilidad desaparece cuando el procedimiento se traslada a una vivienda. “Un hogar no es un sitio adecuado para este tipo de atenciones”, insistió el subsecretario de Servicios de Salud.
La entidad fue enfática: durante una sesión de tatuaje no está permitido incorporar sedantes, anestésicos o medicamentos como parte del servicio. Si el dolor requiere manejo farmacológico que implique una sedación, debe intervenir un médico autorizado y hacerlo en un entorno clínico preparado para responder ante una emergencia. La restricción no se limita a los fármacos inyectables. Frente al uso de cremas anestésicas para disminuir el dolor, Moscoso sostuvo que este tipo de productos tampoco debe incorporarse al servicio de tatuaje, cuando implique la administración de un medicamento. “Cuando se hace un tatuaje no es un acto médico, pero utilizar un medicamento para sedar a una persona sí lo es”, agregó Moscoso.
El subdirector sostiene que el problema no es la falta de normas, sino la baja percepción del riesgo. “Por un procedimiento económico o barato, por quitar un dolor, no puedo permitir que cualquier persona, sin formación especializada, haga este tipo de procedimientos en sitios que no cumplen las condiciones”, advirtió. Durante 2025 y en lo corrido de 2026, Salud visitó 428 establecimientos de tatuajes y “piercing” en Bogotá, nueve de ellos en Rafael Uribe Uribe. Una vivienda, en cambio, queda por fuera de esa capacidad de inspección y trazabilidad.
Yenifer dejó tres hijos, de 19, 14 y 10 años. Trabajaba en costura y llevaba más de dos décadas con Jonathan Cantor. La familia tenía listo un viaje a San Andrés para celebrar los 15 años de una de sus hijas. Ella quería terminar el tatuaje antes de viajar. Ahora, mientras Medicina Legal y la Fiscalía esclarecen qué ocurrió, su familia pide que su muerte no quede en la impunidad.
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