Bogotá

23 Jul 2010 - 10:41 p. m.

Nietos de A. Codazzi, los mismos de la urna

Antonio María Londoño se equivocó en sus predicciones.

Redacción Bogotá y País

Cuando don Antonio María Londoño, en su condición de secretario del Concejo de Bogotá, escribió en la urna centenaria de 1911 una rogativa para que sus descendientes fuesen socorridos en caso de caer en la desgracia, sospechaba que la vida podría sumirles en el abandono y la pobreza.

Se equivocó en sus cálculos. Un siglo después, las tres nietas, los 24 bisnietos y no se sabe cuántos tataranietos de los que le sobreviven, no sólo lo hacen en condiciones dignas, sino que cuentan entre su árbol genealógico con dos personajes célebres. El primero es Londoño, cuya importancia histórica quedó al descubierto esta semana, cuando, en acto casi litúrgico, fue abierta en Bogotá la urna centenaria en la que él ayudó a guardar los tesoros que la Bogotá de 1911 le heredó a la de hoy. El segundo, nadie más y nadie menos que Agustín Codazzi, héroe de la independencia y padre de la cartografía colombiana.

El parentesco se selló cuando Luis Alberto Londoño, uno de los hijos de don Antonio María, se casó con Aracelly Convers, nieta del célebre militar italiano vinculado a los corsarios que apoyaron la independencia y quien fuera gran amigo de Francisco de Paula Santander. Una coincidencia histórica que sin tanta seguridad como la urna bicentenaria, pero cuidada eso sí con el mismo recelo, está documentada en las cartas y fotografías de las tres hijas de Luis Alberto y Aracelly que permanecen con vida: Alicia guarda un baúl repleto de testimonios sobre su ancestro. Aracelly (heredó el nombre de la mamá), a sus 73 años, vive en Bogotá. Y María Inés, la de 89 años, viajará a Bogotá el martes, para entrevistarse con el alcalde Samuel Moreno, según le contó en su casa a El Espectador.

Vive sola, en el edificio Corfitolima, del centro de Ibagué, y las cuatro alcobas de su casa están llenas de fotografías de sus ancestros, su paso por la U. Nacional (fue una de las primeras estudiantes de Química en el país) y su hijo Hernando, reconocido ingeniero y docente universitario tolimense, hombre de mirada triste, pelo cano y barbilla semejantes a los del bisabuelo Antonio.

El bisabuelo fue un poco abusivo

Hernando Batancourt, uno de los 24 bisnietos de Antonio María Londoño, guarda un asombroso parecido físico con él. Se aterra cada vez que observa las fotos del ex secretario del Concejo de Bogotá, a quien admira y agradece la preocupación por la familia. Sin embargo, cree que Londoño no debió poner una carta sobre la familia en la urna Bicentenaria. “Fue un acto un poco abusivo”, señala, tras reconocer que la petición tenía su origen en la estrechez en que le tocó vivir a Londoño: “Siendo secretario del Concejo pagaba arriendo, tenía siete hijos y, según cuenta mi mamá, no había prestaciones y los sueldos eran muy bajos. De ahí que don Antonio sintiera tanta angustia”, señala el ingeniero tolimense.

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