Bogotá

29 Sep 2015 - 3:52 p. m.

“Ojalá Alianza Verde deje de ser un campo de aterrizaje”: De Roux

El partido dejó en libertad a sus militantes para que voten por Clara López, Enrique Peñalosa o Rafael Pardo.

Carlos Hernández Osorio

“Mi candidatura sale sobrando”. Así reza la última frase de la carta que Carlos Vicente de Roux le envió a las directivas de la Alianza Verde para renunciar a su candidatura a la Alcaldía de Bogotá. Este concejal concluyó que su partido había caído en la polarización que también vive Bogotá entre fuerzas que tiran a izquierda y derecha, y dado que él quiso representar un punto medio, no se encontró con mayor apoyo.

Ahora que los militantes verdes están en libertad de votar por Clara López (Polo, UP y Maís), Rafael Pardo (Liberal, La U y MIRA) o Enrique Peñalosa (firmas, Cambio Radical y conservadores), De Roux habla en esta entrevista sobre el futuro de su partido, los candidatos que siguen en la campaña y el alcalde Gustavo Petro.

Carlos Ramón González, director Nacional de los verdes, dice que fue un error avalarlo a usted y no haberse decidido desde un comienzo por Clara López o Enrique Peñalosa…

Un partido no solo entra con un candidato para ganar, sino para crecer y promover su programa. Me preocupa mucho la lógica del partido que busca entre los candidatos la fórmula más exitosa. El criterio prevalente debe ser sobre quién puede llevar nuestro ideario a la competencia de cara a la opinión pública. Pero ese no es un problema de los verdes, sino de la cultura política nacional. Ahora bien, a mí no me faltaban los defectos. Tengo un desfase con el tipo de candidato que gusta en Colombia, donde cautivan los candidatos espectáculo, caudillos, que pican pleitos. Nos gustan los caudillos, los superhéroes que van a solucionar nuestros problemas y a librarnos de toda serie de acechanzas. No soy ese tipo de candidato. Puede verse como un defecto, pero mi fortaleza son las propuestas.

Pero, por ejemplo, inicialmente se creía que a Rafael Pardo lo hundiría la supuesta falta de carisma, y hoy está de segundo en las encuestas. Lo que uno nota en su caso es que el partido no pudo solucionar divergencias internas

Aún no termina de fraguarse la identidad ideológica de la Alianza Verde. Surgió como un partido pequeño de centro-izquierda, pero fue víctima de un éxito muy eventual: Mockus, Lucho, Peñalosa y Fajardo, que trataban de estructurar un proyecto y de buscar una casa dónde meterse, tuvieron la posibilidad de llegar a los verdes. Eso malacostumbró al partido a servir de campo de aterrizaje de figuras con mucha trayectoria, votos y recursos para hacer sus campañas. Esos señores estuvieron allí mientras el partido les sirvió y luego se fueron. Mi candidatura surgió desde las bases: había estado 12 años en el Concejo, juicioso, y en consulta con los demás concejales y fuerzas del partido estructuré un programa. Era una candidatura para ser cocinada desde dentro, no de una gran figura que llegara de afuera, pero el código genético del partido no está adaptado a eso. Ojalá deje de ser campo de aterrizaje para grandes figuras y construya con sus dirigentes locales una organización capaz de ser una alternativa en este país.

También aterrizaron los progresistas que inicialmente estaban con Petro. ¿Sí han engranado?

Todavía no, precisamente porque no se ha terminado de fraguar la identidad ideológica de los verdes. Los verdes nos han tratado bien, pero son demasiados ingredientes, muy diferentes, para poder cocinar todavía un buen caldo.

Usted quiso ser el candidato que no quería polarizar, pero esa bandera la ha levantado con más éxito Rafael Pardo. Incluso la senadora Claudia López ya anunció su voto por él. ¿Cree que él representa ese punto medio?

Pardo podría continuar los programas sociales, tesoro de los últimos gobiernos. También, garantizar un liderazgo que convoque a instituciones distritales y ciudadanía, rodeándose de secretarios que sean gerentes para enfrentar temas descuidados como la seguridad, la movilidad, el espacio público. Ahora bien, tendría que desembarazarse de algunos problemas y demostrar que está en condiciones de abrírsele a ciertas influencias, porque ha hecho política con un sector del Partido Liberal, como el gavirismo, que se caracteriza porque mezcla modernidad con atraso. ¿Cómo haría para torear esas fuerzas politiqueras que anidan en Bogotá?

Usted viene de Progresistas. ¿Creyó desde un comienzo que la candidatura de María Mercedes Maldonado terminaría plegada al Polo?

Petro necesita un sucesor amigable. Primero, para que no le ponga el espejo retrovisor; segundo, para que no le escarbe ni lo persiga por los temas de su gobierno; y tercero, para que conserve los programas sociales. Siempre pensé que él estaba esperando quién crecía más entre Pardo y Clara, y como eso no está claro, a la hora de las definiciones optó por el Polo. La gran pregunta es si eso será suficiente para Clara. Por otro lado, ella está comprometida con mantener el tren de la inversión social, pero surge la pregunta de si es garantía de blindaje de recursos públicos, no porque estuviera metida en el carrusel de la contratación, sino porque su partido fue incapaz de quitarle el respaldo al gobierno de los Moreno cuando se hizo evidente que estábamos bajo una cleptocracia.

¿Es Peñalosa realmente esa opción opuesta a lo que se viene haciendo?

Él reivindica que hizo muchas cosas en materia social, y tiene razón: los programas sociales no se los inventó el Polo. También tiene un estilo gerencial orientado a la acción. Sin embargo, cuando propone como grandes propósitos de su gestión desarrollos urbanísticos y de infraestructura entorno al río Bogotá y a los cerros orientales, uno se preocupa. ¿Qué parte de los recursos distritales destinará a eso y hasta qué punto eso crearía desbalances para la asignación del presupuesto social? También lo veo muy insensible al tema ambiental y me preocupa lo que haga con el metro. En lo político, está desamarrado de fuerzas que ocupan el escenario local, pero el apoyo de Germán Vargas Lleras, para mi gusto, no es lo mejor. Y por último, es tan propenso a involucrar los capitales privados que puede caer preso de intereses de los megacontratistas que tradicionalmente han construido las obras de infraestructura y prestado los servicios públicos. Por ejemplo, los operadores de Transmilenio están representados por Germán Arias, que es amigo y fue personero en la Alcaldía de Peñalosa. Me surge una pregunta similar a la que yo le hacía a Clara: ¿Cómo se blindará de influencias indebidas?

Con esa radiografía, ¿votará en blanco?

La campaña no se ha terminado. Estas discusiones son interesantes para ver no solamente qué propone cada candidato, sino cómo pretende hacerlo. Me parece interesante que ellos le digan a la ciudad cómo manejarán esos flancos complicados y qué garantías dan de que los recursos públicos prevalecerán ante esas influencias.

El Espectador ha publicado la financiación de las campañas y usted registró sumas muy inferiores a quienes van en la punta. ¿Es la plata un factor determinante para hacer campaña?

Claro, por la publicidad. Bogotá se ha vuelto una ciudad donde para ser alcalde cuenta mucho ser reconocido en escenarios nacionales. Usted necesita que lo conozca el 80% de la población para que una parte significativa de ese porcentaje esté dispuesta a votar por usted. Por eso mi candidatura, de entrada, tenía bajas posibilidades. Las empresas tienden a buscar, con pragmatismo, a los que van ganando. En mi caso, fui víctima de un círculo vicioso: yo no calificaba bien en las encuestas, mi partido se desmoralizó y no me acompañó con más recursos, en mis recorridos para repartir periódicos, no me propuso suficientes invitaciones a reuniones con comunidades, etc.; y por esa falta de apoyo no crecía en las encuestas. No pude pasar de cierto umbral que me permitiera buscar ayudas afuera. La falla estructural estuvo en la desmoralización que provocaron las encuestas en mi partido.

¿Seguirá en la Alianza Verde?

Claro. Aquí no hubo nada personal. Apoyaré las listas a JAL y Concejo para que hagan un buen control político. No como el que tuvo Petro, que estuvo formado por un bloque de saboteadores sistemáticos y chantajistas.

Cree que Petro, a quien se le reconocen cosas buenas, pero que sale con una imagen negativa mayoritaria, ¿dio al traste con sus aspiraciones presidenciales?

Hay que tener en cuenta que en la Costa Atlántica y los departamentos del suroccidente Petro tiene respaldo porque allá no han padecido los efectos de su mal gobierno. Mucha gente de sectores pobres lo ve como el adalid de la Colombia Humana, y como tienen una tendencia a rechazar a Bogotá y a sus gobernantes tradicionales, se conectan con Petro. Él no es una figura desdeñable en el escenario político nacional. Ahora, si usted me pregunta si quisiera ser gobernado por Petro, le respondo: no, por favor.

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