El alcalde Carlos Fernando Galán y su secretario de Seguridad, César Restrepo, podrán mostrar cifras que indican que el hurto en sus diferentes modalidades se ha reducido, al igual que los homicidios, pero de nada les está sirviendo, porque esto no les transmite ni un poco de tranquilidad a los bogotanos.
El asunto no es repetir como disco rayado que hoy se presentan tres o cuatro hurtos menos que el año pasado. En primer lugar, porque no todos los hurtos se denuncian y, en segundo lugar, porque, aun si esto es cierto, los ladrones siguen al acecho de cualquier ciudadano distraído para robarlo.
Tampoco le está funcionando al alcalde salir todas las semanas en rueda de prensa confirmando capturas mostrando a los integrantes de las estructuras delincuenciales que atemorizan a los bogotanos en las localidades, si no hay estrategias que garanticen tranquilidad en la esquina o la cuadra donde operaba la organización criminal. Una vez esta queda vacía, de inmediato llega otra y ocupa el territorio, lo que termina por convertirse en un círculo vicioso.
Lo anterior no lo dicen ni las calculadoras, ni el lápiz, ni el papel de los técnicos de la Alcaldía de Bogotá; lo dicen los relatos de los ciudadanos en los barrios, los mismos relatos que la administración se niega a escuchar porque, al parecer, es más fácil y complaciente para los funcionarios que les repitan todos los días que dos por dos es cuatro y tres por tres es nueve.
Ni hablar de las basuras, porque la UAESP parece empeñada en demostrar que no es sino otra de las tantas entidades públicas de este país que no sirven para nada. Se les ha pedido, de todas las formas, que aumenten las frecuencias de barrido y que mejoren las estrategias de alerta cuando se presenten puntos de acumulación de basura, pero hablar con los funcionarios de esta institución es como hablarle a una pared.
En muchas ocasiones se les ha mostrado, con fotos, testimonios y videos, que Bogotá sigue llena de basuras y que la puesta en marcha de los contenedores no es sino un desastre heredado de la segunda administración de Enrique Peñalosa. Sin embargo, cuando se les reclama por la falta de atención y decisión en este asunto, vuelven a recurrir a respuestas técnicas con datos que se alejan mucho de la realidad.
Lo mismo cuando se les dice que llegó la hora de aumentar los horarios del sistema TransMilenio en algunos corredores de Bogotá porque hoy la ciudad no se apaga a las 11 de la noche, va mucho más allá y esto lo dice la evidencia, no la ley de oferta y demanda de los técnicos.
Así mismo, podría mencionar otra serie de circunstancias que demuestran que el relato le está ganando al dato en la administración del alcalde de Bogotá, que intenta calmar los ánimos con cifras. El problema es que está logrando lo contrario: los está alborotando, porque no concuerdan en absoluto con lo que a diario viven los ciudadanos en sus barrios.