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(Opinión) Alertas ambientales: desafíos y oportunidades

La contaminación del aire en Bogotá depende de factores que ocurren dentro y fuera la ciudad. ¿En qué debería enfocarse el Distrito?

Manuela Uribe (Directora Ciudades Inteligentes Probogotá Región)
11 de marzo de 2022 - 11:46 p. m.
Contaminación de Bogotá vista desde el Cerro de Monserrate
Contaminación de Bogotá vista desde el Cerro de Monserrate
Foto: El Espectador - José Vargas

Desde el 2018 ocho veces han declarado alerta ambiental en Bogotá por exceder el umbral de calidad de aire aceptable, tendencia preocupante que impacta la salud de la población y el desempeño de la ciudad por cuenta de medias paliativas y restrictivas de la movilidad y la productividad.

Las altas tasas de material particulado PM2.5 afectan la salud pública, es por ello que Bogotá aporta el 19 % de los casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) del país. Las secuelas del Covid-19 podrían aumentar en el mediano y largo plazo, así lo ha constatado un estudio de la Universidad de Harvard, al concluir que un pequeño aumento en la exposición a largo plazo a material particulado PM2.5, conduce a un gran aumento en la tasa de mortalidad por Covid-19.

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La calidad del aire en Bogotá depende de factores diversos, algunos sobre los cuales no se tiene control, denominados endógenos y exógenos; y otros como los antrópicos –causados por el ser humano– y no antrópicos sobre los cuales el Distrito Capital debe enfocar su atención con el objetivo de reducir nuestra vulnerabilidad climática y mejorar nuestras capacidades de predicción, gestión y gobernanza.

Las causas exógenas pueden ser no antrópicas como las corrientes atípicas de viento que provienen de otros continentes tal es el caso de la nube de arena del Sahara que tuvo implicaciones en la alerta ambiental de marzo de 2018; o antrópicas como las quemas forestales que hay en el país como resultado de procesos de deforestación y otros ejercicios extractivos legales o ilegales.

¿Qué hacemos frente a esta situación? Para las causas que no podemos controlar, la ciudad debe conectar sus sistemas de medición, monitoreo y predicción con los sistemas globales de monitoreo. Berlín es un referente en la apertura de información sobre la calidad del aire con autoridades internacionales, locales y a la sociedad civil. Esta apertura en la gestión de datos permite monitorear fenómenos desde distintos frentes, modelar comportamientos y conocer patrones en la calidad del aire, para diseñar estrategias y acciones asertivas con suficiente antelación, evitando que coincidan factores que excedan el umbral de calidad del aire.

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En el ámbito local también pueden identificarse causas como la reducción de la velocidad del viento, cambio en sus direcciones o fenómenos de inversión térmica. Sin embargo, también existen factores estructurales que sí son controlables y que contribuyen considerablemente a la contaminación del aire como la movilidad de carga y pasajeros, que sigue dependiendo mayoritariamente de combustibles fósiles y aportando la mayor cantidad de material particulado, cerca del 57 % (518.844 toneladas) del total de toneladas; la baja tasa de árboles por habitante en suelo urbano, menos de un árbol por habitante, la gestión ineficiente de residuos sólidos, procesos de pavimentación incompletos que producen material particulado por la resuspensión de polvo que generan los vehículos al transitar por vías no pavimentadas, entre otros.

Para estos factores que sí pueden ser controlados o modificados por el Gobierno Distrital, proponemos priorizar acciones en los siguientes temas:

Ejecutar un estratégico programa de pavimentación de vías, especialmente en localidades como Bosa, Kennedy y Ciudad Bolívar. Esta deficiencia en la infraestructura urbana produce un aporte del 89% del PM10 de la ciudad, según el último inventario de emisiones del Distrito.

Diseñar un sistema de incentivos que motive a la industria, al transporte, al comercio y al sector constructor a transformar su producción hacia una que reduzca las emisiones y el material particulado, con especial atención en el manejo de RCDs (Residuos de Construcción y Demolición) por su aporte significativo de PM 2.5.

Acompañar la transición energética del parque automotor hacia energías limpias como la eléctrica, el gas o el hidrógeno, principalmente en el transporte de carga, acompañada de incentivos económicos y operacionales y extensión de la infraestructura que soporta su funcionamiento fijando un plazo razonable para completar la transformación.

Desarrollar sistemas de información, monitoreo y predicción de contaminantes ambientales cruzados con información de salud y socioeconómica con alto nivel de detalle que permita tomar medidas de política pública y gobernanza urbana eficaces y dirigidas a los sectores y población efectivamente impactada. Enfoques de captura de información directamente en las fuentes de contaminación podrían evitar medidas generalizadas que terminan afectando el desarrollo de las actividades cotidianas de la mayoría de los ciudadanos, con impactos en la libertad, el bienestar y competitividad de la ciudad.

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Estrategias de gestión del suelo que han implementado ciudades como Berlín que incentiven el Desarrollo Urbano Orientado al Transporte, con procesos de densificación en torno a la red de transporte público y desincentivando el uso de parqueaderos públicos transformándolos en otras áreas útiles de uso urbano.

En conclusión, la capacidad de la ciudad para prevenir alertas ambientales aumenta conforme nos enfoquemos en atender las deficiencias estructurales y que dependen de la gestión distrital y del comportamiento ciudadano. Por tal motivo, es fundamental priorizar acciones que aceleren la reducción de emisiones, mejoren la calidad urbana y hagan más precisos los sistemas de monitoreo y control. Lograr mejores procesos de control y gestión endógenos permitirá a la ciudad ser más resiliente y adaptable en la gestión de la calidad de su aire frente a aquellos factores que exceden su capacidad de control.

Por Manuela Uribe (Directora Ciudades Inteligentes Probogotá Región)

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