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27 May 2022 - 11:00 a. m.

Opinión: Democratizar la electromovilidad

Comprar un carro eléctrico es carísimo, lo que restringe el cambio a una minoría con alto poder adquisitivo. Es esencial bajar los costos de compra para que más personas puedan acceder a la movilidad eléctrica.
La movilidad eléctrica debe entenderse más allá de los carros. También son bicicletas, patinetas, buses y camiones deben incluirse. Entre más alternativas tengan las personas, más pronto se podrá masificar la nueva tecnología.
La movilidad eléctrica debe entenderse más allá de los carros. También son bicicletas, patinetas, buses y camiones deben incluirse. Entre más alternativas tengan las personas, más pronto se podrá masificar la nueva tecnología.
Foto: Autogermana

Tenemos que dejar de usar combustibles fósiles y migrar hacia una movilidad sostenible. Ese ha sido un mantra, que insistentemente se ha repetido en los últimos años. Como idea es algo que fácilmente podemos compartir, pero hacerlo realidad requiere que los sectores público y privado actúen con audacia; de forma articulada, y que pongan a las personas como prioridad en el proceso de cambio.

Es cierto que el gobierno nacional viene haciendo esfuerzos normativos para allanar el camino hacia la nueva tecnología. También lo es que el sector automotor trabaja en mejorar la tecnología y ofrecer más y mejores alternativas. Sin embargo, esto no es suficiente.

En 2018, según el Balance Energético Colombiano, el consumo de energía en el sector transporte representó el 40% de la energía final. Sin embargo, lo que más preocupa es su alta capacidad contaminante, ya que cerca del 96% es por combustibles fósiles, cuya quema representa un gran riesgo ambiental y para la salud de las personas.

Según el Instituto Nacional de Salud, de las 17.549 muertes por factores de riesgo ambiental, 15.681 estuvieron asociadas a la mala calidad del aire. El Departamento Nacional de Planeación, calcula que los costos relacionados con esta tragedia superan los 12 billones de pesos.

El cambio tecnológico como prioridad esta más que justificado. Los desafíos fundamentales están en los cómo. Aquí el gobierno entrante tendrá un papel determinante. Desafortunadamente, las propuestas de campaña han sido, en el mejor de los casos, buenas intenciones.

Comprar un carro eléctrico es carísimo, lo que restringe el cambio a una minoría con alto poder adquisitivo. Es esencial bajar los costos de compra para que más personas puedan acceder a la movilidad eléctrica. Así mismo, esta debe entenderse más allá de los carros: bicicletas, patinetas, buses y camiones deben incluirse. Entre más alternativas tengan las personas, más pronto se podrá masificar la nueva tecnología.

Este aspecto requiere de un mayor esfuerzo en términos tributarios del estado y muy seguramente de que los fabricantes y comercializadores castiguen sus utilidades por un periodo. Claramente, es un sacrificio en el corto plazo, pero que traerá enormes beneficios para todos en el mediano y largo plazo.

Aunque hoy es posible encontrar puntos de recarga en algunos lugares, ni las redes ni la infraestructura son suficientes para enfrentar el desafío que tenemos. La electromovilidad implica un cambio en la forma en que se planean y gestionan las ciudades. Las normas deben promover que no haya ni una sola zona sin conexión.

Por su parte, el sector privado tiene que desarrollar planes de transición energética en sus edificaciones que les garanticen a residentes, empleados, visitantes y compradores la conectividad, la seguridad y la confianza en la nueva tecnología.

Lo eléctrico no debe ser un obstáculo para acceder al espacio urbano, sino una manera de apropiación. Bienvenida la electromovilidad. En una gran oportunidad para promover un cambio cultural en nuestra sociedad que fortalezca la conciencia ambiental. La motivación para dejar los combustibles fósiles no puede ser evitar el pico y placa.

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