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Opinión: Gustavo Petro el enemigo de Bogotá

El hoy presidente de la República, antes alcalde mayor de Bogotá, ha hecho de la confusión un método y de la desinformación una práctica recurrente frente a ciudadanos incautos. Sus afirmaciones, carentes de rigor y sustento técnico, no pasan de ser ejercicios de charlatanería. Una vez más, intenta distorsionar las causas reales del deterioro de la calidad del aire en la ciudad capital.

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Ricardo Felipe Herrera Carrillo
09 de abril de 2026 - 11:18 p. m.
Presidente de Colombia, ejerce su derecho al voto en las elecciones legislativas y consultas interpartidistas del 8 de Marzo 2026.
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Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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La pobreza de su formación y la ausencia sistemática de rigor en sus planteamientos no son simples defectos: son su marca personal. A Gustavo Petro no le bastó con deteriorar Bogotá, donde dio rienda suelta a su incapacidad y a sus caprichos respaldándose en argumentos absurdos y contradictorios. Hoy, como presidente de la República, replica ese mismo patrón a escala nacional, demostrando coherencia solo en una cosa: su habilidad para desmantelar todo lo que funciona.

Cuando fue congresista, Petro criticaba al Ejecutivo con ferocidad, a veces con razón. Pero al llegar al Palacio Liévano y luego a la Casa de Nariño, se convirtió en aquello que tanto cuestionaba, y lo hizo a lo grande. Se rodeó de la clase política tradicional más cuestionada, la misma que hoy respalda a Iván Cepeda, su sucesor en espera. El resultado: un legado marcado por incompetencia, corrupción y destrucción sistemática de instituciones y proyectos que sí servían.

El ejemplo más claro de este modus operandi destructivo fue su ataque al esquema de aseo de Bogotá. Lo impuso violando la Constitución y la ley, lo que provocó una sanción ejemplar de la Superintendencia de Industria y Comercio, impulsada por este columnista. Los intentos de revocatoria por parte de la señora Cielo Rusinque fracasaron gracias al Tribunal Administrativo de Cundinamarca.

A eso se suman sus ataques a proyectos estructurales y vitales para Bogotá: TransMilenio, la primera línea del metro y las vías de entrada y salida de Bogotá, entre otros. Cada decisión revela un patrón: impedir que la ciudad funcione y/o que lo que hacen otros fracase así sea bueno.

Bogotá también padece -pero a mayor escala- el daño que Petro le causa a todo el país: el deterioro de la salud, de la seguridad, de las finanzas públicas, las dificultades para la expedición de pasaportes y pronto se verán los nefastos efectos del marco tarifario de acueducto expedido y el de aseo que se alista a expedir.

Su irresponsabilidad no se detiene allí. Anunció, sin sustento alguno, que en marzo de 2025 Bogotá se quedaría sin agua potable. Las medidas extremas y la declaratoria de desastre que acompañaron su anuncio nunca se materializaron, como oportunamente advirtió el alcalde Galán porque eran infundadas. Llegó Petro a decir que ordenaría la intervención de las Fuerzas Militares. Ahora repite la fórmula con el estado de la calidad del aire: desinformación, alarma y miedo.

La secretaria distrital de Ambiente, Adriana Soto, profesional rigurosa y experta, puso los puntos sobre las íes. Ni TransMilenio ni los automóviles particulares ni las motos son los responsables del deterioro del aire. Representan, respectivamente, menos del 1 % y del 2 % del material particulado de 2,5 micras que se halla en el aire. Entre 2018 y 2023, recuerda la funcionaria, las emisiones del Sistema TransMilenio se redujeron en casi un 82 %. Fue Enrique Peñalosa, no Petro, quien inició la electrificación de la flota, y el alcalde Galán quién continuará la labor con la adquisición de 700 nuevos buses eléctricos para mejorar la calidad del aire en el suroccidente de la ciudad.

Pero la Dra. Soto advierte algo que Petro parece también ignorar: “de lejos, de lejos…”, el principal responsable del deterioro del aire es el polvo de las vías no pavimentadas. En menor medida, mucho menor, también los vehículos de transporte de carga contribuyen -vehículos chimenea-, aunque el distrito ya trabaja en soluciones concretas para contrarrestar una y otra causa.

Mientras tanto, Petro insiste en generar miedo, sin ajustar la norma nacional que permite de manera laxa este nivel de emisiones, demostrando que su interés nunca ha sido solucionar problemas, sino crear espectáculo político con fines electorales y alimentar falsamente su ego. Tres años y medio en la presidencia y el patrón es claro: desinformación, alarmismo y destrucción de lo que funciona.

Una vez más, queda corroborado que los anuncios de Gustavo Petro tienen más de falaces que de reales en su contenido. Y mientras él juega a la política del miedo, Bogotá y Colombia pagan las consecuencias de su improvisación y caprichos de animadversión por la ciudad que tanto le ha dado y él desprecia.

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Elvis Rojas Ruiz(21348)Hace 1 hora
Totalmente de acuerdo. Por esto los bogotanos tienen que manifestarse en las urnas. Petro siendo Petro. Otra oportunidad perdida.
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