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Durante mucho tiempo, la figura del artista se ha construido bajo una idea de creación asociada a la autonomía, la autoría individual y la excepcionalidad. Sin embargo, en un presente atravesado por la fragmentación y la dificultad para reconocernos en los otros, esa idea empieza a mostrar sus límites, no solo en lo conceptual, sino en su capacidad para responder a realidades sociales marcadas por el carácter transitorio y volátil de las relaciones interpersonales.
En ese escenario, la cocreación aparece menos como una tendencia y más como una necesidad de época. Invita a construir sentido en común, a comprender el mundo que habitamos y a encontrar formas de sostenerlo y transformarlo a través del desarrollo colaborativo de nuevo valor desde metodologías que suponen que el conocimiento no es pre-existente; emerge a través de la interacción.
Los laboratorios han venido consolidándose como espacios donde estos supuestos toman forma. Son escenarios de investigación, experimentación y diálogo en los que el proceso deja de ser un medio y adquiere valor propio como espacio de creación. Es allí donde se tejen relaciones, se negocian sentidos y se ensayan formas de hacer que difícilmente se darían en esquemas tradicionales.
Esto también supone un desplazamiento en el lugar donde ocurre lo artístico. La creación se expande más allá de los circuitos habituales y se instala en los barrios, en la vida cotidiana de quienes habitan la ciudad. En ese tránsito, el artista deja de operar desde la excepcionalidad y se reconoce como parte de un entramado social y cultural más amplio.
Justamente desde esta visión surge, en 2024, el proyecto ARTEFACTUM del Instituto Distrital de las Artes, IDARTES.
Se trata de una manera innovadora de promover y apoyar la relación entre artistas, comunidades e instituciones que, si bien parte de reconocer las prácticas que ya existen en los territorios, busca abrir un nuevo escenario para la investigación y la creación lo que, de suyo, supone, establecer una forma innovadora de fomento creativo en la ciudad.
No se trata de que los participantes lleguen a mostrar lo que ya traen, sino de generar condiciones para que, desde sus propios intereses, formulen preguntas, ensayen caminos y desarrollen procesos inéditos. El foco, en ese sentido, está en los artistas de los territorios y en su capacidad de activar nuevas formas de creación. A partir de ahí, se ha ido configurando un sistema en el que las experiencias no se quedan aisladas: se conectan, circulan y encuentran formas de crecer en distintos niveles.
Un primer resultado de este ejercicio de experimentación creativa es la obra Cartas a la nevera, producto del Laboratorio de cocreación de arte dramático Escena Joven, de artistas jóvenes en diálogo con Johan Velandia, que hizo parte del Festival Internacional de las Artes Vivas de Bogotá, FIAV 2026. Con tres funciones y más de 800 asistentes, la pieza muestra que el trabajo de cocreación puede sostener propuestas escénicas sólidas, con capacidad de convocar públicos amplios y, sobre todo, de dialogar con el presente.
La línea audiovisual da cuenta de otros alcances. Tres reinas rojas, cortometraje producido por 19 artistas en Engativá, surge de un proceso de experimentación colectiva que construye una mirada sobre la soledad y el desencanto en medio de lo urbano/cotidiano. El corto hizo parte de la programación de la franja Cine en los barrios del 65 FICCI, Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias 2026.
Que una obra surgida en una localidad de Bogotá llegue a un escenario como el FICCI no es un detalle menor. Es una señal clara de la capacidad de estos procesos para producir propuestas que dialogan con los lenguajes contemporáneos y que logran insertarse en circuitos más amplios de circulación lo que refleja, a su vez, la capacidad creativa de los artistas bogotanos en la vanguardia.
A esto se suma la presencia de procesos de artes plásticas en escenarios como la ARTBO, donde proyectos como Memorias sedimentadas de Techotiba expanden la conversación sobre la ciudad desde otros lenguajes. Este dispositivo toma el bicitaxi como punto de partida para activar preguntas sobre movilidad, economías populares y transformaciones urbanas. Su apertura al público se realizó el pasado 17 de abril en la Cámara de Comercio de Bogotá – sede Kennedy, e incluyó una visita guiada a cargo del curador y una programación que activó el proyecto como espacio de recorrido y medio de conversación.
Esta misma lógica se extiende al campo de la literatura. En la Feria Internacional del Libro de Bogotá, FilBo 2026, se realizó el lanzamiento de la colección Voces de Bogotá. Testimonios de ciudad, resultado de los laboratorios de escritura, investigación y acción en el ámbito de la creación literaria. Construida desde cinco localidades, la colección reúne textos de 37 autoras y autores que emergen de los barrios lo que, amén del valor creativo, supone también una forma concreta de fortalecer la cultura escrita en Bogotá.
Leídos en conjunto, estos resultados permiten reconocer la pertinencia y las posibilidades del trabajo conjunto de cocreación y la innovación del fomento en Bogotá. En un momento en el que el mundo parece insistir en separarnos, el arte puede operar en sentido contrario: generar condiciones para el encuentro, el trabajo compartido y la construcción de sentidos comunes.
Los 896 artistas que se presentaron a la convocatoria 2026 no son solo una cifra. Son una señal clara de que hay una necesidad latente de crear, de investigar y de encontrar en el arte un espacio para pensar el presente. Porque hoy, más que nunca, crear con otros parece ser una forma ideal de responder al mundo que habitamos en el ámbito de las artes.
* Maria Claudia Parías, directora General Idartes