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Empezando el año, por casualidad vi en un telenoticiero al alcalde Carlos Fernando Galán, con ufana sonrisa, informando que en el 2025 Bogotá tuvo un significativo crecimiento económico. Según el DANE, el PIB de Bogotá creció un 3,9% en el primer trimestre de 2025, impulsado por actividades artísticas, de entretenimiento y recreación, así como por la administración pública y defensa.
La Cámara de Comercio de Bogotá reportó un crecimiento del 6% en la creación de empresas en la ciudad durante los primeros once meses de 2025, con un total de 81.372 empresas creadas. La Secretaría Distrital de Desarrollo Económico ha destacado el liderazgo de Bogotá en la economía nacional, con una participación del 25% en el PIB nacional.
De esta noticia lo que me asombra y también me alegra es que entre los cuatro sectores que más contribuyeron al crecimiento económico están las actividades artísticas. Es reconfortante que eventos culturales, espectáculos, ferias y productos artísticos, además de su invaluable función humanizadora, ya el “combo empresarial “ reconozca y valore su aporte a la economía. Sobre todo porque en nuestro país la Cultura ha sido el sector paria en los planes de desarrollo, la cenicienta en la distribución de los presupuestos, así mismo, las familias clase media rara vez aprueban el que los hijos opten por estudiar artes; “practica ese arte como un hobby y estudia una carrera productiva” es el consejo común que se desvirtúa en países donde el cine, la industria del entretenimiento, los emporios del espectáculo y el mercado del arte generan ganancias millonarias a artistas y empresarios.
Respecto a la participación al PIB de las actividades artísticas en Bogotá, distingo varias causales: primero, el Distrito capital es sede de empresarios del espectáculos, productoras audiovisuales, la programación cultural internacional, cuenta con escenarios en infraestructura adecuada para conciertos, artes escénicas, la feria del libro y exposiciones varias.
Segundo, la Ley del espectáculo que desde 2011 regula la industria del espectáculo público de las artes escénicas en el país y que entre sus objetivos está el aumento de la competitividad y la generación de flujos económicos.
Lo tercero y que es lo que me animó a escribir esta columna, es la plausible labor del actual Secretario de Cultura, Santiago Trujillo. Su arte es la música, su instrumento el violín, pero, por quién sabe qué influjo providencial asumió la misión existencial de servir a los artistas y contribuir en la preservación y el desarrollo de la cultura nacional.
De hecho, por su cuenta ha estado atento a los procesos y a las necesidades de los distintos sectores artísticos, además de estudiar y reflexionar sobre la historia y la realidad cultural del país, y, aquí en la Capital, hace rato que ha dispuesto su idoneidad a favor del desarrollo de las artes y la cultura bogotana: como subdirector de la filarmónica, como asesor en la concepción de la nueva Cinemateca, como director del Instituto Distrital de las Artes (IDARTES) durante la alcaldía de Gustavo Petro Urrego en Bogotá.
Durante su gestión, IDARTES se enfocó en posicionar a Bogotá como una de las capitales más importantes del arte en América Latina, destacando el arte urbano y fortaleciendo programas como Libro al Viento y festivales al parque…Ahora, desde la Secretaría de Cultura, logra ejecuciones transversales, esto es, que hoteleros, gastrónomos, empresarios diversos, se favorezcan de la oferta cultural y dada la eficacia de su estrategia, más que gerenciar, Santiago Trujillo oficia una gobernanza cultural.
Expliquémoslo con sus propias palabras: “Nuestro compromiso es claro: Planeación, participación amplia y ejecución responsable. Ejecutar no es aplastar la Cultura bajo el cemento, es convertir planes, acuerdos y diagnósticos, en resultados visibles para la ciudadanía”.
Como artista agradezco a Santiago Trujillo el que posicione las artes como factor de desarrollo económico, además, en lo social reconozco lo que aportan a la convivencia armónica programas como Barrios Vivos desarrollando 167 laboratorios de co-creación, impactando a más de 16 mil personas.
Sí. La oferta de eventos y espectáculos artísticos de Bogotá está a la altura de las grandes capitales del continente. Ojalá la ciudadanía y el empresariado valoren el promisorio devenir cultural de la capital de Colombia
