Un nuevo Congreso de la República iniciará labores el próximo 20 de julio y, con ello, una nueva bancada compuesta por 18 representantes a la Cámara llegará para defender los intereses de Bogotá ante el Gobierno Nacional.
Algunos de estos 18 representantes repiten curul, mientras que otros llegan por primera vez.
Durante la campaña se les escuchó prometer el cielo y la tierra con temas generales que, por supuesto, involucran a todos los bogotanos por tratarse de asuntos del ámbito nacional, pero que no son del entorno exclusivo de la ciudad de Bogotá. Esto, al menos para mí, demuestra una vez más que a los representantes a la Cámara que llegan con los votos de Bogotá poco o nada les importa la suerte de la capital del país.
Por lo anterior, no fue extraño verlos durante el actual período legislativo —que está a punto de terminar— en una especie de turismo parlamentario en medio del plan “Vive Colombia, viaja por ella”, y poco o nada se les vio en las localidades de la ciudad que les dio los votos para ocupar una curul en el Congreso de la República, con la idea de defenderla de un Gobierno Nacional que se le quiso atravesar como vaca muerta en medio del camino.
Espero que la nueva bancada de representantes a la Cámara por Bogotá tenga claro que la capital del país necesita una ley de seguridad que ayude a mejorar los índices de inseguridad que agobian a sus habitantes, pero que incluya también al entorno de la ciudad, es decir, al conjunto de municipios vecinos y al mismo departamento de Cundinamarca.
Además, se requieren ajustes a la aplicación de la justicia en Colombia, de tal forma que este responda a las realidades de las ciudades capitales, como Bogotá, para que los jueces ya no tengan más razones para dejar en libertad a los delincuentes, especialmente cuando son reincidentes.
Y, por supuesto, no deben olvidar que la obligación de pedir explicaciones al Gobierno Nacional por la presencia en la ciudad de personas que integran grupos armados ilegales como el Ejército de Liberación Nacional y organizaciones criminales como el Clan del Golfo es de los representantes a la Cámara por Bogotá, y que no pueden ni deben dejar solo al Concejo de Bogotá, ni en este debate ni en muchos otros.
Lo anterior hace necesario que la bancada de representantes a la Cámara por Bogotá dialogue de cara a la ciudadanía, no solo con el Concejo de Bogotá, sino también con la Asamblea de Cundinamarca y con la bancada del departamento en la Cámara de Representantes.
Es claro que la capital del país no es una isla como lo son San Andrés y Providencia; por el contrario, debe actuar en conjunto con el departamento en muchísimos temas, poniendo fin a esa inútil rivalidad que tanto daño ha hecho a ambas partes.
Por último, debe acabarse el argumento de que hacer debates desde el Congreso de la República al alcalde de la capital es quitarle competencias al Concejo de Bogotá.
Bien lo dice el Auto 308 del 29 de julio de 2015 de la Corte Constitucional de Colombia: “El Congreso de la República puede ejercer control político sobre alcaldes y gobernadores, pero tal control puede recaer solamente sobre asuntos de interés nacional y no de carácter meramente local”.
Soy de los que cree que el solo hecho de que Bogotá vote exclusivamente por 18 personas para que la representen en el Congreso de la República y la defiendan ante el Gobierno Nacional les genera a estos una responsabilidad que no pueden ni deben olvidar.
Sin embargo, hemos visto que, con demasiada frecuencia, terminan dedicados a mirar temas de toda índole, menos los de la capital del país, a la que le deben su llegada a esas curules.