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Con el concepto de “Seguridad Humana” de Naciones Unidas, se evidenció que hablar de seguridad en la actualidad no puede reducirse a medir delitos. Si se sigue con dicha mirada, es solo esperar que hurten a un ciudadano, lo lesionen, abusen o maten para que esa acción entre a los números y desde ahí poder focalizar acciones.
Si bien las cifras muestran tendencias de delitos y son la base de la creación de mapas de calor y focalización de acciones, entender cómo las causas económicas, sociales, históricas y hasta culturales inciden en los panoramas de violencias y en las rentas delincuenciales, es clave para prevenir antes que reaccionar.
El problema de la política de seguridad, es que pareciera más política punitiva, pues se espera instalar más cámaras para ver quién roba o mata y tener “la prueba” e intentar atraparlo.
Entender que la seguridad no solo depende de Policía y Fiscalía, sino que todos los sectores de la administración pública deben aportar, es un paso gigantesco que ya se estaba dando desde los 2000 en la capital, pero que pareciera abandonarse.
Quizás el síndrome de Adán en la función pública es el que no permite que Bogotá tenga actualmente una política de seguridad integral. El síndrome consiste en pensar que todo lo de la anterior administración era caos y que no hay mucho por continuar, profundizar e impulsar de lo que se traía. Ahí está el error, pues el desarrollo de una ciudad se basa en construir sobre lo construido.
Los Territorios de Paz de la Alcaldía de Petro, los Territorios de Alta Complejidad de Peñalosa y el plan Bogotá 60 de Claudia, dejaron claro que cualquier intervención que se le pida a Policía, requiere acompañamiento de todas las entidades para lograr desde mejoras en el espacio público, pasando por cambio de luminarias, conexión de cámaras de privados al centro de comando, hasta poda de árboles para evitar la penumbra.
El problema es que, por ejemplo, podar un árbol, pasa por revisar si está caracterizado por el Jardín Botánico, si tiene registro en Secretaría de Ambiente, si la UAESP lo tiene en los contratos de los operadores de aseo; si está tocando cables de luz para que ENEL apruebe, comunicar a Bomberos y puede que al final todo se complique si está en un canal o rio, porque sería asunto de la CAR.
Un tema tan sencillo como podar un árbol podría cambiar la vida de las personas de esa calle: podar el árbol para que no tape la luz, lograr con ello que la calle no sea oscura, pasar a que la ciudadanía transite por ahí, para así convertir el espacio en un lugar transitado y habitado que aleje las conductas delictivas que aprovechan esas situaciones para cometer hurtos o acoso.
En resumen, para podar un árbol toca hacer cuatro cartas, un comité, tres visitas y a lo mejor un derecho de petición para que al final, el tiempo sea tanto, que la rama caiga a la calle por su propio peso.
