“Hoy la Cárcel Distrital tiene una capacidad cercana a los mil reclusos. La nueva cárcel, la segunda que vamos a construir, tendrá el doble de capacidad: 2.000 cupos. Vamos a replicar el modelo que ha demostrado que se puede hacer una cárcel que funcione bien, donde no haya hacinamiento ni extorsión y donde se garanticen los derechos de las personas privadas de la libertad”
Esas fueron las declaraciones del Alcalde Galán el pasado 9 de abril de 2025; sin embargo, según el Concejo de Bogotá, la obra no ha comenzado, a pesar de contar con el predio de 2,9 hectáreas contiguo a la cárcel La Picota desde el 2024.
Eso se sumó a la terminación de un convenio suscrito con la Empresa de Renovación y Desarrollo Urbano de Bogotá, que contaba con un presupuesto superior a los 5.000 millones de pesos.
Más allá del populismo extremo que se usa especialmente en temporadas electorales sobre la construcción o no de cárceles, es importante decir que el problema no es debatir si se necesitan cárceles al estilo Bukele o si no se requieren, porque el contexto de Colombia es absolutamente diferente.
En el mundo no hay un solo país soberano que no tenga cárceles, lo que sí ha pasado es que paulatinamente han disminuido su población carcelaria y han llegado a no necesitar todos los cupos de los centros penitenciarios. El ejemplo más claro está en los Países Bajos, en donde debido a la caída que se ha sostenido de los diferentes delitos de alto impacto, cada vez, el número de delitos y entre tanto delincuentes es menor; incluso muchas de las cárceles ahora son alquiladas a Bélgica y Noruega.
En contraste, en nuestro país las cárceles se convirtieron en hoteles de lujo donde entran chef, cantantes para conciertos privados y donde se construyen altillos en celdas, con televisores para ver el mundial.
Sin embargo, no hay que perder la esperanza, hay una cárcel que es modelo para todo el país: La Cárcel Distrital, la misma que fue modernizada durante la primera administración de Peñalosa, actualizando el modelo carcelario desde la mirada arquitectónica, con sistemas de vigilancia y un modelo de seguridad que permitió ser la única cárcel certificada del país en las administraciones de Petro y Claudia por la Asociación Americana de Correccionales (ACA).
En esta cárcel, no se han presentado motines y no se tienen denuncias sobre presunta corrupción o mafias al interior. Allí también, pueden culminar sus estudios de bachillerato e iniciar carreras técnicas, pero además, hay talleres que les permiten generar ingresos para que las familias afuera reciban ingresos por el trabajo intramural de las personas privadas de la libertad.
Pese a ello, el proyecto que ya prácticamente estaba estructurado desde el año 2023 se cayó como también pasó con la segunda línea del metro y el Regiotram. Pareciera que el asunto es que la actual administración presuntamente no tiene un equipo técnico de alto nivel que pueda sacar macro obras, sin importar el campo o tema.