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23 Jun 2022 - 4:28 p. m.

Opinión: Un desafío llamado motos

Comprar una moto es atractivo desde donde se vea, son baratas, puede ser una herramienta de trabajo, y, como si fuera poco, no pagan peajes. Ante el crecimiento continuo de su venta en el país, cabe preguntarte ¿qué hacer con ellas?
Se calcula que a final de año el total de ventas de motos cerrará en 900.000.
Se calcula que a final de año el total de ventas de motos cerrará en 900.000.
Foto: archivo

La venta de motos sigue creciendo en Colombia. Solo entre enero y mayo de 2022 se vendieron 350.000 aproximadamente, lo que representa un aumento del 36% frente al mismo periodo del año anterior. Lo más preocupante es que parece que el panorama no cambiará. Según Andemos (Asociación Nacional de Movilidad Sostenible), estos números seguirán subiendo, pues calculan que a final de año el total de ventas cerrará en 900.000.

Es importante recordar que en Colombia hay más de 10.3 millones de motos, el 60% del total del parque automotor del país. Bogotá, Medellín, Bucaramanga y Cali son las capitales en donde más motos se venden. Sin embargo, este no es un desafío solo de grandes ciudades. Funza, Sabaneta y Soacha son los municipios en los que más se registran nuevas motos.

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¿Por qué crecen tanto y tan rápido?

Varias razones. Son el primer paso en la motorización de las personas. Son baratas, de fácil adquisición y ahora con flexibles condiciones de financiación. También porque permiten llevar una persona más y puede ser una herramienta de trabajo. Sus costos de mantenimiento y los impuestos son menores que los de un carro. Y como si fuera poco, no pagan peajes. Son atractivas por donde se les vea.

Entonces ¿Qué hacer con ellas?

Primero. Es un cambio de mentalidad y de actitud que pasa por entender que las motos llegaron para quedarse. Así mismo, que las autoridades y la ciudadanía dejen de verlas simplemente como un problema y las reconozcan como una alternativa de movilidad y trabajo de millones de personas, principalmente, de ingresos bajos y medios. Eso significa que las motos tienen un fuerte componente social que no se puede ni ignorar ni menospreciar.

Segundo. Es fundamental que se fortalezcan los requisitos para acceder a una moto, así como hacer más exigentes los cursos de conducción, los controles en vía y las exigencias en equipos de protección. Esto no puede verse ni asumirse como un castigo hacia un sector de la población. Al contrario, es una acción de sensatez frente a una realidad. Ser motociclistas es una gran responsabilidad.

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Tercero. La seguridad vial es una prioridad. Es esencial que las autoridades, la industria de las motos y los usuarios trabajen de forma articulada para generar un cambio cultural profundo. Más allá de las ventas, hay una responsabilidad por salvar vidas que ninguno de los tres puede seguir evadiendo. En los últimos 10 años casi 40.000 motociclistas murieron en accidentes de tránsito y en los últimos 5 años tuvimos 100.000 lesionados. Esta situación se agrava si se tiene en cuenta que la mayoría de los involucrados son personas menores de 35 años.

Y cuarto. Que el gobierno nacional no escurra el bulto porque sin su apoyo los gobiernos locales poco podrán hacer. Las medidas efectistas de poco o nada servirán. Ojalá que el presidente Gustavo Petro asuma un liderazgo decidido y comprometido frente al inmenso desafío que se llama motos, algo que ninguno de sus antecesores quiso tener.

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