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El sábado 22 de agosto, en el minuto 33 del Santa Fe–América, integrantes del Barón Rojo Sur intentaron robarle el trapo a un parche familiar de la Comunidad Santafereña en oriental. La Guardia Albirroja Sur bajó a responder, la pelea terminó en la cancha, el partido se suspendió y quedaron 17 heridos. Capturados: ninguno. Unos cuantos comparendos. Lo de siempre: videos, indignación, comunicados y, en dos semanas, nada.
Sobre la responsabilidad de los violentos ya escribí y ya está dicho todo. Hoy quiero hablar de las herramientas que no existen para sancionar, judicializar y prevenir. Y hablarle, una por una, a las entidades que deben ponerlas.
A la Fiscalía General de la Nación
Las investigaciones por violencia en el fútbol en Colombia son pírricas. Las condenas por homicidios y lesiones personales asociadas a barras se cuentan con las manos. No es porque los casos sean imposibles, es porque no son prioridad. No hay líneas de investigación definidas, no hay contexto, no hay quien entienda cómo funciona una barra. El código del silencio es absoluto y del otro lado no hay nadie preguntando. Donde no llega la justicia, llega la venganza. Cada herido sin caso es una deuda que la barra cobra sola, meses después, en una carretera o en un barrio. Lo que se necesita es un equipo especializado que conozca las barras, sus jerarquías, sus códigos, sus historias, sus rencores acumulados y que investigue esto como lo que es, violencia organizada, con estructuras identificables y móviles rastreables.
Al Ministerio del Deporte
Lleva años en mora de exigirles a los clubes (entidades privadas que operan un espectáculo público) la individualización y el enrolamiento de quien entra al estadio, en especial a las tribunas populares. Con el número de cédula, con los operadores de boletería, con códigos QR, esto es técnicamente posible. Hoy sabemos qué boleta corresponde a qué tribuna, pero no sabemos qué persona ocupa esa boleta. No hay obligación de compartir datos ni interoperabilidad entre clubes, operadores de boletería y autoridades. Y sin eso, las cámaras de reconocimiento facial (que ya tienen algunos estadios) son un adorno costoso, sirven para tomarle fotos a un vándalo cuyo nombre nadie puede establecer. No se trata de expedir un carné más para la billetera. Se trata de poder responder tres preguntas después de cada desmán: cómo se llama, con qué boleta entró, en qué localidad estaba. Sin eso, lo único que queda es una imagen dolorosa circulando en redes.
A la Dimayor y a las comisiones locales de fútbol
Las sanciones típicas (sin hinchada visitante, sin bombos, sin banderas por unas fechas) ya no dicen nada. Hoy el castigo consiste en no dejar entrar a la barra al estadio donde ocurrieron los hechos. Si una barra genera violencia en Bogotá, puede entrar sin problema en Barranquilla la semana siguiente. La violencia no la determina la ciudad, la determina la barra. Barra que genera violencia en un estadio, barra que no entra a ningún estadio del país por un tiempo determinado. Que Asocapitales y la Dimayor lo acuerden a través de las comisiones de fútbol; es simple y no requiere ley nueva. Y una segunda medida, igual de obvia, si en el control de carretera a la entrada de la ciudad se encuentran armas blancas en los buses, lo lógico es devolver los buses, no decomisar el cuchillo y dejarlos seguir. Hoy premiamos al que viene armado con el derecho a ver el partido.
A los equipos
Durante años se escudaron en que la seguridad dentro del estadio es tarea de la Policía, mientras ellos ponen unos muchachos con peto a indicar dónde queda la silla. Nadie ve policías dentro de un concierto, porque el promotor paga seguridad de verdad. Los equipos deben meterse la mano al bolsillo, filtros serios, protocolos, personal entrenado. Y cuando se constate que la falla estuvo en el filtro o en el protocolo, el sancionado debe ser el club, no la ciudad ni la Policía. Los equipos deben invertir en seguridad y no escudarse en que lo haga la policía, que dejen de ser chichipatos.
A las alcaldías
Prevención y judicialización, sí, pero también promoción. Estigmatizar a todo el que va al estadio es el peor camino, los violentos son poquísimos y se escudan en la multitud y en la ausencia de tecnología y de normas para actuar impunemente. Goles en Paz sigue siendo uno de los programas más exitosos del país y hay que sostenerlo y replicarlo en las tribunas, en los barrios y en las carreteras.
Y a las barras
Ustedes no son organizaciones improvisadas. Tienen jerarquías, liderazgos reconocidos, presencia territorial y capacidad de convocatoria en media ciudad. Lo he visto de primera mano. Si esa capacidad no se usa para expulsar a los violentos y para dejar de justificar lo injustificable, no habrá tecnología ni fiscal que alcance. Arrinconen a los que quieren dañar la fiesta y el proceso, a los que necesitan que prime la violencia para tener algo que decir. Nadie más puede hacer esa parte.
