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Faltan siete meses para elegir al sucesor de Petro, fecha en la cual desaparecerá su gobernabilidad, en la práctica. Es hora de hacer una evaluación sobre él y su gestión. De 1 a 5, siendo 5 la mejor nota, ¿cuál calificación le daría al funcionario Petro en personalidad, capacidad ejecutiva y gerencial, y facultad de conformar equipo?
En retórica, autobombo, fabricación de cortinas de humo, uso descarado de la publicidad para presentar propuestas como si fueran logros ya cumplidos, y energía para estar todo el tiempo en campaña, le pongo 5. En gerencia pública, conformación de equipo, iniciativas y obras transformadoras para Bogotá, capacidad de unir a los ciudadanos alrededor de propósitos comunes, el alcalde se raja. Un claro ejemplo de esta calificación es la chiflada que le propinaron recientemente los alumnos del colegio Inem, de la localidad de Kennedy, que sabían que prometerles, al final de un mandato, una nueva sede de la Universidad Distrital era pura carreta. Ni siquiera cumplió nada de lo que propuso como candidato para la universidad. Vea usted que no está construida ninguna de las sedes sobre las que tanto cacareó.
En cuanto a gestión, ¿Bogotá está hoy mejor, igual o peor que cuando se inició la administración actual?
El retroceso para Bogotá es muy grave en los principales indicadores, como seguridad, infraestructura, movilidad, Transmilenio, gestión de recursos públicos y civismo. Un ejemplo concreto es la parálisis del Instituto de Desarrollo Urbano. Su director ha dicho, sin avergonzarse, que entregará las vías en el mismo estado en que las recibió la administración. La Alcaldía lleva tres años anunciando la ampliación de cinco estaciones de Transmilenio en la autopista Norte, que es una obra pequeña, pero no las entrega. La troncal de la Boyacá, el metrocable de Ciudad Bolívar, el sistema público de bicicletas son otros anuncios de proyectos que tienen financiación y, sin embargo, han sido incapaces de ejecutar un peso para convertirlos en realidad.
Sin embargo, y contra todos los pronósticos, pareciera que el alcalde terminará el período para el que fue elegido, pese a la destitución del procurador, porque faltando pocos meses para concluir período el Consejo de Estado sigue sin pronunciarse. ¿Le ganó Petro el pulso a Ordóñez?
Así es, pero, por el camino, perdimos todos los bogotanos. La administración, que ya había demostrado su incapacidad gerencial, derivó en ejercicio de la defensa del alcalde, en un sistema “mitinguero” para el que se usaron inmensos recursos de la ciudad. Los funcionarios distritales, dedicados a marchas y concentraciones, descuidaron sus tareas. Y como si esto no fuera suficientemente malo para la ciudad, una porción del gabinete se fue a reforzar la reelección de Santos tiempo después. La exorbitante sanción que el procurador le impuso a Petro le dio al alcalde el papayazo de meterse en una coalición antiuribista con una parte del establecimiento político y judicial. Gracias a estos inesperados apoyos, se mantiene en el poder. ¡Vaya paradoja! El establecimiento, tan criticado por el alcalde, lo salvó, tal como Caldera salvó a Chávez.
Entonces, le pareció, como a otros críticos de Petro, exagerada la sanción de destitución por la crisis de las basuras.
Sí, la sanción fue desmesurada para la falta cometida. Al mismo tiempo hay que decir que hubo un inmenso error gerencial del alcalde y que él desperdició la oportunidad de crear un sistema público sólido de operación de las basuras.
Se suponía que el lío del manejo de las basuras estaba solucionado...
No. Reitero, por su estilo “mitinguero” la administración no organizó con seriedad la creación de un operador público de basuras. Jurídicamente, hoy estamos en un limbo. Se requiere de un nuevo proceso de licitación que ni siquiera está en preparación. El próximo gobierno distrital recibirá un sistema con costos ocultos muy grandes, a los que se suma un berenjenal jurídico. Queda montada una nueva Edis (antigua empresa pública de recolección de desechos). Podrá usted adivinar las consecuencias de su activación. El programa Basura Cero fracasó, actualmente se depositan más residuos en Doña Juana que hace cuatro años y las ganancias de los contratistas privados no disminuyeron.
Cierto o falso: los bogotanos tienen la impresión de que la ciudad es hoy más caótica y desordenada, pero Petro y algunos de sus funcionarios cercanos aseguran que esa apreciación es injusta.
El alcalde profundizó el problema de desconfianza de los bogotanos por su incapacidad para tener una visión de conjunto de la ciudad. Como ignoraba el manejo de los problemas urbanos menospreció el conocimiento de los técnicos y pensó que todo se resolvía a punta de retórica. Aplicó el sistema “Maduro” de selección de personal: los funcionarios, como en Venezuela, son escogidos no por sus habilidades técnicas o gerenciales sino por su capacidad de adulación y servilismo al caudillo. Y ahí tiene usted a Maduro de presidente.
Me llama la atención su comparación entre Petro y la situación venezolana. ¿Cree que, con la imagen negativa que en la actualidad pesa sobre Petro, todavía puede resurgir de entre las cenizas de sus crisis y ser presidente, como Maduro?
El meollo del asunto es que Petro ha usado y abusado del aparato administrativo distrital para hacer política. En circunstancias similares, y cuando cualquier otro funcionario hubiera sido sancionado por participación en política, él ha salido impune. Comprenderá por qué comparo esta situación con la venezolana.
Consideremos dos aspectos puntuales de la Bogotá Humana: salud y educación. ¿Qué opina del desempeño petrista en estas materias?
En salud, le menciono tres casos concretos: 1. El alcalde recibió, en situación de parálisis, la construcción del hospital de El Tintal, clave para el suroccidente, la zona de Patio Bonito y El Tintal; pues bien, no ha puesto un ladrillo. 2. La sala de urgencias del hospital de Kennedy venía funcionando en un parqueadero. Ahí mismo la deja. 3. La ampliación del hospital de Meissen estaba en veremos cuando él llegó, y en veremos la deja. En materia de educación, el panorama no es mejor: ha incumplido la meta de construir treinta colegios nuevos en un número igual de lotes nuevos. En vez de hacerlos, ha presentado, hábilmente, como si fueran proyectos suyos, los centros educativos que venían siendo levantados debido a la gestión de gobiernos pasados. Y en la meta de tener jornada única estudiantil, el incumplimiento es casi total, hecho incluso reconocido por su propia bancada en el Concejo.
En buena medida el alcalde ganó la elección pasada por la promesa de que dejaría la ciudad dotada de metro. Cuando Petro se vaya, ¿Bogotá tendrá, al menos, los diseños aprobados de ese proyecto?
Con la crisis de las finanzas nacionales, el metro está embolatado. Debido a los recortes al presupuesto nacional, la primera línea que nos habían prometido es cada vez más corta. Significa que si se hiciera esa línea desde Bosa hasta el centro, habría que abandonar a la gente, otra vez, en Transmilenio, que ya está reventado. En cuanto al metro, el alcalde presenta, hasta el momento, un balance igual al de Samuel Moreno: ambos nos dejan un video, cada uno, sobre ese sistema de transporte. Me temo que nuestra herencia sigue consistiendo en... metros de promesas.
¿Cómo están hoy las finanzas de la ciudad, que tenían fama de ser bien manejadas?
Funcionan porque los bogotanos pagan cumplidamente sus impuestos en su gran mayoría, pero el retorno positivo es cada vez menor, porque se han incrementado la burocracia y el gasto público, sin que eso se refleje en un auténtico progreso. Como dije, teniendo a su disposición inmensos recursos, este gobierno ha sido incapaz de hacer nada.
Para que no parezca un ataque a ultranza, deme, por favor, un ejemplo concreto y en cifras reales.
Mire esta advertencia de la Contraloría General que cito entre comillas: “De los $517.000 millones de recursos de regalías asignados a Bogotá entre 2011 y 2014, no se han aprobado $277.000 millones por la falta de presentación de proyectos. Y el 75% de los $240.000 millones ya aprobados, no presenta gestión alguna”. Queda uno sin palabras ante tanto desgreño.
Las alcaldías locales no parecen tener un control institucional eficiente. ¿Hay corrupción con el presupuesto de ejecución autónoma que se les ha asignado?
El alcalde tuvo tantos secretarios de Gobierno que al final no ejecutó ninguna política frente a las localidades. Recuerde usted que dijo que en Bogotá robaban por las esquinas. ¿Será por la esquinas de las localidades? Este tipo de alcaldías son parte de un confuso sistema de descentralización y, precisamente, su mayor “éxito” es que descentralizó la corrupción. El método es el siguiente: algunos de los grupos mafiosos de contratistas que saquearon a Bogotá surgieron en las localidades; financiaban ediles que se unían para postular las ternas de alcaldes locales y estos alcaldes, ya nombrados, entregaban los contratos locales a los contratistas mafiosos.
El panorama que usted dibuja es negro. ¿Cuál beneficio le atribuye a la administración Petro? Algo positivo tendrá que dejar...
La idea de reciclar desde la fuente era buenísima. Pero el desastre gerencial la echó a perder.
En vista de que la campaña para elegir al sucesor del alcalde está encima, y teniendo en cuenta la crisis bogotana que usted ha descrito, ¿los candidatos que hasta el momento se han lanzado están bien o mal enfocados?
Esta es una campaña extraña: el pesimismo ciudadano está disparado, la insatisfacción es la más alta de la historia reciente, el vandalismo se adueñó de la capital y la capital vive un infarto múltiple. Mientras tanto usted ve a los candidatos dedicados a alianzas clientelistas sin ningún mensaje inspirador para los bogotanos.
Precisamente, entre los votantes hay confusión sobre los candidatos y las bases electorales con que contarían. A Francisco Santos le podría salir rival en el sector de la derecha con Marta Lucía Ramírez; a Rafael Pardo le sucede algo similar, pues Germán Vargas y Cambio Radical pretenden ponerle rival en la Unidad Nacional, y no pareciera que el Polo y la izquierda estén firmes, del todo, con Clara López. ¿Cómo analiza el futuro político de la ciudad?La gran desgracia de Bogotá es que está lejos de Dios y muy cerca del Palacio de Nariño. Los candidatos parecen alfiles de un juego más grande: el de las confrontaciones por la Presidencia en el año 2018. No en balde usted ve metidos aquí a todos los jugadores nacionales, como no había vuelto a suceder desde los tiempos en que los presidentes nombraban alcaldes. Parece un déjà vu, como si esta fuera una elección del siglo XX, con apellidos de comienzos de esa centuria. Bienvenidos al pasado.
¿Me podría indicar su opinión sobre cada uno de estos tres aspirantes que ya se lanzaron?
Por ahora, esta campaña es gris y aburrida. Como le decía, los debates se realizan entre los miembros de la casta política, de espaldas a la ciudadanía. Recuerde usted que los bogotanos pensábamos que no podía haber un alcalde peor que Samuel Moreno. Hay que decirlo con franqueza: todavía los candidatos no están a la altura de las demandas ciudadanas.
Descríbame con una sola palabra a Pardo, López y Santos, por ahora los únicos que han aceptado abiertamente que desean ser alcaldes...
Pardo: Experiencia.
López: trayectoria política.
Francisco Santos: organizador de marchas.
¿Como Petro?
(Risas).
¿Qué necesitaría Bogotá para recibir un impulso fresco que les diera aire a los capitalinos en enero de 2016, cuando asuma el nuevo alcalde?
Una ciudad es un cuerpo vivo que se anima o se deprime igual que los seres humanos. Frente a las ciudades más cercanas competidoras de Bogotá, como Santiago, Lima y en menor medida Quito, está hoy rezagada. Se necesita un gobierno que nos una, que responda a la inmensa angustia de los bogotanos con acciones meditadas, enérgicas y concretas. Requerimos con urgencia un líder capaz de transmitir confianza para que juntos saquemos a la capital de esta pesadilla. Ocho millones de bogotanos nos merecemos un destino mejor.