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La cuenca del río Bogotá arrastra desde hace décadas una carga ambiental marcada por la minería, las curtiembres y los vertimientos industriales, entre otros focos graves de contaminación. En ese escenario de alta fragilidad ecológica, una nueva explotación a cielo abierto en la vereda Mochila, en Chocontá, volvió a evidenciar los riesgos que enfrenta el principal afluente del centro del país, donde cualquier intervención sin control tiene efectos directos sobre el agua, el suelo y la biodiversidad.
La actividad, realizada a cielo abierto en un espacio de más de 4.000 metros cuadrados, habría implicado la extracción de cerca de 100.000 metros cúbicos de material areno-arcilloso. Durante una visita técnica de la Corporación Autónoma Regional CAR, se evidenció la remoción extensa de pastizales y varias especies de árcoles, así como alteraciones en las condiciones físicas de las corrientes de agua, con posibles variaciones en su cauce y caudal para favorecer las actividades de extracción.
De acuerdo con la información recopilada en campo, la explotación se desarrollaba de manera aleatoria, desordenada y sin infraestructura básica para el manejo de agua, sin una planeación técnica adecuada. La ausencia de zanjas de coronación y otros sistemas de control estaría acelerando procesos de erosión hídrica y eólica, incrementando el riesgo de arrastre de sedimentos hacia varios afluentes que alimentan el río Bogotá.
El área intervenida se encuentra dentro de la zonificación ambiental del Plan de Ordenamiento y Manejo de la Cuenca (POMCA) del río Bogotá, y hace parte de las zonas clasificadas para uso múltiple, con presencia de zonas destinadas a la recuperación ambiental. Dichas particularidades hacen que cualquier intervención sin control técnico tenga efectos amplificados sobre el entorno natural.
Ante los impactos detectados y la ausencia de permisos ambientales, la autoridad ambiental ordenó la suspensión inmediata de la actividad minera. “Esta medida busca prevenir el deterioro ambiental del recurso suelo y de la flora, especialmente la nativa, en una zona estratégica para la protección de la principal corriente hídrica del territorio”, explicó Camilo Poveda, director regional Almeidas y Guatavita.
La autoridad ambiental advirtió que este tipo de prácticas no solo afecta los ecosistemas locales, sino que compromete la sostenibilidad de la cuenca alta del río Bogotá, una zona clave para la regulación hídrica de la región. Por ello, reiteró el llamado a la ciudadanía para denunciar actividades extractivas ilegales que ponen en riesgo la riqueza natural del departamento de Cundinamarca.
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