Bogotá

27 Jun 2019 - 7:59 p. m.

¿Qué tan dispuestos están los bogotanos a colaborar frente a delitos?

Los habitantes de las localidades de Usme, San Cristóbal y Fontibón son los menos dispuestos a cooperar cuando suceden atracos o robos. Así lo evidencia un estudio realizado por la Universidad Nacional, que midió las acciones cooperativas y las creencias de los ciudadanos en la capital.

Agencia de Noticias de la Universidad Nacional

Una investigación realizada por la Universidad Nacional, que consultó a 223 personas de distintas zonas de Bogotá sobre su deseo de cooperar frente a delitos urbanos como hurtos, reveló que los habitantes de Rafael Uribe Uribe (50,67 %), Tunjuelito (50,67 %) y Barrios Unidos (50,22 %) son los más prestos a colaborar, mientras que quienes residen en Usme (44,39 %), San Cristóbal (43,94 %) y Fontibón (43,49 %) obtuvieron niveles más bajos.

“Aquellos que recordaron un evento traumático relacionado con violencia o tuvieron ‘choque negativo de activos’ presentaron una respuesta positiva con respecto a cooperar para evitar que se repitan crímenes urbanos como el robo o el atraco, muy diferente a quienes no fueron víctimas de estos flagelos”, explica el investigador Camilo Gómez, quien encontró evidencia de un sesgo intragrupo a nivel de localidad con respecto a la cooperación.

El experto explica que una de sus pretensiones era saber cuál era el impacto de la violencia urbana y de los mecanismos del trauma y del choque económico negativo, o pérdida material, sobre el comportamiento prosocial frente a personas del mismo y de otros grupos sociales.

Para entender el comportamiento de estos individuos, entre 18 y 30 años, se realizó un experimento de campo en el que se estudiaron de manera separada y conjunta las dimensiones del trauma y del choque económico negativo.

Para “manipular” el trauma se utilizó una metodología de priming para inducir un recuerdo de violencia urbana. Este método radica en que el trastorno de estrés postraumático (TEPT) induce a las personas en un flashback. De esta manera, usar el recuerdo es lo más parecido a inducir un estado emocional similar al que se experimenta cuando se está expuesto a violencia.

Por otra parte, el choque económico se definió como un “choque negativo de activos” sobre la dotación inicial de los participantes. Como tarea principal, estos jugaron el juego del “dilema del prisionero”, que les permitió tener una medida de acciones cooperativas.

A partir de estas y otras actividades, el investigador no solo identificó qué localidades son las más colaboradoras ante crímenes urbanos, sino cómo afecta a la persona, de manera individual, en su idea de cooperar para que otros no pasen por la misma experiencia.

“Ante un recuerdo de violencia o un choque negativo se tiene un impacto positivo sobre la cooperación, diferente si se compara con la situación en la que no se tienen el recuerdo ni el choque”, comenta y agrega que la cooperación no se ejerce cuando el recuerdo de violencia urbana y el choque negativo se implementan simultáneamente.

También se observó que los participantes no favorecen a las personas de su mismo grupo social, en este caso de su localidad. Por consiguiente, “estos resultados invitan a considerar que lo que guía el comportamiento prosocial en los expuestos a violencia no son los sentimientos de pertenencia a un grupo amenazado, el cual siempre está presente en una guerra, sino que parecen ser otros elementos los que guían los efectos de la violencia”, indica el investigador.

Por último, señala que la cooperación entre la violencia urbana y la de la guerra suceden de manera diferente: “Aunque parezca contraintuitivo, la exposición a violencia puede provocar que las víctimas se interesen en ayudar a los demás, incluso si hacer esto les implica algún costo”.

Este fue el caso de las víctimas de la toma armada de la guerrilla de las Farc en Granada (Antioquia) en 2001. Los habitantes, quienes habían observado muertes de policías y civiles, y a quienes les habían destruido cerca de 250 viviendas, decidieron unirse en acción colectiva con el objetivo de reconstruir el municipio.

En ese sentido, el investigador indica que querer ayudar a los demás después de estar expuesto a la violencia de la guerra no es un fenómeno exclusivo de los habitantes de Granada. De hecho, es un patrón generalizado que se ha observado en diversos conflictos armados del mundo.

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