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7 Feb 2021 - 2:00 a. m.

Rastreo: ¿cuál es la responsabilidad de las EPS?

Además de las aglomeraciones y la falsa creencia de seguridad que dieron paso al segundo pico de la pandemia, varios sectores han cuestionado el papel de las Empresas Prestadoras de Salud y la estrategia de seguimiento de contactos. El dilema está en quién vigila el proceso.
Mónica Rivera Rueda

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá
Solo el 22 % de los casos reportados a diario son de muestras tomadas en esa jornada. / Getty Images
Solo el 22 % de los casos reportados a diario son de muestras tomadas en esa jornada. / Getty Images
Foto: Getty Images - Photo Guillermo Legaria/Getty Images

La estrategia de detección y rastreo de casos positivos de COVID-19 y las personas con las que tuvo contacto se desplegó tras el fin de la cuarentena general en el país, como mecanismo para tratar de controlar el segundo pico de la pandemia en Bogotá. No obstante, por diversas situaciones, resultó ser más complejo que el primero, en especial por el aumento de pacientes graves. La situación no solo puso en el centro de la discusión la responsabilidad del Distrito y los ciudadanos por falta de acciones preventivas, las aglomeraciones y las fiestas de fin de año, sino a las Entidades Prestadoras de Salud (EPS) en su tarea de hacer registro y seguimiento de los contagios.

Las razones son varias. A pesar de que el Distrito toma muestras aleatorias en toda la ciudad, son las EPS las encargadas de realizar las pruebas a pacientes sospechosos, así como de rastrear entre cuatro a diez de sus contactos cercanos. Es decir, son las que ejecutan tanto la estrategia PRASS (pruebas, rastreo y aislamiento selectivo sostenible) del Gobierno nacional como la DAR (detectar, aislar y rastrear) del Distrito. A pesar de esto, las cifras demuestran que no superan el rastreo de dos personas por contagiado, por lo que se ha puesto en duda su rapidez y eficacia. De ello, no solamente depende el cerco epidemiológico al virus, sino las cifras sobre las que se toman decisiones en ciudades y departamentos.

En el caso de Bogotá, los resultados son dicientes. Solo el 22 % de los contagios reportados a diario corresponden a pruebas tomadas el mismo día; el promedio de entrega de resultados a los pacientes es de seis días; el seguimiento de casos, hasta diciembre, estaba en el 42 %,  y en cuanto al rastreo, por cada paciente activo, en promedio era de 1,56 contactos cercanos (menos de dos personas).

La Superintendencia de Salud también ha lanzado alertas respecto a las demoras en la realización de muestras, así como en la entrega de los resultados, dado que durante el año pasado se recibieron en la ciudad 27.166 quejas por estos retrasos. Desde el Concejo, también se llamó la atención, dado que, contrario a lo que se esperaba, la estrategia habría fallado y la baja tasa de seguimiento sería uno de los factores por los cuales el segundo pico de la pandemia fue mucho más grave que el primero.

Al respecto el concejal Manuel Sarmiento (Dignidad) ha dicho que “El presidente Duque delegó la responsabilidad, para el caso de las personas afiliadas, en las EPS. A cierre de enero, son pocas las EPS que superan en un 1.7 de registros contactos por cada casos confirmado sospechoso, cuando lo recomendable es por lo menos 8. Pero además de ser pocos los contactos registrados, NO los están contactando. Solo están contactando al 36%. Es evidente que las aseguradoras no están cumpliendo con su responsabilidad, agravando la crisis de salud pública en la ciudad y el país, porque esta es una situación que se réplica en el territorio colombiano”.

Algo similar cree Leonardo García, presidente del Colegio Médico de Cundinamarca y Bogotá, quien sostiene que hay una falta de gestión de las EPS, pues de acuerdo con reportes que ellos mismos han hecho, en casos como el de Capital Salud, el rastreo que realizaron durante el año pasado estuvo por encima de dos, mientras en otros como Nueva EPS, Sanitas y Sura estuvieron por debajo del 1,7 por cada contagiado identificado.

“Hace falta un sistema de vigilancia y control diferente a la Superintendencia en Salud, que no ha hecho nada desde el 2016. Además, hay que tener en cuenta que en muchos casos el aislamiento selectivo sostenible no se cumple por la precaria situación económica de la población que vive en la informalidad y si no sale a buscar sus ingresos del día a día, no come”, agregó García.

Según Luis Jorge Hernández, epidemiólogo y profesor de la Universidad de los Andes, se ha venido disminuyendo el rastreo de contactos, porque también se redujo el número de pruebas. “Los resultados también se están demorando más de cinco días y eso no sirve. Se requiere que estén máximo a las 48 horas. El aislamiento selectivo sostenible requiere que no solo el contagiado esté en cuarentena, sino también sus contactos”.

Ante esto, se ha cuestionado al Distrito sobre su responsabilidad en la vigilancia a las EPS, pues los datos que se dan a conocer en Saludata (donde se publican las cifras de contagio en Bogotá) no incluyen esta variable, lo que para Hernández se traduce en que tampoco es vigilada a escala distrital. Sobre esto, el secretario de Salud, Alejandro Gómez ha sido enfático en responder que eso ya no es competencia territorial. Aunque “nos reunimos por lo menos dos veces a la semana y hacemos los llamados de atención que podemos, no podemos sancionar, porque eso es competencia exclusiva de la Superintendencia de Salud”, señaló en debate en el Concejo.

Por otro lado, Gómez ha dicho que los modelos PRASS y DAR son eficaces en el valle de la pandemia, pero no tan claros en los picos. “Cuando ya tenemos entre 6.000 y 7.000 casos por días, quiere decir que tendríamos que aislar a otras 24.000, lo que vuelve inoperante el sistema; por eso decidimos hacer cierres territoriales”.

La Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (ACEMI) ha manifestado que parte de las demoras se han debido, a lo largo del año pasado, a la escasez de reactivos que se presentó en el segundo semestre del año y a la capacidad de procesamiento, pues al igual que las unidades de cuidado intensivo (UCI) requieren implementos y personal, que es limitado. Además, no se debe desconocer que el esquema de rastreo se tuvo que implementar en corto tiempo y siguen fortaleciéndolo.

Para el médico Hernández, como mencionaba García, las estrategias pueden verse afectadas por otros factores como las necesidades de la población, que dificultan el aislamiento, o la falsa seguridad que se dio en diciembre. También hubo otros problemas este año, como las dificultades en la contratación de los rastreadores, a quienes se les acabó el contrato al comienzo del segundo pico. “Faltó manejar la lógica administrativa, porque a muchos los contrataron hasta mitad de mes”.

Del mismo modo, que al ser responsabilidad del Distrito desplegar la estrategia de rastreo y seguimiento, debe encargarse, por consiguiente, de su vigilancia. “Nuestro modelo de salud es más asistencialista que preventivo y no ha sido fácil el seguimiento de los contactos y las visitas domiciliarias, porque hay una distorsión en creer que la rectoría del aseguramiento es solo del Ministerio y de la Supersalud. Si fuera así, en Bogotá no se tendría control sobre el 77 % que hace parte del sector privado”, dijo Hernández.

Sarmiento culpa a las EPS y al Gobierno Nacional, pero asegura que el Distrito también debe vigilar. “Era evidente que las EPS iban a priorizar el negocio sobre el éxito de la estrategia epidemiológica, lastimosamente así terminó ocurriendo. El gobierno nacional tampoco cumplió con el gran call center que prometió para dicho propósito. Por otro lado, en el debate del Concejo de Bogotá reclamé de la Administración Distrital una actitud más proactiva en la vigilancia de las EPS. Considero que en ese aspecto se puede avanzar, hay que poner en cintura a las EPS, no pueden seguir jugando con la vida de la gente “.

Para el concejal Diego Laserna (Alianza Verde), es importante tomar acciones pronto. “Si no hacemos un rastreo serio, vamos a depender de las vacunas y las cuarentenas, por lo que el Distrito debe entrar a mediar. El paso ideal sería establecer unos objetivos concretos. Ya sabemos que el número de casos sobrepasa las capacidades. Aún podemos hacer algo para frenar la pandemia”.

Finalmente, el epidemiólogo Hernández dice que no se debe desconocer que, de acuerdo con cifras del Distrito, el 70 % de los ciudadanos ha cumplido las medidas y cuarentenas, y si bien se bajó la guardia en diciembre, es importante que se establezcan nuevas estrategias que impidan que para Semana Santa, por ejemplo, ocurra una situación similar a la vivida a fin de año. “En diciembre se les dijo que había que hacer toques de queda la noche de velitas, Navidad y Año Nuevo, pero la respuesta vino en enero cuando ya esas medidas no impactan. Lo que queda y no se ha trabajado es el tema de la adherencia y cultura ciudadana”.

Al respecto, el Distrito ya tiene un plan de cultura ciudadana que será presentado en los próximos días. En cuanto a la responsabilidad de las EPS por el rastreo aún hay más preguntas que respuestas. Si bien, se ha dado un trabajo armónico con el Distrito, como la centralización de la atención en UCI en el CRUE, sigue siendo incierta la forma en que la entidad territorial hace seguimiento a la estrategia DAR. Ahora, teniendo claro que esta no es efectiva en los picos, el reto es de qué forma se les hará frente en el futuro, pues por ahora las únicas soluciones siguen siendo la vacuna y el autocuidado, pero lo que pasó en diciembre dejó como enseñanza que el Estado tiene que velar por muchos otros factores para tener mejores resultados.

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