Lo que ocurrió hace dos meses ya no parece un hecho aislado. En cámaras de seguridad quedó registrado el momento en el que varios sujetos cometían un fleteo en Bogotá. La Policía los capturó en flagrancia y los judicializó. A pesar de que portaban armas, un juez los dejó en libertad.
Hoy la historia, así como la sensación de impunidad se repite. la Policía capturó a los mismos sujetos, antes de cometer un hurto, y en las últimas horas, otro juez volvió y los despachó para su casa, sin importar su peligrosidad. La historia la confirmó el alcalde Carlos Fernando Galán a través de su cuenta en X.
‘La Gorda’: la estructura detrás de los fleteos
Según las autoridades, los detenidos harían parte del grupo delincuencial organizado ‘La Gorda’, señalado de dedicarse al hurto a usuarios del sistema financiero. La más reciente captura se produjo cuando se movilizaban en un taxi y portaban armas de fuego, en circunstancias que indicarían la preparación de un nuevo fleteo.
A esta estructura se le atribuyen al menos cinco hechos similares. Su modus operandi consiste en ubicar a personas que retiran dinero, hacerles seguimiento y atacarlas para despojarlas del efectivo. En el primer procedimiento, enfrentaron cargos por porte ilegal de armas y fueron sorprendidos en medio de la comisión del delito. Al no tener antecedentes judiciales, recuperaron su libertad.
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Entre cifras a la baja y sensación de impunidad
El caso volvió a evidenciar una tensión persistente en la ciudad: la brecha entre la acción operativa de la Policía y las decisiones judiciales. Mientras las autoridades destacan golpes contra estructuras criminales, la reincidencia de los capturados alimenta la percepción de impunidad.
Ese contraste se da en medio de un panorama en el que, según la Secretaría de Seguridad, Bogotá mantiene una tendencia a la baja en los delitos de alto impacto. Entre 2025 y lo corrido de 2026, nueve de once conductas han disminuido, incluido el hurto a personas, que registra una reducción del 14,6 %. También se destacan caídas en hurto a comercio (-65,9 %) y a entidades financieras (-100 %).
Pese a estos resultados, el mismo balance advierte un obstáculo estructural: una proporción significativa de capturados en flagrancia recupera la libertad, lo que limita el impacto de las intervenciones policiales. En otras palabras, la capacidad de captura ha aumentado, pero no siempre se traduce en sanciones efectivas.
La situación se agrava al considerar la capacidad institucional. Bogotá cuenta con cerca de 16.500 policías, lo que implica un déficit de unos 8.000 uniformados frente a estándares internacionales. Aun así, las capturas han crecido: en 2025 superaron las 34.000, la cifra más alta en seis años, tendencia que continúa en 2026.
El límite del sistema: justicia, domiciliarias y control
El problema no se restringe a la Policía. También involucra al sistema judicial y penitenciario. Un caso reciente evidenció esa tensión: una persona con detención domiciliaria acumuló 34 transgresiones, incluidas siete violaciones a la geocerca, es decir, salidas no autorizadas del área permitida.
Aunque estos incumplimientos fueron reportados en al menos cinco informes desde comienzos de febrero, la medida no fue revocada. Esto se debe a que la decisión de mantener o retirar el beneficio no depende de las autoridades operativas, sino exclusivamente del juez de ejecución de penas.
En medio de este contexto, el INPEC aclaró el funcionamiento del sistema de vigilancia electrónica. La entidad informó que actualmente hay más de 5.100 dispositivos activos y más de 13.500 activaciones registradas, con monitoreo en tiempo real a través del Centro Penitenciario Virtual (CERVI).
Desde allí se detectan incumplimientos como salidas de zona, desconexiones o manipulaciones del dispositivo, y se reportan de inmediato a las autoridades judiciales. Sin embargo, el INPEC reiteró que no tiene facultad para revocar estas medidas, ya que esa decisión corresponde exclusivamente al sistema judicial.
Mientras tanto, el mensaje es contradictorio. Las cifras muestran una reducción del delito, pero episodios como este refuerzan la sensación de que el sistema no logra cerrar el ciclo. La pregunta queda abierta: ¿cuántas veces puede repetirse una captura sin que tenga un efecto real?
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