Cuando comenzó el aguacero los niños, que apenas llegaban del colegio, corrieron a esconderse. Era la una de la tarde del miércoles pasado. Las calles despavimentadas de la vereda el Chorrillo, en la localidad de Suba, ya se habían convertido en un inmenso lodazal. Las madres buscaban a sus pequeños con sombrillas deshechas, algunos jóvenes cubrían con plásticos las huertas y otros se montaban a los tejados para tapar las goteras.
El aguacero se convirtió en una fuerte tormenta que terminó, a su vez, en una extensa granizada. El hielo cubrió las calles, los posos sépticos, las entradas de las viviendas, destruyó los techos y dejó como resultado a 193 personas afectadas. Según los habitantes, la tormenta ha sido la más fuerte de esta temporada invernal.
Cuando terminó, los niños, jóvenes y mujeres de esta vereda de Suba, que es uno de los tantos barrios rurales que existen en la ciudad, cogieron escobas y baldes, y como pudieron sacaron el agua de las 41 casas inundadas.
“No sé cómo voy a dormir esta noche. Los colchones, la ropa, los muebles, todo se me dañó con la lluvia, y lo peor es que según las autoridades distritales, este clima no va a cambiar hasta diciembre”, dice Liliana Pinilla, una de las afectadas.
Esta es, precisamente, una de las principales preocupaciones de los habitantes de la vereda Chorrillo. En mayo de este año fueron víctimas del desbordamiento del río Bogotá, que causó el bloqueo de la vía Suba-Cota durante dos días, y ahora temen que las recurrentes lluvias terminen en situaciones similares.
Además, según explicó Juan Martín Reyes Moreno, consejero local de la ruralidad del Chorrillo, otro de los problemas es la falta de alcantarillado. “Nosotros tenemos pozos sépticos, porque acá no hay redes de acueducto, y el problema es que con las lluvias las aguas negras se mezclan con las aguas lluvias, y ahí es cuando comienzan las enfermedades”.
Esa tarde, los niños jugaban con el granizo, mientras que las mujeres intentaban organizar sus humildes viviendas. Según el alcalde local de Suba, Rubén Darío Bohórquez Rincón, sus funcionarios estuvieron atendiendo la emergencia. “Allá llegaron los bomberos, el comité local de emergencias y otras autoridades policivas. Se entregaron seis colchonetas con cobijas y alamohadas, 21 tejas y en este momento se están subsanando los techos”, dijo ayer Bohórquez.
Respecto a los problemas con el acueducto, el alcalde aseguró que se van a destinar 300 millones de pesos para los diseños y estudios del acueducto veredal, que le suministrará agua potable a esta comunidad. “En cuanto al tema del manejo de aguas negras no tenemos nada previsto en este momento”.
Con el invierno, este sector de la ciudad, en donde los bogotanos todavía se dedican al cultivo de la tierra, parecía aún más un lugar separado del resto de la capital, aunque los mapas la incluyan en ella. Las grandes avenidas y la infraestructura urbanística son para los niños del Chorrillo una especie de cuento de hadas futurista, pues ellos nacieron y han crecido hacinados en diminutas parcelas que desde hace más de 20 años, y cada seis meses, se inundan por las lluvias, se anegan por la subida de las corrientes, el taponamiento de los caminos y el mal manejo de las aguas negras. Para los adultos, todo ello es, sin exageraciones, una tragedia en la que se juegan la vida con cada aguacero.