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Retratos sin dueño

Esta es una de las obras ganadoras de la convocatoria “Exposiciones en Sala Alterna y Otros Espacios”, de la Secretaría de Cultura y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño.

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El Espectador
03 de octubre de 2008 - 10:11 p. m.
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El primer desaparecido es un señor de unos 40 años, de bigote pequeño, un lunar discreto en la mejilla izquierda y unas cejas despeinadas y despobladas. La fecha de su desaparición: marzo de 1993. Es un retrato y hace parte de la exposición “Identidades en fuga” del artista Iván Navarro. Esta muestra –que se exhibe a partir de ayer, y hasta el 15 de octubre, en el Callejón de las Exposiciones Teatro Jorge Eliécer Gaitán–, recoge 178 retratos realizados por  la Corporación de Dibujantes del barrio Las Nieves, y que nunca fueron reclamados por sus dueños. En la parte inferior de cada dibujo hay un letrero con la inscripción “desaparecido” o “desaparecida”, y la fecha en la que la persona pagó para que la dibujaran.

En septiembre de 2005, una mujer robusta, de cabello negro intenso, lacio y muy largo; de cejas delgadas, labios delineados y un enorme lunar al lado derecho de la nariz, llegó hasta el centro de la ciudad y le pidió a alguno de los dibujantes que están sentados allí, que la retratara. Seguramente no tenía tiempo para que la dibujaran en su presencia. Una hora, más o menos, hubiera demorado el dibujante plasmando en el papel el lunar grande, los ojos rasgados y la cabellera negra peinada hacia un lado. Pero la mujer prefirió dejarle una foto, darle un adelanto al artista de $5 mil o $10 mil, y decirle que después volvería por su retrato. El “después” nunca llegó, y ese dibujo, luego de tres años, haría parte de una muestra artística que expondría los rostros de los “desaparecidos”, de aquellos que nunca volvieron a reclamarles sus retratos a los dibujantes del barrio Las Nieves.

Lo que hizo Iván Navarro, estudiante de último semestre de bellas artes en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, fue fotografiar esos dibujos. Él supo que  los dibujantes guardaban los retratos de los desaparecidos, en medio de una investigación que está haciendo con este grupo de personas. “Siempre ha habido una discusión sobre la legitimidad en el arte que hacen estas personas. Se cuestiona si realmente es arte o no, o si se trata de artesanías, ese es el trabajo que yo estoy haciendo con ellos”, dice Navarro.

Dice además que esta muestra busca “construir un punto de encuentro en el que el espectador pueda llegar a reconocerse o reconocer a los demás, rescatando del anonimato a las personas retratadas”. El último dibujo de la exposición es el de una mujer “desaparecida” en mayo de 2008. Una señora de unos 50 años, con una moña alta, labios delgados y ojos de desesperanza.

Por El Espectador

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