Deysi Johana Olarte, de 39 años, es la primera mujer trans en asumir la Subdirección para asuntos LGBTI en Bogotá, dependencia de la Secretaría de Integración Social. Esta politóloga de la Universidad Nacional, madre de tres hijos, afrontará grandes retos en este cargo. Entre ellos la descentralización de la atención psicosocial y la renovación de la política pública para la garantía de los derechos de esta población en la ciudad.
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La tarea que liderará no será sencilla. De acuerdo con el informe de Temblores ONG, Qué maricada con nuestros derechos, en los últimos diez años ocurrieron 1.944 hechos de violencia contra personas LGBTI en Colombia, según cifras de Medicina Legal. De este dato, el 14 % se registró en Bogotá y las localidades más afectadas fueron Kennedy y Los Mártires. Aunque las estadísticas confirman que la violencia contra los sectores LGBTI no cesa, la organización advierte un subregistro considerable que revelaría una realidad incluso más alarmante.
¿Cómo fue su paso de docente a funcionaria?
Cuando salí de la universidad fui docente del Distrito por dos años. Fue una experiencia muy linda, donde les tomé mucho amor a la tarea de enseñar y a los aprendizajes significativos. Cuando hice el tránsito (como mujer), después de graduarme, lo asumí como una acción política, un acto de resistencia, en últimas, un acto revolucionario.
¿Cómo llegó a Integración Social?
Soy de las personas que quieren una sociedad respetuosa, incluyente, participativa, que comprenda la diversidad. Entonces, en ese activismo de reivindicación de derechos que he hecho por años, entré a ser parte de la Secretaría de Integración Social. Allí trabajé en la estrategia transgénero, en las localidades de Kennedy y Ciudad Bolívar. Hoy en día, el activismo, el trabajo social y ser mujer trans me han permitido conocer de cerca los contextos y las realidades locales.
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¿Qué representa esta nueva etapa?
Es un reconocimiento a todo este trabajo. Además, es un espaldarazo de la alcaldesa Claudia López y la secretaria de Integración Social, Xinia Navarro, a mí como profesional y, sobre todo, al movimiento social, a la comunidad LGBTI y a la comunidad trans. Cuando me nombraron subdirectora, el 13 de enero, la evidencia de ese reconocimiento fueron las redes sociales, en donde me felicitaron, me apoyaron mucho, y eso me llena de orgullo.
También es un reto...
Todo eso me impone mucha responsabilidad, para responder a ese apoyo y tener todo el compromiso con toda la sociedad y el movimiento LGBTI, porque todo lo que hagamos aquí va a impactar a la ciudad.
Como mujer trans, ¿cómo ha sido su experiencia viviendo en Bogotá?
Soy bogotana de nacimiento y mi experiencia en la ciudad ha sido muy bonita. Nunca me han rechazado en algún espacio, nunca me han negado la posibilidad de entrar en un establecimiento público o de recorrer tranquilamente la ciudad. Sin embargo, he conocido muchas otras experiencias de personas trans que sí han sufrido violencias, que no se sienten seguros y seguras o que no han tenido oportunidades laborales.
¿Y qué hacer en estos casos?
Precisamente hay que pensar en esos casos, más allá de mi experiencia. Soy consciente y reconozco que la vida es difícil para muchas mujeres y hombres trans. Eso también me motiva y también me impone grandes retos en la Secretaría.
¿Es Bogotá un Distrito Diverso?
Para mí, la ciudad es diversa, tanto a nivel ambiental, étnico, demográfico, como a nivel sexual. En esta materia se ha avanzado mucho; las personas ya pueden andar más tranquilas por la ciudad. Que caminen dos hombres tomados de la mano hoy es mucho más factible y mucho más seguro que años atrás. Por supuesto, tenemos que seguir trabajando para que los cambios culturales se den.
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¿Cree que será fácil?
Estos no se logran de la noche a la mañana y necesitamos mucho trabajo y tiempo para que la sociedad comprenda que las personas LGBTI somos como cualquier otra y que podemos tener igualdad de condiciones en el trabajo, en la educación y en la salud.
¿Cuáles son los principales retos que tendrá la entidad en este cuatrienio?
Un reto muy importante es hacer de Bogotá una ciudad más amable con los sectores LGBTI. Para lograrlo, tendremos que trabajar mucho con las bases comunitarias y valorar su conocimiento de los territorios. Asimismo, tendremos que trabajar por descentralizar la atención que tenemos en algunos puntos. En este momento contamos con dos centros, en Teusaquillo y Los Mártires, y hemos evidenciado que no son suficientes para atender a la población, por capacidad e infraestructura. Por esto, el desafío será llegar a otros espacios más alejados, como Bosa, Ciudad Bolívar, Engativá y Suba.
¿Tiene una meta concreta?
Estamos desarrollando un plan para tener dos centros más en la ciudad y trabajamos en un piloto para que, con la infraestructura que tenemos, podamos ampliar la oferta a otras localidades.
Las personas trans han sido víctimas de violencia, discriminación y líos en acceso al trabajo, la educación y la salud. ¿Qué hacer?
Si bien se ha avanzado en temas de diversidad y en trabajo con la comunidad LGBTI, también existe una deuda histórica con las personas de los sectores trans. En esa medida, la Escuela de Desarrollo de Capacidades para la Inclusión Sociolaboral de Personas Trans es un espacio para brindarles diferentes herramientas. Por ejemplo, cómo hacer una hoja de vida, cómo adaptarse a las dinámicas de una oficina y cómo resolver conflictos. Parecerían comunes para muchos, pero para otros no lo son y de algún modo inciden en la reducción de posibilidades laborales.
¿Y cómo evidenciar esos resultados?
De alguna forma, las mujeres y hombres gais han logrado un espacio en la sociedad, han logrado profesionalizarse, han logrado vincularse muy bien en temas laborales, y una muestra espectacular de eso es nuestra alcaldesa Claudia López. Sin embargo, eso no necesariamente pasa con las personas trans y por eso buscamos tender puentes, buscamos capacitar y formar a esta comunidad para que desde lo público cambiemos paradigmas culturales y que eso tenga un impacto en lo privado.
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