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Ocho meses de lluvias continuas bastaron para dejar en evidencia una fragilidad que en Cundinamarca no es nueva, pero sí cada vez más costosa. Mientras ríos y quebradas siguen creciendo en temporadas que antes eran secas, el sistema de atención de emergencias opera con vacíos estructurales que no dependen del clima, sino de decisiones aplazadas. El invierno prolongado ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta que retorna con cada temporada invernal o con sequías que se traducen en aparatosos incendios: ¿está el departamento realmente...
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