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Sin lugar para soñar

La muerte de las hermanas Sandra Patricia Rocha y Érika Muete Rocha en Kennedy estaría relacionada con un lío pasional.

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Viviana Londoño Calle
22 de junio de 2011 - 11:27 p. m.
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La fachada de la casa en la que vivían Sandra Patricia Rocha y Érika Muete Rocha se convirtió en un mural de colores, en el que los niños del barrio escribieron su última despedida. Al medio día, decenas de vecinos, todavía conmocionados por la tragedia, se reunieron en  la humilde esquina para rechazar la muerte de las dos menores.

Muchos todavía no lo creen. En el barrio siempre pasan cosas, ya poco los  sorprenden las riñas, los  heridos y hasta los muertos. No es gratuito, Kennedy está entre las cinco localidades con mayor índice de homicidios en la ciudad. Pero,  como dice una de las vecinas con los ojos aguados,  cuando las víctimas son los niños, crece la indignación, aparece  la rabia.

Eran apenas las 7:00 p.m del martes cuando las niñas regresaban   caminando de hacer una llamada en la esquina. No alcanzaron a entrar a la casa, pues cuando intentaban abrir la puerta ocurrió el absurdo. Dos hombres, dos menores que no pasan de los quince años, según los testigos, se acercaron. Sonó  un disparó, después otro. Entonces los padres, que apenas llegaban, no pudieron impedir lo inevitable. Sandra Patricia, de 14 años, llegó sin signos vitales al hospital y Érika, de apenas siete años, murió cuando era intervenida.

De la mayor los vecinos recuerdan poco, debido a que sólo estaba en la casa en las temporadas de vacaciones y esta vez había llegado  hacía apenas ocho días. De la menor, en cambio, recuerdan sus largas horas jugando con los perros en la acera de su casa de ladrillos y techo improvisado. El  perro que ladraba cuando sonaron los disparos, ayer seguía echado  amarrado a una ventana de la casa vacía esperando una pelota para empezar de nuevo el juego.  

El enigma de su muerte empezó  a resolverse ayer mismo.  Según el comandante de la Policía de Kennedy, coronel José Elías Baquero, el homicidio podría estar relacionado con las amenazas que venía recibiendo la madre de las menores. El motivo, haberse traído a Bogotá a Sandra Patricia Rocha  desde el Huila, donde vivía con su abuela, debido a que un hombre mayor de edad la acechaba constantemente.

Más de 40 personas han sido detenidas.  El comandante de la Policía Metropolitana,  general Francisco Patiño , ofreció una recompensa de $20 millones para dar con el paradero de los dos supuestos menores que acabaron con la vida de las niñas.

De comprobarse su participación, los supuestos homicidas tendrían una pena máxima de ocho años y no saldrían en libertad al cumplir los 21 años, como antes estaba estipulado, de acuerdo con el  último ajuste del Código de Infancia y Adolescencia.

En el mismo lugar del asesinato, los vecinos le pidieron al alcalde de la localidad, Jesús Antonio Matus, reforzar   la seguridad en la zona y reubicar a cientos de personas que viven en una invasión aledaña al barrio Bellavista, porque, según ellos, la muerte de las niñas es una de las puntas de iceberg de una grave situación de inseguridad relacionada con sus vecinos.

Matus, quien ante  a las peticiones de la comunidad, se comprometió frente a los medios de comunicación a reubicar a los habitantes de la invasión, reconoció  que el doble asesinato pone en alerta a las autoridades en Kennedy, pero enfatizó que  la tragedia que mantiene conmocionada a la ciudad es un hecho aislado que no tiene que ver con las dinámicas locales. Por el contrario, Matus insiste en que la seguridad ha mejorado 80% .

Otra cosa dicen las cifras. En lo corrido del año, en Kennedy, que hoy alberga 1.200.000 mil habitantes, ya van 98 muertes violentas y, según el coronel Baquero, en un fin de semana se registran alrededor de 1.800 riñas en la localidad, la mayoría  relacionadas con el licor.   Por otro lado, el pie de fuerza es escaso. Como lo reconoce el alcalde Matus, para  480 barrios que componen la localidad, divididos en 100 cuadrantes,  sólo hay 600 uniformados, lo que no permite ni siquiera dos policías por barrio. “El pie de fuerza  es insuficiente, pero eso no depende de nosotros”,  asegura Matus.

Hoy será el sepelio de las hermanas Érika Muete y Sandra Patricia, una despedida que no sólo sus familiares se niegan a dar sino toda la ciudad, que hoy sigue rechazando el fin de dos vidas a las que les cortaron las alas sin haber aprendido a volar.
 

Por Viviana Londoño Calle

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