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27 Jan 2016 - 4:26 a. m.

Sin prostitutas en las calles de Bogotá

Las reacciones al operativo contra la prostitución en la plaza de la Mariposa continúan. Las organizaciones que acompañan a las trabajadoras sexuales exigen garantías. Las intervenciones seguirán.

Jaime Flórez Suárez

Una trabajadora sexual calculó que ayer en la mañana, en la plaza de la Mariposa, había 50 de sus colegas. Sin embargo, ninguna hacía parte del grupo que adelantaba un plantón de rechazo a los operativos contra quienes ejercen la prostitución y, especialmente, a la violencia policial. Mientras una docena de mujeres y un hombre —la mayoría de los cuales han trabajado con esa población durante años— sostenían carteles y rosas rojas, las protagonistas de la discordia preferían guardar la distancia. “Es para no boletearnos”, dijo una de ellas. “Pero me parece muy bonito que nos representen. Así no nos sentimos solas”.

A algunas les da miedo figurar, después de lo que pasó la semana pasada. Otras simplemente no quieren aparecer en alguna foto que las pueda comprometer ante sus familiares o conocidos. El plantón seguía su curso y los curiosos, casi todos hombres, rodeaban a los manifestantes para preguntar por el motivo del alboroto y de paso leer las consignas de los carteles. Entretanto, algunas trabajadoras sexuales se reunieron bajo la sombra de un árbol, a unos diez metros del plantón. Juntas, no había manera de que el tema de conversación fuera otro.

Recordaban lo que pasó el miércoles pasado, cuando un camión de la Policía se parqueó en la plaza de la Mariposa, alrededor de las 4:00 de la tarde, y decenas de agentes rodearon a las trabajadoras sexuales. Las montaron al vehículo a punta de golpes e insultos, denunciaron varias de ellas. Según se conoció, entre las mujeres había una menor de edad y una embarazada. Las condujeron a la UPJ de Puente Aranda, donde algunas estuvieron recluidas hasta las 10:00 de la noche.

El hecho prendió las alarmas entre las trabajadoras sexuales y los grupos que defienden sus derechos, pues el operativo en la Mariposa sería el indicio de los términos de la relación que tendrá esta población con las autoridades durante la alcaldía de Enrique Peñalosa. Desde la administración, la consigna es que el bien común prevalece sobre el individual y, bajo esa bandera, la presencia de las trabajadoras sexuales en las calles constituye, de acuerdo con el Distrito, una violación del espacio público. Por esta razón, los operativos continuarán.

De hecho, el episodio de la semana pasada se dio un día después de la cumbre de seguridad en la que participaron el presidente Juan Manuel Santos y el alcalde Peñalosa, quien anunció que una de sus directrices para mejorar la seguridad en la capital sería la recuperación del espacio público.

Pero los defensores de los derechos de quienes ejercen la prostitución distan de la visión del Distrito. Para Edward Hernández, uno de los organizadores del plantón, a las trabajadoras sexuales de la Mariposa se les violó su derecho a la libre movilidad, pues no ejercen la prostitución en el espacio público, sino en las habitaciones que se alquilan en los edificios alrededor de la plaza.

A raíz de la redada policial de la semana pasada en la Mariposa, el lunes se reunieron representantes de la Policía, la Secretaría de la Mujer, la Defensoría del Pueblo y organizaciones como Parces, que acompañan a las trabajadoras sexuales. En el encuentro quedó claro que los operativos de la Policía para controlar la presencia de prostitutas en el espacio público continuarán, pero en adelante contarán con el acompañamiento de la Defensoría del Pueblo o la Personería para garantizar la protección de sus derechos, según le contó a El Espectador uno de los asistentes a la reunión.

Sin embargo, los reclamos de las organizaciones van mucho más allá. Aunque reconocen el trabajo de la administración distrital respecto a la prostitución, sobre todo desde que Gustavo Petro creó la Secretaría de la Mujer, dicen que se debe apuntar al diseño de políticas públicas que aborden a fondo las problemáticas de quienes ejercen la prostitución. Esa era una de las metas de la alcaldía pasada, pero no se concretó.

Casi es mediodía y una mujer se acercó al grupo de trabajadoras sexuales que observaban el plantón debajo del árbol. Llevaba un sobre de manila en la mano. Adentro iban los papeles que había llevado en la mañana a una entrevista de trabajo en una empresa de aseo. “Me rechazaron, me dijeron que no tenía experiencia, así que me vine a parar aquí, a la Mariposa, porque no puedo llegar a mi casa con las manos vacías”, les contó a sus colegas.

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