Pese a las dificultades de violencia intrafamiliar, física, social y simbólica que violan los derechos humanos de la población infantil y adolescente en el municipio de Soacha, hace más de un año el gobierno local, la Secretaría de Educación de Soacha, Unicef, Cinde y la Alianza Escuelas de Paz-Cooperación Colombia emprendieron el proyecto "Soacha, municipio amigo de la infancia y la adolescencia".
El pacto de convivencia empezó generarse desde las aulas de Soacha con la firme convicción de sensibilizar y concienciar a los estudiantes sobre la violencia que se venía presentando en las instituciones de este municipio desde hace varios años, fundamentalmente entre los alumnos. En los pasillos de los colegios, profesores, padres de familia, coordinadores de convivencia y algunos alumnos evaluaban las situaciones que a diario ocurrían en las aulas.
Por momentos, las dificultades negaban la posibilidad de crear un sistema que permitiera disminuir la violencia escolar. Sin embargo, proyectos como "Bitácoras para la vida", una iniciativa creada por Yanet Díaz y Miryam Guzmán, dos profesoras del Colegio Manuela Beltrán, mostraron que no había que empezar de cero porque ellas, en contra de los pensamientos de otros docentes, habían emprendido un proyecto que luchaba por la igualdad de derechos y deberes de los estudiantes frente a la toma de decisiones.
Fue así como el proyecto tomó vida y como un carro nuevo empezó a andar. Apoyada por otras iniciativas, que no habían sido reconocidas, la nueva Soacha amiga de la paz y la convivencia inició medidas de reconstrucción social. Después de varios esfuerzos se crearon pactos de convivencia en los que la mayoría de estudiantes se comprometían a solucionar sus problemas a través de un diálogo encaminado a que ambas partes se perdonaran y olvidaran lo sucedido.
Alejados de las armas físicas y psicológicas, el pasado 30 de noviembre los estudiantes, en compañía de sus padres y profesores, mostraron al público bailes, crónicas, danzas y canciones de una Soacha amiga de la niñez y la adolescencia. Narraciones de mitos y leyendas como "El árbol del amor" y "El palo del ahorcado" hicieron calaron en la conciencia de los jóvenes y le dieron un nuevo significado al amor, en el que no es necesario morir para amar ni para dejar huella.
Ser apodado como "Pocholo" o llamado por el apellido son apenas unas pequeñas muestras de violencia que se presentan en algunos colegios, asegura Magda López, coordinadora de "Soacha, municipio amigo de la infancia y la adolescencia", quien ha estado acompañando iniciativas de convivencia y paz realizadas por fundaciones y personas del sector que han decidido hacer parte de esta nueva Soacha.
El proyecto ha capacitado a varios estudiantes en la solución de conflictos para crear espacios sanos que evitan la deserción estudiantil, afirma Silvia Pulido, coordinadora de convivencia del Colegio Compartir Soacha, ubicado en la Comuna Uno. Sin embargo, las mesas de diálogo han resuelto problemas escolares que antes pasaban a rectoría, otros involucraban a la policía y, en muchos casos, a la Fiscalía.
Rectores de instituciones de Soacha decidieron unirse y apoyar el proyecto de paz y convivencia. La Comuna Institución Educativa Compartir, General Santander, Manuela Beltrán, Antonio Nariño, El Bosque, Las Villas, Corregimientos 1 y 2 Eugenio Díaz y "El Charquito" y un total de 26 sedes decidieron cambiar la violencia por la cultura y el arte. "En la actualidad se presentan dos o tres riñas por año, cuando en el pasado este mismo número se presentaban por semana", cuenta Rafael Fonseca, rector del Colegio El Bosque, quien reitera que es necesario estimular a los muchachos para disminuir una manera tan violenta de ser, que hace un año dejaba serias víctimas por razones aparentemente nimias como los celos.