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Tiempos de ciudad

Retratos de lugares que se resisten al cambio y evocan las costumbres y la idiosincrasia de la Bogotá antigua.

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Óscar Güesguán Serpa
06 de agosto de 2013 - 10:38 a. m.
Horst Damme no  hizo juguetes por elección. Su vida fue un azar que lo obligó antes de tiempo a olvidar que era un niño. El premio para él fue estar rodeado por el resto de sus años de juguetes, de esos que no tuvo en su infancia. / Óscar Güesguán
Horst Damme no hizo juguetes por elección. Su vida fue un azar que lo obligó antes de tiempo a olvidar que era un niño. El premio para él fue estar rodeado por el resto de sus años de juguetes, de esos que no tuvo en su infancia. / Óscar Güesguán
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Una ciudad que se resiste al cambio, que esconde en sus rincones los pequeños vestigios de un lugar trajinado por el tiempo. Así es Bogotá. En sus 475 años, la capital de Colombia ha resurgido de momentos apoteósicos como el Bogotazo y descarados como el carrusel de la contratación.

Esta selección de sitios tal vez no sea la de los más turísticos, pero encierra la magia de una ciudad que compite con el tiempo.

Difícil describir una urbe sin dueño, de todos y de nadie. Un lugar del que sólo podría hablarse con la fortuna o la desgracia de haber crecido viendo el cielo oscurecido por smog, esperando en la ventana a que pasara la lluvia, la soledad en la época de vacaciones, el silencio de las noches, los habitantes de calle caminando sin rumbo, la moda, el asfalto, los zapatos llenos de lodo, los edificios, los bohemios, los cuenteros, las peleas y delante de todo ello la intención primermundista por socavar la esencia a partir de modernos edificios y exclusivos lugares con reserva del derecho de admisión.

En fin, lo artificial también hace parte de un cuerpo, pues como dijo el escritor panameño Carlos Winter, “Bogotá es una ciudad que oculta otra ciudad, como en un interminable juego de muñecas rusas”.

Vea: Una ciudad atravesada por el fútbol

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oguesguan@elespectador.com

@oscarguesguan

Por Óscar Güesguán Serpa

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