2 Feb 2020 - 2:00 a. m.

Transmilenio: un bus del que no se podrá bajar Claudia López

La alcaldesa prometió construir y robustecer una red de metros para convertirla en la base de la red de transporte y reducir el protagonismo de TM. Sin embargo, así como se vio obligada a contratar la troncal de la Av. 68, tendrá que seguir procesos que encontró en marcha, además de los planes de expansión del sistema. La Séptima, de nuevo, será la manzana de la discordia.

Felipe García Altamar - @FelipeAltamar (fgarcia@elespectador.com)

La red de Transmilenio tiene 114 kilómetros de cobertura. En la concepción del sistema se estipuló que a estas alturas debería tener una red de 390 km. / Archivo El Espectador.
La red de Transmilenio tiene 114 kilómetros de cobertura. En la concepción del sistema se estipuló que a estas alturas debería tener una red de 390 km. / Archivo El Espectador.

La movilidad fue el primer baño de realidad que tuvo Claudia López al asumir como alcaldesa y en especial con Transmilenio (TM), sistema que cumple 20 años siendo la columna vertebral del transporte público de la capital. Como candidata, su propuesta siempre fue reducir ese protagonismo, idea que ratificaba cuando decía: “La victoria no será el metro elevado, sino desplazar a TM como la base del sistema de transporte público, que ha sido un grave atropello”.

Y para lograrlo planteó incluso desistir de proyectos como las troncales de TM por la carrera Séptima, por la Av. 68 y la calle 13, para priorizar modos de transporte férreos como los trenes de cercanías (Regiotram), tranvías y la segunda línea del metro. Sin embargo, hoy su plan no parece tan realista. El primer hecho que demuestra que es imposible que López pueda “bajarse del bus” es que recibió una administración con varios procesos en curso para la construcción de nuevas troncales, que apuntan a avanzar en el plan de expansión de la red original de TM.

El ejemplo más diciente es el de la licitación para la construcción de la troncal de la Av. 68, la cual recibió en etapa de adjudicación. Debido a esto, según ella, no tuvo más alternativa de contratar la obra, hecho que desató la primera polémica con sus seguidores y sus aliados políticos, que la criticaron por incumplir la promesa de construir un tren ligero por este corredor. Ahora no solo tendrá que sacarla adelante, sino dejarla casi funcionando.

En este orden de ideas, y bajo ese precepto de darles continuidad a varios proyectos que dejó la administración de Enrique Peñalosa, la alcaldesa tendrá varias pruebas de fuego en las que se jugará parte de su capital político. Los proyectos de troncal en la carrera Séptima, la Av. Ciudad de Cali, la Av. Boyacá y la calle 13, así como las extensiones de las troncales de las avenidas Caracas y Las Américas, quedaron avanzados y ahora López deberá definir su futuro.

Y no la tiene para nada fácil. De entrada, sabe que poco puede hacer por revertir, por ejemplo, la construcción de las troncales en las avenidas Boyacá y Ciudad de Cali que, junto a la Av. 68, están contempladas como rutas alimentadoras del metro elevado. En lo que sí insistirá, y así lo dio a conocer esta semana, es en erradicar del mapa las troncales de la carrera Séptima y la calle 13. Aunque no tiene estudios, ella cree que la demanda de pasajeros en estos corredores la pueden captar los trenes regionales del norte y el occidente.

¿Seguir con la expansión?

A pesar de la resistencia con la que llegó la actual administración frente a la expansión del sistema troncal, hay un hecho que llama la atención. La alcaldesa nombró como gerente de Transmilenio a Felipe Ramírez, quien fue el subgerente técnico durante la pasada administración. Lo particular es que él se podría calificar como un gerente “pro expansión”, ya que lideró en diciembre la elaboración de un documento en el que detalla el pasado, presente y futuro del transporte público de la ciudad.

Dicho informe, bautizado “Plan Marco del SITP”, hace una extensa radiografía del transporte masivo y en varios de sus anexos precisa cómo será la expansión del sistema a 2030. Allí aparecen 22 proyectos de troncal, que deberían construirse en los próximos 12 años. El plan de TM menciona algunos proyectos, la mayoría a largo plazo (2030), que chocan con los planes que tiene López. Por ejemplo, se traza una troncal por el corredor férreo, en el que la alcaldesa pretende construir el Regiotram del Norte.

De igual forma, le da prioridad a la troncal de la carrera Séptima, la cual califican como la más urgente, incluso por encima de las que alimentarán el metro (Av. 68, Ciudad de Cali y Av. Boyacá). A pesar de que la Séptima aparece como la cuarta en flujo de pasajeros, según el documento, su urgencia radica en que será el corredor natural por el que se movilizará la ciudad una vez empiecen las obras del metro. Y no solo eso: el proyecto tiene recursos comprometidos por $2,4 billones y su licitación está en una fase casi tan avanzada como la de la Av. 68, con la diferencia de que está suspendida por orden judicial.

Aunque el documento no obliga a Claudia López, al menos debe analizar algunos de sus apartes, lo que seguro generará debate. Así lo creen dos expertos en el tema, quienes chocan entre la necesidad de expandir el sistema (incluso por la Séptima) o aprovechar la coyuntura del cambio de modelo de ciudad, para empezar la estructuración de una red férrea.

Ricardo Montezuma, Ph.D. en urbanismo y movilidad, cree que es tan indispensable como urgente desarrollar el sistema más multimodal posible. Es decir, que se requiere más TM, pero también más cables aéreos, varias formas de metro y hasta el sistema de bicicletas públicas. “Metro y TM no son excluyentes, porque además van por corredores distintos. Se necesita la troncal de la Séptima y también el Regiotram del Norte. La troncal de la 13 y también el Regiotram de Occidente. Los corredores necesitan respuestas específicas y, en este caso puntual, la Séptima es urgente”, afirmó Montezuma, quien cree que otra gran apuesta debe ser el transporte en la Av. Primero de Mayo hacia el sur y en Suba.

En contraposición, Fernando Rojas, experto en movilidad, asegura que TM demostró en dos décadas que, si bien es un servicio que funciona, no tiene la capacidad para movilizar una ciudad como Bogotá, lo que implica que se necesitan medios más robustos. Para el analista, el sistema tiene un gran problema de legitimidad, confianza y calidad, que no resolvió la anterior administración.

“El problema no es la expansión, sino el servicio que se presta, y esta administración tampoco ha presentado propuestas al respecto. Bogotá necesita modos de transporte que ayuden a descongestionar el centro, y ahí se podría explorar nuevos modos para vías como la Séptima, la Boyacá y la Ciudad de Cali. Sin embargo, los argumentos de la alcaldesa para dar vía libre a la troncal de la Av. 68 se convierten en precedente para esas troncales. Prácticamente se obligó a hacer la Séptima, que está muy avanzada”, dijo.

Luego aparecen otras troncales que sin duda serán motivo de controversia, como las extensiones de la calle 80, la autopista Norte y la calle 26 (debido a la baja capacidad proyectada), y la construcción de la Av. Boyacá, que contempla 40,3 kilómetros de troncal (casi 2,5 veces que la de la Av. 68, que será la más larga) y atravesará la ciudad desde Yomasa hasta Guaymaral.

La administración de López apenas comienza, pero desde ya es posible saber que su intención de “bajarse del bus” será imposible de cumplir. Sin embargo, las nuevas troncales serán la oportunidad para que se dé un giro respecto a la tipología de los articulados, en sintonía con el discurso ambiental que ha mantenido. Eso sí, en cuanto a las troncales, lo más previsible es que habrá nuevos choques con la ciudadanía, pues es claro que la Av. 68 fue el primero de varios proyectos que solo se conocían en las oficinas de TM y ahora se tomarán la ciudad.

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