El Alcalde de Bogotá dice que se ratificó el respaldo de la Nación al metro y al Sistema Integrado de Transporte Público (SITP); el gobernador de Cundinamarca explica que se impulsó el tren de cercanías; y el presidente Uribe reitera el compromiso de la Nación para financiar los cuatro proyectos, incluido Transmilenio, con vigencias futuras a partir del año 2017.
Ante este respaldo presidencial, las ofensivas mediáticas de los mandatarios locales para promover sus proyectos no se han hecho esperar. Entonces la opinión pública cree que “ya arrancó el metro”, como dice Samuel Moreno, y que la licitación del tren se hará en 2010, como afirma Andrés González. Es decir, nos hacen creer que la plata alcanza para todos los proyectos y que en el corto plazo tendremos metro, tren de cercanías, SITP y más transmilenios. Los bogotanos y los cundinamarqueses merecemos respeto y que nos hablen con franqueza.
Tenemos que ser realistas y priorizar. Y ahí surge un primer interrogante, pues todo parece indicar que el proyecto del tren de cercanías, a pesar de las dudas sobre su financiación, la demanda y sus impactos territoriales y ambientales en los procesos de conurbación en la Sabana y en el río Bogotá, es el favorito del Presidente, del gobernador y de un ex funcionario aún influyente en el Distrito, no así del Alcalde.
Bogotá no puede montarse en el tren si eso significa aplazar las soluciones a los problemas de movilidad urbana que vivimos. Si, dadas las limitaciones presupuestales, el respaldo al tren se traduce en aplazar la creación del SITP y la construcción del metro o de más transmilenios —la disyuntiva entre estos proyectos es otra discusión—, la ciudad cometería un grave error.
Además, el tren genera otras dudas. El gobernador lo plantea como parte del fortalecimiento de los municipios de la Sabana al densificarlos y desarrollarlos como nodos alternos a Bogotá, para frenar la conurbación. Esto parece lógico. Sin embargo, hay por lo menos tres elementos para el análisis. Primero, el fenómeno de canibalismo tributario en el que la capital ha salido perdedora por la competencia desleal de los municipios que han otorgado exenciones en el cobro de impuestos como el predial y de industria y comercio, entre otros; segundo, las dificultades que tienen los municipios para realizar una planeación coordinada con la región; y tercero, la injerencia del Gobierno Nacional, que ahora decide sobre usos del suelo, como en los casos de los macroproyectos de vivienda, competencia que constitucionalmente es de los municipios.
Estos elementos nos llevan a concluir que el tren agrava la conurbación y estimula el crecimiento desordenado de los municipios de la Sabana, con graves implicaciones ambientales para el río Bogotá por la carga de desechos de los nuevos macroproyectos de vivienda.
No es hora de iniciar este proyecto. No se trata de incredulidad, sino de realidad.
*Concejal de Bogotá