Hijo de Karina llevando el carrito de hervidos nariñenses por el Parkway.
Foto: Santiago Ramírez Marín
En los 20 segundos que tarda el chapil en integrarse con el jugo hervido de lulo, ya hay por lo menos siete personas, vaso en mano, esperando el tibio susurro nariñense. Cuando la bohemia de viernes en la noche se abre paso por el Parkway, a través de sonidos furtivos y música de ventanas abiertas, Karina sale con su familia a vender un pasaje de nostalgia a la comunidad pastusa de Bogotá.
En su emprendimiento, que consta de un carro de supermercado, un brasero de carbón y un parlante, que deja escapar guareñas, elimina la barrera de la...

Por Miguel Ángel Vivas Tróchez
Periodista egresado de la Universidad Externado de Colombia interesado en Economía, política y coyuntura internacional.juvenalurbino97 mvivas@elespectador.com
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