Las palabras al otro lado del radioteléfono provocaron un inusual nerviosismo que el sargento no pudo disimular. Sudaba cuando le decían que era una urgencia. Suda cuando le anuncian que la mujer está golpeada y que posiblemente ha sido violada. Suda sin cesar, como si la víctima, la joven de ropa rasgada y gritos desesperados, fuera una conocida suya.
Luego vienen otras llamadas, igual de dramáticas, igual de urgentes. Apenas comienza la tragedia. Un domingo en la madrugada, en la celebración del Día del Amor y la Amistad, la agasajada parecería ser la muerte. Y Castañeda será testigo de eso. “Por El Codito, herido de arma blanca. Agresores intentan huir”. “Por Cedritos, riña familiar. Tres heridos, un capturado”. Después de unos minutos el sargento controla la situación, envía las patrullas que son requeridas, pero el sudor no cesa. Continuará durante seis horas, hasta que otro sargento tome su lugar.
En el CAD hay decenas de uniformados recibiendo las llamadas de urgencias que deben ser atendidas por la Policía. Todos, como Castañeda, están sentados frente a un computador. Usan un radioteléfono en forma de diadema. No hay tiempo para conversar ni para comentarle al compañero que en una fiesta familiar un viejo se enloqueció y sacó una arma para disparar por doquier.
A un costado está el centro de monitoreo: la sala en la que dos policías vigilan lo que registran algunas de las 339 cámaras de seguridad que hay en la ciudad. En la número 30, que está ubicada en la calle 22 con Avenida Caracas, el patrullero Viscaya está seguro de que algo está a punto de suceder. Sabe que algún travesti de senos enormes y diminuto traje llamará la atención de algún cliente que en minutos pasará a ser su víctima. Lo acariciará, susurrándole al oído alguna insinuación, y cuando el cliente esté distraído lo dejará sin billetera y sin plata. La escena se repetirá una y otra vez. En la cámara número 22, ubicada en El Bronx, en instantes habrá riñas y algún herido y un robo a un caminante. Eso también lo saben, pero no hay manera de evitarlo, “allá no puede entrar una patrulla sola, está vetada. Tiene que ser un batallón”.