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Una cadena de errores

Secretario de Salud admite que por violación de procedimientos se entregó el cadáver equivocado de un menor.

El Espectador

07 de enero de 2010 - 05:06 p. m.
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Tirso Maldonado recibió, de manos de un vigilante del Hospital Simón Bolívar, un cuerpo que no era el de su hijo. Después de la angustia, el padre recuperó los restos correctos. El sepelio estaba programado para el jueves en la tarde.

La noticia, emitida por Caracol Radio, se supo el miércoles en la tarde. El jueves en la mañana, el secretario de Salud, Héctor Zambrano, repetía con tono enérgico, incluso molesto, que “los protocolos de entrega de cuerpos habían sido violados por completo”. Zambrano se refería a los procedimientos que se supone habrían evitado que Tirso Maldonado, después de nueve horas de carretera hasta Yopal, Casanare, se diera cuenta de que el cuerpo que le entregaron en el Hospital Simón Bolívar de Bogotá no era el de su hijo.

El 5 de enero falleció el hijo de Maldonado, quien cumpliría este mes tres años de edad. El reloj marcaba las 3:00 p.m. cuando los médicos del Simón Bolívar, en el norte de la ciudad, le daban al padre la noticia del fallecimiento, que ocurrió al comienzo de la mañana. Cinco horas después, a las 8:00 p.m., Maldonado recibía el cuerpo de manos de un vigilante del centro de salud.

El 19 de diciembre Maldonado llevó a su hijo a un pediatra en Yopal. El médico prescribió un medicamento. La droga quemó la piel del niño. Los doctores dijeron que no era nada grave, un caso de varicela. Acetaminofén y ya está. Días después, el menor ingresó al hospital del lugar. De ahí fue remitido a un centro médico en Tunja debido a la seriedad de sus heridas. El día 27 del mes pasado fue trasladado hasta el Hospital Simón Bolívar, en la capital. Este sería el último viaje del pequeño.

“Yo llené los papeles, que fueron muchos. Yo hice todo lo que me dijeron que hiciera. Yo sólo quería devolverme para Yopal con mi hijo para enterrarlo. Nadie me dijo que debía inspeccionar el cuerpo”. Cuenta el señor Tirso. Mezcla de ira y tristeza no miró el cadáver. Cerró la puerta y emprendió el camino de regreso a casa.

“La versión del hospital es que, ante la insistencia del padre para que le devolvieran a su hijo, un vigilante entró a la morgue junto con un funcionario de la funeraria, vieron dos cuerpos y le entregaron al señor uno de éstos. Él no quiso ver los restos”. Zambrano admite, de nuevo, que todo se hizo en contra de los protocolos que rigen este procedimiento (ver recuadro). Anuncia investigaciones (en curso), sanciones (contra el hospital y de hasta 200 salarios mínimos). Reglas: éstas no eran para romperlas.

Los preparativos del funeral avanzaban. “Este no es el niño. Le faltan dientes”, advirtió un familiar. Las llamadas. La angustia. La confirmación. De nuevo el viaje hasta Bogotá, esta vez para llorar al hijo propio y no el ajeno. Las diligencias se efectuaron en la noche del miércoles. Tirso Maldonado entregó el cuerpo que recibió por error y del cual nunca supo algo: ¿a quién pertenecía, qué había pasado con él, qué familia lo buscaba con insistencia con la misma punzada en el estómago con la que él se devolvió desde Yopal? El reloj daba de nuevo las 8:00 p.m. en la morgue del hospital cuando la entrega final, la correcta, se hizo: un mal chiste de alguna deidad retorcida.

“Las investigaciones avanzan, tanto de la Secretaría, como del mismo hospital. Los procedimientos, que conocen todos los centros de salud, están para evitar cosas como esta, que no puede repetirse”. Zambrano lo afirma, la ciudadanía quiere creerle.

Por El Espectador

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