Al otro lado del teléfono, para responder a esta entrevista, hay abogados, médicos, gestores culturales, cineastas. Gente que paga sus impuestos, paga un arriendo, paga su marihuana. Activistas bogotanos y activistas que viajaron a la capital desde Cali, el Eje Cafetero y Barranquilla para marchar en defensa del uso libre de la yerba. Ahora se reúnen para ultimar detalles del carnaval que en su pasada edición convocó a más de 20.000 personas. En el auricular se escucha un coro de toses roncas y la voz de Felipe Repizo —Mente Cannábica para sus amigos—, que lidera la conversación. “Buscamos reivindicar las prácticas locales del cannabis, que no hacen parte del furor Snoop Dogg: chicos fumando bareta, con mujeres empelota y billetes en la mano”, dice.
Hoy, a partir de las 10:00 de la mañana, habrá un plantón en el parque de los Hippies (carrera 7ª con calle 60), con charlas acerca de semillas nativas, autocultivo de cannabis y premios para quien componga la trova más inspirada y arme el mejor porro en menos tiempo. “Tiene que ser redondo, que carbure perfecto. La prueba es tirar el bareto prendido al piso y, si se le cae el botón (es decir, si se le apaga), chao”, dice Repizo, que es realizador audiovisual y gestor cultural. Allí, además, se instalará una feria de productos de cannabis: aceites, pomadas, protectores de labios, alimentos, entre otros.
Después de las 2:00 de la tarde, una cadena humana se extenderá desde el parque de los Hippies hasta el parque Nacional, con porro prendido en mano. “Si nos dejan, vamos a acampar en el parque Nacional para volver a marchar el domingo”, agrega.
Los primeros brotes de comunidades cannábicas en el país surgieron en Medellín, a finales de los noventa, en medio de acciones de tutela que buscaban despenalizar su uso. En Bogotá se vienen articulando colectivos desde hace 10 años. La Universidad Distrital ha sido un punto central para las muestras artesanales y el debate. La de este año es la primera edición del carnaval que se desarrolla a un paso de que el uso médico de la marihuana sea permitido.
Consumidores y las medidas estatales
En la Cámara de Representantes cursa un proyecto de ley del senador Juan Manuel Galán (Partido Liberal), que expone los beneficios de la planta para el tratamiento de dolores coyunturales, migrañas y artritis. El senador aseguró que el proyecto regula todo el proceso, desde el cultivo hasta el consumo final, a través de la vigilancia de entidades como el Invima, el Ministerio de Justicia, el Ministerio de Salud y el Ejército. Así, añade, se puede reglar los cobros de tasas y las entregas de licencias.
A esto se suma un reciente fallo de la Corte Constitucional, que estableció que las personas que porten una dosis mayor a 22 gramos para su consumo personal no pueden ser detenidas.
¿Cómo percibe la comunidad cannábica estas medidas? ¿Determinan un terreno ganado? Uno de los reparos de los consumidores es que las iniciativas no incluyen a los campesinos, ni a los indígenas, ni al consumidor de a pie. También perciben vacíos legales y ausencia de políticas sociales frente al microtráfico. “Es legal tener la dosis mínima, pero, en la práctica, el Código de Policía dice que usted no puede fumar. Por eso lo pueden conducir a la UPJ. ¿Cómo quieren que se consiga la dosis si no ofrecen un punto para conseguirla? Entonces, sugiere el Estado colombiano, un fumador debe desplazarse al Bronx para comprar marihuana. Tengo que reunirme con una cantidad de delincuentes para llegar a ella”, opina Repizo.
En ese rumbo la marcha no busca abrir un mercado de la yerba. Para los colectivos, la regulación actual es un tratado de libre comercio: los productores locales no podrán hacer llegar sus artículos a los supermercados, mientras que la maquinaria multinacional se viene encima, acechante. En Estados Unidos, país que ha encabezado la lucha contra las drogas en el mundo, por ejemplo, el aceite de marihuana movió US$2,57 millones y se espera que en 2019 esta industria produzca US$10,2 millones anuales. En España, el Savitex —fármaco derivado del cannabis— se vende en promedio a 400 euros y bajo fórmula prescrita, exclusivamente para enfermos de esclerosis múltiple.
“Lo dejamos claro: no somos bancos de semillas como Monsanto. No somos grupos corporativos que le venden a la gente cuanta vaina tenga hojas de marihuana. Tenemos claro que esta no es una planta panacea que va a arreglar el planeta: hay unas enfermedades que puede curar, hay otras que no. El objetivo es que se pueda tener las plantas en el patio de la casa. Que, de nuestras propias huertas, podamos preparar una medicina”.
El activismo cannábico ha crecido, según los colectivos. Se han conformado redes de apoyo para alquilar el sonido y las plantas de energía utilizadas en las marchas, que pasaron de realizarse durante un día para extenderse a un fin de semana. Las ferias de productos autogestionados crecen cada vez más. “Sin ningún permiso distrital, nos tomamos los parques. Salimos con dignidad a decir: ‘Yo me fumo los porros. Yo soy activista cannábico y libro muchas otras luchas’”, concluye Repizo.