Bogotá

9 May 2014 - 3:38 a. m.

Una industria de hierro

Según historiadores, el hallazgo de yacimientos de hierro en Pacho (Cundinamarca) favoreció el proceso de independencia en la Nueva Granada y transformó la infraestructura en el país.

Javier González Penagos

Mañana se celebra el bicentenario del descubrimiento del hierro en el municipio de Pacho (Cundinamarca), un acontecimiento que propició el desarrollo de la industria siderúrgica en el país. Para conmemorar su hallazgo y la muerte de Macario Rojas —primer alcalde de Pacho y prócer de la Independencia—, la población estará de fiesta.

El mineral —empleado para la construcción de maquinaria agrícola y clave en la producción de armamento— antes debía ser importado de Inglaterra o Francia, en un proceso costoso y demorado. Sin embargo, por iniciativa del entonces presidente del Estado Soberano de Cundinamarca, Antonio Nariño, se adelantaron las primeras búsquedas de plomo en la zona, lideradas por el mineralogista alemán Jacobo Benjamín Wiesner, quien tenía la tarea de buscar varios minerales empleados en la fabricación de balas para el ejército de Cundinamarca.

En 1814, Wiesner descubrió grandes yacimientos no sólo de plomo, sino de hierro y cobre, cerca de los sectores de Algodonales y San Miguel, donde fue creada la primera fábrica siderúrgica del país y una de las más importantes de Latinoamérica en el siglo XIX: la Ferrería de Pacho. Desde entonces, según Ana Derly Prieto Novoa, presidenta del Centro de Historia de Pacho y miembro de número de la Academia de Historia de Cundinamarca, se inició una de las industrias más prósperas y emblemáticas del país que, incluso, alcanzó a estar ligada con la Independencia y modernización de Colombia.

“La Ferrería de Pacho tuvo un papel protagónico al consolidarse como la primera fábrica nacional de hierro. Antes, los neogranadinos usaban balcones con rejas en madera y bisagras hechas de cuero; los trapiches de madera, así como casi toda la maquinaria agrícola; incluso las calderas para las salinas eran de barro”, dijo Prieto en diálogo con El Espectador.

Tras la creación de la primera fábrica de hierro, la industria se extendió y con ella se establecieron otras ferrerías como la de La Pradera, Samacá, Amagá, la siderúrgica Corradine y, más recientemente, la ferrería Paz del Río, las cuales tecnificaron la industria a través de grandes hornos y favorecieron la construcción de calderas, tuberías, lingotes, rieles para el ferrocarril y hasta ollas para la cocina, lo que hizo de éste un material asociado con el progreso y la modernidad. “Correspondió a la Ferrería de Pacho ser la cuna de la siderurgia en Colombia, de crear un nuevo rumbo, de asumir el papel de iniciadora en el uso del hierro, de liderar el uso de nuevas alternativas de producción e importar del exterior obreros calificados que se convirtieron en maestros de los trabajadores y artesanos nacionales”, precisó la presidenta del Centro de Historia.

De la próspera industria del hierro en Pacho sólo quedan ruinas y abandono, luego de que uno de los baluartes —la siderúrgica Corradine— quebró en la década de los 90. Conforme a Patricia Correa, quien adelanta un libro de crónicas acerca de la historia de Pacho, el vandalismo se ha tomado las ruinas de las antiguas ferrerías del municipio. “Es triste que a veces en Colombia no valoramos ni nos interesamos por preservar la historia. Luego de que quebró Corradine, sólo quedan ruinas, vandalismo y saqueo de motores, sin que nadie se interese en preservar su legado histórico”, puntualizó Correa.

 

 

jgonzalez@elespectador.com

@Currinche

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